Hay momentos en la vida de un país en los que uno siente que no puede quedarse callado, hoy escribo no solo como empresario, sino como papá y como colombiano que todavía cree que este país puede salir adelante, Colombia está pasando por uno de sus momentos más difíciles, y no hace falta ser experto para sentirlo en la calle, en la empresa, en la casa.
Nos levantamos cada día con la incertidumbre de no saber qué nueva decisión improvisada va a afectar la economía, el empleo o la seguridad, la sensación de desorden es evidente, y lo más preocupante es que no parece haber un rumbo claro.
Como empresario, lo veo en números, la inversión se frena, la confianza cae y cada vez es más difícil generar empleo, no porque no queramos, sino porque el entorno no ayuda, subir el salario mínimo por decisión política, sin sustento real en la productividad, no es justicia social, es una presión más para quienes sostenemos empleos y una amenaza directa para la formalidad.
Y mientras tanto, el país arde en inseguridad, regiones enteras viven con miedo, la autoridad se debilita, el crimen se fortalece, y la gente queda en el medio, tratando de sobrevivir, como papá, eso es lo que más duele, pensar en el futuro de nuestros hijos en un país donde la violencia vuelve a ganar terreno.
A eso se suma un gobierno enredado en sus propias peleas, la confrontación constante con la Junta del Banco de la República no solo genera incertidumbre, sino que manda un mensaje peligroso: las instituciones ya no se respetan, y cuando eso pasa, todo empieza a tambalear.
Y ni hablar de los escándalos internos, los cuestionamientos por corrupción y las contradicciones permanentes, no es el cambio que prometieron, tristemente, más de lo mismo, pero con más caos.
En medio de todo esto, muchos sentimos que Colombia necesita algo distinto, no más discursos vacíos, no más improvisación, no más peleas innecesarias, necesitamos orden, claridad y decisiones firmes.
Por eso, cuando escucho a Abelardo de la Espriella, encuentro algo que hoy escasea: una visión clara, una apuesta por la empresa como motor de desarrollo, por la seguridad como base de la libertad y por un Estado que funcione sin ahogar al ciudadano.
No se trata de idealizar a nadie, se trata de reconocer que hay propuestas que apuntan en la dirección correcta, menos carga para quienes generan empleo, más respaldo a la fuerza pública, y una defensa firme de la institucionalidad.
Colombia hoy necesita un milagro, necesita liderazgo, necesita decisiones que devuelvan la confianza y que permitan que la gente vuelva a creer, que el empresario invierta sin miedo, que el trabajador tenga oportunidades reales, que los niños crezcan en un país donde salir a la calle no sea un riesgo.
Yo quiero ese país, para mi familia, para mi empresa, para todos, y por eso hoy lo digo sin rodeos, con esperanza, pero también con firmeza: Colombia merece un cambio de verdad, uno que se sienta en la economía, en la seguridad y en la vida diaria.
Porque cuando el país está en crisis, no hay espacio para la duda, y hoy, más que nunca, creo que ABELARDO ES EL MAN.
Fabio Torres “El Rector”

