¿Alguna vez te han tratado injustamente? ¿Has sido maltratado, humillado, enfrentado sin ningún motivo? Si la respuesta es positiva, esta palabra es para ti.
En 1 de Samuel 18: 6-11, durante el reinado de Saúl, se cuenta del triunfo de Israel cuando David mató al filisteo. Las mujeres salieron cantando “Saúl mató a sus miles y David a sus diez miles”, lo que provocó el enojo del rey Saúl, quien atormentado por los celos y mientras David tocaba su arpa lanzó contra este su lanza, pero David logró esquivarla dos veces.
¿Se merecía David este ataque del rey? Claro que no, sin embargo, Saúl no lograba soportar que él siendo rey llevara menos elogios que David, quien no tenía rango militar y ni siquiera hacía parte del ejército, era apenas un joven pastor de ovejas que enfrentó a un gigante obteniendo la victoria para Israel. Ahora, la pregunta es ¿Por qué Dios lo permitió?
Dios estaba formando a David para hacerlo rey. A veces es necesario el maltrato y la injusticia para que se cumpla el propósito de Dios, en lo fácil no hay crecimiento, ni físico, ni personal, tampoco espiritual.
Las pruebas por las que has pasado y estás pasando, hablan de lo que Dios ha preparado para ti. Dime que tan grande es la oposición y te diré el tamaño de tu misión en la vida.
La Biblia, en 1 de Samuel 24 y 26, nos cuenta de dos ocasiones que tuvo David de matar a Saúl, pero no lo hizo. Con esto David nos enseña que, aunque tengamos la oportunidad de hacer mal a quien nos ha hecho mal, siempre es mejor decidir hacer el bien. David pudo amargarse, resentirse y vengarse, pero eso probablemente estropearía los planes de Dios para él. David sabía que Saúl había llegado al trono por causa del Señor, así que optó por dejar la situación en sus manos, perdonar a Saúl y mantenerse íntegro.
No importa cuánto seas maltratado, humillado o tratado injustamente, si te maldicen, bendice; si hablan mal, tú habla bien; si te odian, tú ama. Así ganaras las batallas, aunque en principio parezca que vas perdiendo.
Es difícil, yo lo sé, a veces es más fácil pagar mal con mal, yo misma he caído en esa trampa de acción – reacción y cansada me he justificado, en principio no parece tan malo, pues solo te estás defendiendo; sin embargo, David nos enseña que es mejor hacer de cuenta que la lanza no existe. Hablar de la misma forma en que nos han hablado, maldecir en la misma forma en que nos han maldecido, decir chismes porque a nosotros nos han metido en chismes, golpear porque nos han golpeado, humillar porque nos han humillado, es hacernos semejantes a nuestro maltratador, humillador, al malvado y no estamos llamados a ser como Saúl, sino como Jesús.
Aprende el arte de esquivar las lanzas, no caigas en el juego de pagar mal por mal, apártate de aquellos que alimentan tu resentimiento, agrandan tu dolor y te motivan a vengarte. Guarda silencio ante Jehová y espera en Él, no pasas por más de lo que puedes soportar; cree que cuando la situación se vuelva extrema Dios te sacará, aunque tengas claro que no mereces por lo que has pasado o estás pasando, resiste.
Las personas como Saúl no son tus enemigas, son tu entrenamiento para que recibas lo que Dios tiene para ti. Que los celos, la envidia y la maldad de otros no te lleven a renunciar a tu bondad e integridad, mantente limpio.
En 1 de Samuel 31, finalmente se cuenta sobre el suicidio de Saúl, quien se arrojó sobre su propia espada, los filisteos encontraron su cuerpo, lo decapitaron y lo expusieron en el muro Bet-sán.
Con la muerte de Saúl se marcó el fin de su reinado y la transición hacia el reinado de David.
Tus “Saúles” no tendrán un buen fin, vas salir victorioso frente a todas aquellas personas que te enfrentan motivadas por la maldad de sus corazones, pero para que esto suceda, debes ser como David, mantener tu integridad y confianza en que Dios va a intervenir cuando Él lo considere. Resiste.
Jennifer Caicedo

