TRES TAREAS PARA CELEBRAR LA SENSATEZ

El pasado martes 3 de febrero se llevó a cabo el cierre temporal de una etapa de tensiones bilaterales y desencuentros, entre los mandatarios Donald Trump y Gustavo Petro, bajo un áurea de incertidumbre que, felizmente, transcurrió de forma cordial y tranquila, abordando los temas de interés prioritario.

Colombia y Estados Unidos comparten, desde hace muchos años, una agenda común con intereses, desafíos y procesos comunes, los cuales habían entrado en una especie de hibernación o calma chicha, después de aquella delirante madrugada de febrero del año pasado, cuando el gobernante colombiano rechazó, de forma vehemente y en tono insultante, una remisión de migrantes ilegales en pleno vuelo.

Lo primero que importa de esta cita incruenta es la recomposición escalonada de unas relaciones de beneficio mutuo, las comunicaciones respetuosas y la resolución de controversias o diferencias, a través de los canales institucionales de la diplomacia internacional y no por redes sociales, discursos en plaza pública, o megáfonos en plena calle, rodeados de una sórdida concurrencia.

Parece, de momento, haberse recuperado la confianza y la sensatez, si nos atenemos a la mera formalidad de la reunión.

La izquierda colombiana celebró, paradójicamente, la salida indemne del presidente Petro de la Casa Blanca, enfundado en una gorra roja que el presidente Trump le regaló a título de SOUVENIR; haciendo la señal de la victoria, muy sonriente y aliviado. Realmente, estos “reverzasos ideológicos” del progresismo popular e incoherente, son de fábula: creeríamos que aquí termina el IMPERIALISMO YANKEE, EL RAPTO DE MADURO, LA SOBERANÍA BOLIVARIANA, LOS JAGUARES GUERREROS y otras estridencias…

Realmente, no lo sabremos; pero lo que sí es importante recalcar a título de repaso secuencial de este encuentro, es que Donald Trump no invitó a Gustavo Petro a Washington; el presidente Trump, amablemente, aceptó la solicitud de visita que Petro le hizo, en clave de exponer ciertas situaciones críticas que acentuaban el deterioro diplomático y de las relaciones entre ambos, pero no fue una visita formal como jefe de Estado. Por ello, no hubo protocolo de recibimiento, ni alfombra roja, ni agenda pública, ni rueda de prensa conjunta.

Debió ser muy incómodo para el presidente Petro, al ingresar al salón oval de la Casa Blanca, toparse de frente con Bernie Moreno y Marco Rubio, personas de absoluta confianza del presidente Trump, que indudablemente le daba al encuentro un matiz de extremo compromiso, ni perdón ni olvido; pausa momentánea, pero con responsabilidades demostrables, más del lado colombiano que del norteamericano.

En este estado de cosas, quedaron tres tareas claras y específicas, que el presidente Petro ha de cumplir a rajatabla, so pena de no evaluar el gobierno de los Estados Unidos la posibilidad de excluirlo de la lista OFAC, extensiva a su familia, o de no configurarle un INDICTMENT por presuntos vínculos con el narcotráfico internacional, o por sedición.

Primera tarea: olvidarse de una constituyente y/o de sabotear e interferir de manera ilegal o fraudulenta, en las próximas elecciones de Congreso y Presidencia, con el propósito de favorecer al candidato de su gobierno, intentando perpetuarse en el poder, quebrantando el orden constitucional.

Segunda tarea: las más de 300.000 hectáreas sembradas de hoja de coca (UNODC), es producto directo de la gestión de favorecimiento a los grupos ilegales, cuya consecuencia ha sido la personal descertificación al presidente Petro; sin que hayan existido en estos casi cuatro años, respuestas o acciones, sean estas de orden militar, judicial o logísticas, encaminadas a erradicar estos cultivos o evitar el tráfico transnacional de la droga. Esta tarea, definitivamente, quedará sin hacerse.

Tercera tarea:  bajar el tono, casi enmudecer, ser prudente con su papel de escudero de Maduro; o de los palestinos de Hamás y su antisemitismo; no más defensor de oficio de los Castro o los Diaz – Canel en la satrapía comunista cubana; y mejor, concentrarse en facilitar la transición del régimen venezolano, el combate a los grupos terroristas que abandonan Venezuela, y volver a concebir la exploración y explotación minera – gasífica y petrolera.

Causa mucha curiosidad, que solo 24 horas después de aquella reunión, por vez primera en este gobierno, el ELN es bombardeado en el Catatumbo. Hay una gran cantidad de tareas por hacer y Colombia, también, debe estar vigilante.

Como quedó en evidencia, el gobierno de los Estados Unidos, a pesar de las buenas maneras, la sensatez y la cordialidad, no confía en Gustavo Petro y no espera mucho de él.

 

Luis Eduardo Brochet Pineda

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