HACERSE EL GRINGO

La entrevista del presidente colombiano Gustavo Petro con el presidente de USA Donald Trump el próximo 3 de febrero concentrará la atención de todos los nacionales.

La razón principal es la enorme diferencia que se observa en la aproximación a una agenda desde los dos puntos de vista presidenciales, tan diferentes en objetivos y tan similares en estilos. Es difícil conciliar este encuentro. La tarea gigantesca está del lado de los asesores de Petro – subrayo de Petro, no de Colombia, porque a pesar de ser nuestro presidente, es claro que no recoge en sus políticas lo que la mayoría del país piensa –, puesto que las reuniones para concertar la agenda tienen que estar marcadas por los enfoques de lo que se pretende por cada uno.

Los temas que le interesan a uno y otro presidente son bien diferentes. Mientras Petro quiere hablar de su capacidad para “ayudar” en la resolución del problema venezolano, la hoja de ruta del gobierno USA es clara y no necesita de nadie que se meta, mucho menos alguien que desde el gobierno vecino al de Caracas patrocina bajo el paraguas apolillado de “paz total” unos narcotraficantes que utilizan territorio y rutas venezolanos para regar la tan mentada cocaína. Así que ese punto, aun cuando ansiado por Petro, quedará fuera de la agenda. Que no venga luego a mentir sobre ello.

Lo que sí tiene Trump como principal interés es la actitud del gobierno para con los traficantes de narcóticos. Ni siquiera es sobre el narcotráfico en sí. Es sobre la acción del régimen al respecto. Cuando se presume por atacar el ELN se deja entrever que se omiten acciones contra las otras bandas delincuenciales. Acá entra en juego algo fundamental en el encuentro: la verdad. Petro puede salir a la plaza pública y decirles a algunos incautos que combate la delincuencia internacional, pero con los gringos no se puede hacer el gringo.  No habrá carreta posible. No habrá gráficas amañadas. No habrá largas divagaciones sobre la lucha de clases como todas las de la izquierda fracasada, para hacer de lo ignominioso un ejemplo burdo a seguir.

Nada más distante que la concepción del estado de Trump y la de Petro. Eso supuestamente no debe entrar en discusión por la autonomía de las naciones, pero no nos digamos mentiras: la visión marca acciones de gobierno. Y la de Petro, en contra de la empresa privada, en contra de la inversión extranjera, en contra de la represión efectiva – no selectiva – del narcotráfico, en contra del gobierno Trump – su discurso con el altavoz en USA no lo van a olvidar -, sacude la melena de Donald.

Allá no podrá decir que al gobierno gringo lo tienen mal informado. Esta semana llegó el director de la DEA al país a revisar hechos no discursos. Eso de que los enemigos del estado colombiano han viajado a D.C. a mostrar una Colombia diferente a la real quedará para engañar a la gente en “X” y en plazas llenas de contratistas del gobierno, no para sentarse a la mesa el 3 de febrero. Lo que sucede con la seudoguerrilla colombiana narcotraficante en Venezuela y en Norte de Santander será, como es elemental, tema por tratar, y sacará chispas en la mesa y urticaria en la delegación colombiana.

 Fuera del tema sabido de la inacción del gobierno con los narcos, hay una agenda adicional del secretario de Estado, Marco Rubio, conocedor como nadie de la realidad nacional. Su objetivo final en el hemisferio es la liberación de Cuba, donde reposan los huesos de sus ancestros, y de donde sacará a todo partidario de la opresión a la que han sometido al pobre pueblo de la hermosa isla. Colombia es, en este momento, un aliado de los castristas. Petro los apoya y los encumbra como defensores de la igualdad entre las gentes, la desueta fórmula de volvernos iguales a punta de que todos padezcamos la misma hambre, no que disfrutemos la misma comida.

Así que no hay escapatoria a la realidad. Es la retórica falsa de un populista contra la política clara y uniforme de un gobierno que no quiere andarse por las ramas. Es el pragmatismo de derecha contra la ideologización irracional de la izquierda obtusa. Es la visión de fortalecer su propio país que tiene Trump versus la obsesión por destrozarlo que enorgullece a Petro.

Los puntos de vista del gobierno colombiano actual no son compartidos por muchos colombianos. No queremos connivencias con delincuentes. No queremos unas fuerzas armadas disminuidas y amordazadas para enfrentar el crimen; por el contrario, las queremos en cooperación con la tecnología y los recursos de USA para combatir el delito.

Así que bienvenido el diálogo. Los gringos harán sudar al señor Petro. Sus poros se resistirán a la evidencia y a la incapacidad de controvertir datos. La palabrería no es lo de ellos. Menos aquella que atenta contra sus intereses. Para que logre acuerdos debe deponer sus estructuras de gobierno, lo que veo difícil.

 A Petro le fascinaría salir sin ningún acuerdo. Decir que el imperio no le impuso nada, que no lograron doblegar su orgullo bolivariano y su lucha de clases. Y eso nos puede salir muy caro. A la Colombia de bien, la productiva, la real, la de la lucha que no es de clases sino de subsistencia a base de trabajo y esfuerzo por sacar una familia adelante.

 

Nelson Rodolfo Amaya

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