2026: “AÑO DOMINI” PARA LAS LIBERTADES, LA DEMOCRACIA Y LA TAUROMAQUIA COLOMBIANA

El año que inicia, marca el tiempo regresivo para derogar, no solo la ley con su confirmación jurisprudencial extensiva, sino el retorno de la sensatez democrática en torno a nuestra cultura y a nuestras libertades; recordándonos, de paso, que el ser humano estará de hecho y por derecho, en el centro de la cosmovisión y los valores fundacionales de las democracias occidentales, tan tiranizadas y sometidas en las últimas décadas por el progresismo expoliador.

El pasado sábado 17 de enero, culminó lánguida y lamentablemente la corta, pero entusiasta y esperanzadora temporada taurina colombiana, con la corrida clausurada en Puente Piedra (municipio de Madrid, Cundinamarca).

Como ha sido la constante en los últimos dos años, desde que aquella norma ilegítima prohibicionista de la tauromaquia en Colombia fuese aprobada por un Congreso plagado de coimas para sacar adelante los proyectos de ley del gobierno (recordemos que los presidentes de Senado y Cámara están privados de la libertad por presuntos delitos de soborno y cohecho al recibir prebendas económicas para ese propósito, así como dos de los más importantes ministros); los abusos, los silencios oficiales, la imposición de reglamentos y requisitos imposibles de cumplir y los absurdos de la autoridad burocrática, en gran medida por la ignorancia supina de ciertos funcionarios, han caído sobre los inermes empresarios taurinos, hasta hacer nugatoria cualquier iniciativa;  la última víctima han sido los organizadores de la corrida del pasado sábado 17 en Puente Piedra, que tenía agotadas todas las localidades, desde hacía una semana. 

Valga recordar aquí, que para este gobierno cualquier emprendedor o empresario, es un enemigo al que hay que perseguir y abatir.

Pero es que desde el pasado 26 de diciembre en la feria de Cali y luego en la feria de Manizales, en los primeros días de este mes y año, la parroquia taurina acudió en masa a los cosos de Cañaveralejo y Monumental de Manizales, para admirar a las figuras consagradas (Sebastián Castella, Daniel Luque, Juan Ortega, Juan de Castilla, Luis Bolívar y otros en sazón, como David de Miranda y Marco Pérez), así como a jóvenes novilleros y en especial, la presencia altiva y legendaria de César Rincón Ramírez, quien toreó dos festivales, uno en cada feria, remembrando su enorme clase y temple que lo catapultó a figura indiscutible del escalafón de matadores hace más de dos décadas.

Emocionante fueron los homenajes al héroe banderillero Ricardo Santana, herido casi de muerte un año atrás en Manizales, y que hoy representa el valor y la resiliencia de los profesionales del toreo colombiano. La cuota de sangre, este año, la pusieron los tres toreros colombianos, en especial Juan de Castilla, quien ya se recupera rumbo a Villaseca de la Sagra (España), para el 21 de marzo próximo.

En cuanto a las corridas, podríamos decir que hubo toros mayormente encastados, con clase y buen trapío, aunque algunas ganaderías muestran un bajón delicado y una falta de casta, quizás, como algunos de los mismos ganaderos y mayorales lo han dado a entender, hay una prudente mesura con el refresco de sangre en sementales y vacadas, así como una prioridad de selección del ganado para las temporadas de Perú, principalmente, como también Venezuela y Ecuador.

Independiente de ciertos altibajos, la feria de Manizales abarrotó todas las tardes los tendidos, a pesar de la lluvia permanente, consagrando al onubense David de Miranda, como triunfador indiscutible por su puerta grande y cuatro orejas cortadas en todo el ferial.

En este estado de cosas, el año político que iniciamos será definitivo no solo para recobrar la democracia y el Estado de Derecho, sino para reivindicar una cultura y una tradición centenaria que incomoda a ciertos políticos de la centro izquierda tibia y radical; incoherente y corrupta, que intenta a diario reescribir la historia y desconocer la herencia hispánica, las tradiciones, la religión y el mestizaje.

Los mismos éxitos de Cali y Manizales, el entusiasmo, el disfrute y la práctica de un arte y de una cultura arraigada en nuestro país, mucho antes de nuestra independencia, inclusive, se replicará en Cartagena, en Bogotá, en Medellín, en Sincelejo, en Montería y en las provincias del Valle del Cauca, Cundinamarca y eje cafetero, para solo citar las más visibles.

No solo es un tema de desconocimiento grosero de la cultura; el menosprecio al reconocimiento de una minoría con arraigo, derechos e identidad, sino la pérdida económica del ingreso fiscal a las administraciones municipales o distritales; la prohibición de ejercer un oficio o profesión digna y legítima; la ruina del campo y de miles de familias que viven de los animales y de la dehesa, amén de la extinción de una especie bovina.

Y no me hablen de los “mandatos constitucionales” como si fueran dogmas de fe; esos “mandatos” de una Corte sesgada al “progre”, que sin ningún análisis ni estudio juicioso del contexto histórico – social de las regiones de Colombia, extendió la prohibición de la tauromaquia a las corralejas, a las riñas de gallos, a las cabalgatas y al coleo, por esa extraña y equivocada concepción animalista de “seres sintientes” y “tortura animal”, que tanto hemos escuchado como un cliché repetido por la mamertada.

Pero parecería, finalmente, que la acepción de “seres sintientes” no se aplica a los pollos o a los cerdos o al ganado vacuno que degüellan por miles a diario en los mataderos; tampoco entran en esa definición las cucarachas, las ratas, las serpientes o los piojos; tampoco los 56.000 abortos legales (consentidos) de seres humanos, asesinados en el vientre materno en Colombia en el último año; así como los más de 2.000 pacientes fallecidos en el mismo período en Colombia, por la desatención inducida de un gobierno que destrozó el sistema de salud público por razones político – ideológicas.

Esa “legalidad del aborto” es un “derecho de la mujer” que, según “mandato” de nuestra Corte Constitucional (Sentencia C-055 de 2022), hasta la semana 24 de gestación, puede ejercerse autónomamente… pero nos dicen que solo el toro de lidia es “sintiente”.

 

Luis Eduardo Brochet Pineda

DESCARGAR COLUMNA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *