Por estos días, Colombia entera mira con tristeza lo que ocurre en el departamento de Córdoba. Las inundaciones han golpeado a miles de familias que hoy ven cómo el agua arrasa con sus viviendas, sus enseres, sus cultivos y su sustento. A todo el pueblo cordobés le expreso mi solidaridad sincera en este momento de dolor e incertidumbre.
Pero junto a la tristeza, hay un sentimiento inevitable de indignación frente a la actitud que ha asumido el presidente de la República ante semejante desastre.
En lugar de encabezar una respuesta eficaz y coordinada, el Gobierno ha optado por evadir responsabilidades, buscar culpables y descalificar a autoridades locales, como ocurrió con un grupo de alcaldes que, en medio de la desesperación, acudían al primer presidente cordobés en la historia de nuestro país en busca de apoyo y soluciones.
Según la narrativa del gobierno no hay plata para atender a los damnificados, aseguran que es necesario declarar una nueva emergencia económica o que es culpa de la Corte Constitucional porque suspendió el decreto de emergencia que ellos expidieron y que no tenía como sustento las inundaciones que hoy azotan a los cordobeses.
Pero aquí sí ha habido plata. Lo que pasa es que la han derrochado, la han malgastado y se la han robado:
Más de 5 mil millones de pesos se ha gastado la vicepresidenta de la República en viajes que poco o nada han aportado a resolver los problemas estructurales del país.
Más de 5 mil millones de pesos se perdieron en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, gran parte en hechos lamentables de corrupción que todos conocemos.
Más de 60 mil millones de pesos destinados al programa denominado “Casas Colombia” que instaló en varias capitales del mundo para mejorar su imagen, no la de nuestro país.
Más de 7,2 billones de pesos aumentó el presupuesto nacional, en órdenes de prestación de servicios cuando en su campaña aseguró que había que acabar con esa forma de contratación porque precarizaba al trabajador. Paradójicamente no la acabó, por el contrario, la aumentó.
En propaganda de supuestos logros del Gobierno se ha gastado más de 130 mil millones de pesos en nuevas embajadas que algunas ni siquiera han entrado a funcionar. Se ha gastado más de 19 mil millones de pesos.
En organización de eventos, muchos de ellos a los que ni siquiera alcanza a llegar o llega muy tarde, se ha gastado 300 mil millones de pesos.
Todo ese dinero gastado de forma irresponsable e innecesaria, cuánto hubiera ayudado hoy a los damnificados del departamento de Córdoba.
Qué tristeza, señor presidente.
Alfredo Deluque Zuleta

