El domingo pasado nos dieron una soberana paliza. Para tener una idea, Paloma obtuvo la mitad de sus votos del 08 de marzo y, junto con Oviedo, la cuarta parte de los conseguidos por la Gran Consulta como un todo. Es indispensable hacer un examen crítico.
Uno, el presidente Uribe dejó crecer el monstruo. Cuando aclaró que Paloma era su única candidata, en un sector de la base ya había calado la percepción de que De la Espriella podía representar sus ideas.
Dos, la elección de Paloma como candidata se dio tarde y en el proceso quedaron heridas que no cerraron y que supuraron mal en los últimos días de campaña. Cabal y Holguín no solo no estaban con su compañera, sino que hicieron declaraciones que dejan ver que apoyaban a DLE.
Tres, la campaña de Paloma no estaba preparada para ganar con tanta holgura la Gran Consulta, tuvo dificultades para integrar a los otros participantes en ella y, en especial, para definir el posterior mensaje de campaña.
Cuatro, Juan Daniel Oviedo es un formidable ser humano, pero, visto los hechos, no era la fórmula vicepresidencia adecuada. Para empezar, en un país machista y misógino, resultó políticamente costoso sumar un gay y una mujer. Después, Oviedo se equivocó por partida doble: por un lado, al hacer más énfasis en su identidad sexual que en sus múltiples calidades y conocimientos técnicos: por el otro, al enfrentar y discrepar públicamente con Paloma, envió un mensaje político confuso.
Quinto, escogido Oviedo, se generó una sangría de electores uribistas que la campaña menospreció, creyó que compensaba con el centro y no se puso en la tarea de frenar. Los más conservadores, los cristianos, la reserva y los veteranos, dejaron de sentirse representados. Para rematar, la campaña no fue capaz de aclarar la ristra de falsedades de las bodegas de DLE sobre Paloma (que en realidad era de izquierda o no era provida, por ejemplo) y Oviedo (que promovía la ideología de género y el cambio de sexo de menores, etc).
Sexto, fue equivocado entregar el manejo político de la campaña a personajes sin votos y, en un par de casos, con imagen cuestionada en la opinión pública.
Séptimo, esos personajes insistieron en que parte del éxito estaría en recibir a partidos y políticos tradicionales que, quedó probado, no pusieron votos. La campaña se equivocó además al no establecer a los que llegaron compromisos puntuales y verificables. Paloma y Oviedo se quedaron con el pecado y sin el género. Desde la segunda vuelta del 2014, los partidos tradicionales han perdido todas las elecciones. En ese año ganaron porque se movieron aceitados por el dinero de, entre otros, Odebrecht. La campaña de Paloma ni quería ni podía transferir dineros a esos políticos.
Octavo, no hubo una propuesta estratégica de campaña ni tampoco comunicación oportuna y eficaz. El “súmate” era claramente insuficiente. ¿A qué había que sumarse? ¿Sumarse para qué? No se transmitió al electorado el país que la fórmula presidencial ofrecía ni el futuro esperanzador por el que valía la pena votar.
Noveno, se subestimó a DLE y no se reaccionó a sus ataques. Peor, la campaña no solo jamás desarrolló una línea de confrontación a DLE, vulnerable por sus múltiples incoherencias en el discurso y en los hechos, por su prédica de odio, por sus relaciones con criminales, por su desconocimiento de los problemas del país y sus soluciones, por no tener un solo mérito para ser presidente, sino que tampoco desarrolló una estrategia de defensa frente a su guerra sucia. Con la idea de que “de Fajardo a Abelardo” todo debía sumarse y que no debía enfrentarse a quien en segunda sería un aliado, la campaña siempre estuvo indefensa. Mientras tanto, DLE acudió a todo para vencer a Paloma que, lo tenía muy claro, era la candidata a derrotar.
Finalmente, lo más grave, no leímos adecuadamente la realidad política y social del país. Creímos que los electores querían una propuesta de unidad, alejada del odio, de reconocimiento de la diversidad y de sumar entre diferentes, que privilegiara el conocimiento, la experiencia, la propuesta técnica. Una ingenuidad. La ciudadanía es visceralmente emocional y está profundamente polarizada, dividida entre Petro y contra Petro, entre el diálogo con los bandidos y el combate sin cuartel contra ellos, entre el miedo al comunismo y el miedo a la extrema derecha. En ese escenario, Paloma y Oviedo terminaron diluidos en una percepción de centro tibio y débil. En los últimos quince días, además, la idea del voto útil se devolvió como un bumerán: en una muy hábil táctica, alimentada por Atlas y Semana, DLE vendió la idea de que votar por Paloma era botar el voto y que podía ganar en primera vuelta. Millones de palomistas se fueron para allá. Y cayó la horrible noche.
Rafael Nieto Loaiza

