Cada periodo electoral es una ocasión u oportunidad, para elegir mandatarios y representantes, en territorio nacional, departamental, distrital y municipal; para escoger a quienes consideren, que pueda ser propicio, útil o necesario para gobernar o representarnos, en corporaciones legislativas. Si acertamos podríamos tener un buen gobierno, pero depende de diferentes factores, relacionados con antecedentes, comportamientos personales, capacidad intelectual y experiencias, en variado campo de acción, cuyos resultados sean relevantes y positivo, para generar confianza y credibilidad.
La falta de análisis personal referencial de quienes aspiran gobernar, puede conllevar a equivocarse al elegir de manera desafortunada, como muchas veces ocurre y después, nos estamos quejando y lamentando, porque el elegido de nada ha servido. Sin embargo, no reflexionamos, incidiendo por emoción o interés, repetir el mismo mal, de manera reiterativa y constante, sumergido en un círculo absorbente y clientelista, que manejan las deficiencias y debilidades, bajo dominio de sus patrones o jefes políticos, a sus antojos y conveniencia, mediante: constreñimientos, utilización y obediencia.
Las elecciones también comprometen al elector, sobre los resultados del elegido, de manera positiva o negativa. Una elección de un mandatario que rebase los límites legales, de irregularidades en diferentes formas: cuestionables, censurables, antipopular y reprochables; sobre lo cual, no se debe callar. El hecho de haber apoyado una elección, de manera inconsciente, sobre personalidad, intenciones y acciones irregulares y dolosas; o ignorarlo en condición de inepto, despilfarrador y delincuente, no es motivo para encubrirlo, ni avalarlo, ni mucho menos comprometer responsabilidad.
Los mandatarios deben sujetarse al Programa de Gobierno, que debe condensarse en un Plan de Desarrollo, que constituye la “hoja de ruta” amparada en el Presupuesto General de la Nación. De ahí la importancia de conocer previa a la elección, el contenido del Programa de Gobierno, que constituye el objeto de la elección, independientemente de quien sea el candidato.
Vamos a participar de una segunda y última vuelta, para elegir el nuevo presidente de Colombia. Después de tener postulaciones de más de un centenar de aspirantes a la presidencia, la final, termia favoreciendo a los dos extremos radicales y polarizadores, es decir escogimos lo inservible. Colombia está aterrorizada y convulsionada, cargadas de violencia y carente de seguridad, como consecuencia de los actores político, que han gobernado, gobiernan y consideran los poderes público, como una propiedad privada, adquirida en una elección popular, con el negocio de compraventa de votos, a los cuales nos aferramos apoyar y defender, aquellos candidatos sin medir las consecuencias de los resultados, originados de antecedentes relevante y experiencia, en asuntos y temas, relacionado con los manejos estructurales administrativo. Seguiremos polarizados y trabados, en contradicciones, que obstruyen y estancan, por causas de radicalismo, intereses, obstinaciones y temeridades
Observando los pronunciamientos expuestos por los dos candidatos que pasaron en segunda vuelta, Abelardo de la Espriella, frente a Iván Cepeda Castro, están rebozados de insultos, algarabia y amenazas, de la cual se puede predecir cuál es la suerte que nos espera, con gobiernos autoritarios, que de nada sirven, a esta nación, congestionado de acciones delincuenciales, cuando lo que se requiriere, es concertación de todos los sectores y organizaciones, no de confrontaciones virales que nos llevan al abismo y la desgracias, sino de soluciones a problemas y necesidades, que nos aquejan
De otra parte, está en juego electoral el resultado que debe acatarse, normalmente por quien resulte perdedor de la elección presidencial. Pero se escuchan conjeturas de uno y otro bando, de rechazarlos en segunda vuelta, sino le resulta favorables, sobre todo, si las diferencias de uno u otro candidato, es mínima. Por la candidatura de Iván Cepeda, se habla de fraude y no aceptan resultados, por debajo de ganar, anunciando protestas públicas y estallido social, insinuadas por el presidente, Gustavo Petro.
Por el lado de Abelardo de la Espriella, quien obtuvo la mayoría en primera vuelta, resalta la injerencia indebida y peligrosa de apoyo del gobierno de EE.UU. Abelardo, es un colombiano con doble nacionalidad, colocándose como un agente de los Estados Unidos, al servicio del gobierno presidente Donald Trump, que tampoco acepará un resultado, sino beneficia al candidato Abelardo, amenazando de retirar visas a quienes compren votos a favor del candidato Iván Cepeda. Si las dos partes o candidatos están cerradas a negarse reconocer el resultado de la elección de presidente, de quien obtenga la mayoría ¿Para qué hacer elecciones?
Ganar en primera vuelta no siempre asegura el triunfo final. Andrés Pastrana, perdió en primera vuelta, en elección presidencial, con Horacio Cerpa, pero posteriormente, formalizó una alianza con la Fasc. Con la finalidad de someterse a un proceso de paz, cediéndole una gran extensión de territorios, para concentrar un volumen alto de guerrilleros, hasta lograr suscribir un proceso de paz, que nunca se materializó. El candidato del Centro Democrático Oscar Iván Zuluaga, le ganó en primera vuelta al expresidente Juan Manuel Santos, pero el mandatario en segunda vuelta, derrotó a Zuluaga, siendo el último presidente reelegido.
La votación de segunda vuelta se comienza a contabilizar a partir de 0, con borrón del resultado de primera vuelta. Prevalecerá el resultado la última elección, para reconocer la elección y expedir credencial, para ejercer la presidencia. La atracción, imagen, emoción, carisma y debates; son factores influyentes en campañas políticas A la gente le gusta en política, la emotividad, el agite piloso y conectividad; que es indispensable para los candidatos puedan destacare por medios de comunicaciones y redes sociales, relacionadas con: informaciones, proyecciones y programas, de utilidad, para contrarrestar y resolver necesidades, de las muchas que adolecemos.
El objetivo del candidato Abelardo de la Espriella, es imponer en Colombia, un gobierno autoritario, imitando los gobiernos de Estados Unidos, con el presidente Donald Trump, Argentina, Javier Miley, Salvador Nayib Bukele e Israel Benjamín Netanyahu. Preparémonos para enfrentar lo peor. El asunto no será de solución por fuerza, sino por inteligencia. La gente está prevenida de miedo y no van a tragar entero, ni a resignarse a rendimiento. Las medidas drásticas, intranquilizan y desestabilizan, la institucionalidad. Alistemos para defender derecho y rechazar sin temor, los abusos y extralimitaciones de poder.
Los partidos políticos tradicionales, tocaron fondo. El candidato que quieren apoyar en segunda vuelta, los rechaza, desconocen y se niega; suscribir compromisos con los partidos politiquero de siempre que quieren respaldarlo. El mensaje va dirigido al expresidente Álvaro Uribe, director del Centro Democrático, a los directores de los partidos: Conservador, Liberal, Cambio Radical, “la U” y otros. Sin embargo, sin criterios, ni dignidad, directores de partidos persisten tercamente, a pesar de ignorarlo y despreciarlos, en elegirlo presidente de Colombia, regalándose de manera aberrante, al tigre Abelardo. Les queda mejor inclinarse por el voto en Blanco, para contarse y valorase, si no le gusta el otro candidato Iván Cepeda. O de lo contrario expedirle el certificado de defunción a los partidos tradicionales.
Martin Barros Choles

