No ha pasado siquiera un mes desde el cambio de gobierno y ya apareció una narrativa según la cual habría que construir una especie de gobierno paralelo, con estructura propia, recursos públicos y quién sabe cuántos accesorios institucionales incluidos en el paquete, eso en este país del realismo mágico había que esperarlo, pus hay algo particularmente colombiano en la política nacional, cuando se pierde el poder, algunos descubren de repente que la democracia necesita una reforma urgente.
Lo que pasó en el piso 30 de Residencias Tequendama hace unos días no fue algo simbólico, es la confirmación de que, para algunos, la democracia se juega y no es algo serio; uno escucha la propuesta y queda con la sensación de estar comprando institucionalidad en TEMU ya que viene con gobierno, oposición, oficina, presupuesto, escoltas y, si uno paga el envío rápido, seguramente llega con camioneta blindada.
Antes que las bodegas me ataquen, terminen de leer y aclaremos algo. La oposición es necesaria, fundamental. Una democracia sin oposición termina pareciéndose a una reunión familiar donde nadie puede decir que la comida quedó salada, pero Colombia ya tiene un Estatuto de la Oposición el cual puede mejorarse, actualizarse, fortalecerse y, por supuesto, discutirse para eso existen el Congreso, los debates y las reformas. Lo que resulta difícil de entender es por qué, cuando apenas comienza un nuevo gobierno, algunos parecen tener más urgencia por inventarse la oposición que por ejercerla.
Y aquí aparece la pregunta incómoda ¿Estamos hablando de fortalecer la democracia o de encontrar la manera de conservar, con otro nombre, parte de las condiciones que ofrecía el poder? porque una cosa es defender las instituciones y otra muy distinta es acostumbrarse tanto a ellas que, cuando cambia el gobierno, la primera preocupación sea qué pasa con el salario, los contratos, los esquemas de seguridad, las oficinas, los asesores y ese pequeño detalle llamado calidad de vida.
No estoy diciendo que todo eso sea ilegal, tampoco que cada persona que perdió una posición esté actuando de mala fe. Digo algo mucho más sencillo, cuando hay intereses económicos y burocráticos involucrados como la contratación por varios billones los últimos 20 días de gobierno, conviene mirar las narrativas con un poquito más de cuidado porque mientras unos hablan de defender la democracia, otros ciudadanos podemos preguntarnos si no estaremos viendo una estrategia para prolongar determinados privilegios que durante años estuvieron asociados al ejercicio del poder.
Felicito al estratega que se lo inventó, es una connotada acción política para generar presencia en medios que han ido perdiendo, una forma de conectar con su capital político y la forma más fácil de generar un castillo de importancia al que una vez empiece a desmoronarse va a convertirse en el argumento de la victimización que les gusta; es también la vía idónea para la carrera más divertida de todas, la de los chismes políticos, en sus marcas, listos, fuera “Que viene esto; que hicieron aquello; que ahora resulta que tal funcionario; que supuestamente ocurrió no sé qué, información sin documentos, acusaciones sin pruebas y conclusiones construidas a la velocidad de un grupo de WhatsApp.
Lo anterior no importa porque cuando la realidad no alcanza para sostener una narrativa, siempre queda el recurso de fabricar una ahí aparece la frase que probablemente vamos a escuchar durante los próximos cuatro años “Por eso voté”, pues sí, los ciudadanos votaron y el resultado de ese voto también tiene derecho a gobernar, no durante tres meses, no hasta que aparezca la primera encuesta desfavorable o hasta que los anteriores ocupantes del poder encuentren una fórmula para reorganizar el tablero, sino cuatro años y probablemente esta narrativa irá in crescendo, porque apenas está comenzando el espectáculo.
Tengo la impresión de que la retórica de la división puede terminar chocando contra una pared bastante sencilla, los resultados. Si el nuevo gobierno funciona, muchas de las profecías apocalípticas perderán fuerza, si no funciona, tendrá que responder por ello pues así funciona una democracia; quizá ahí esté el verdadero problema para quienes hicieron de la polarización una forma de vida, cuando la discusión deje de ser “los buenos contra los malos” y empiece a ser “¿qué hicieron con el poder?”, muchas máscaras pueden comenzar a caerse porque al final, detrás de las grandes palabras, siempre aparece la pregunta pequeña y fastidiosa ¿Esto es por la democracia o por el presupuesto?
Hablando de privilegios, habría que hacerle una solicitud respetuosa al Director de la UNP de TEMU les mantenga los esquemas de seguridad a las mozas, los mozos y demás acompañantes del antiguo poder. No vaya a ser que, después de tantos años de protección institucional, les toque descubrir de golpe que la seguridad privada también existe y que, para ciertas personas, pagarla no debería ser precisamente una tragedia nacional porque, seamos sinceros, al país le importan las vidas de sus ciudadanos cuando existe un riesgo real, no necesariamente los enredos sentimentales de quienes estuvieron cerca del poder. Si entre ellos, ellas o elles se van a declarar la guerra, por favor que no nos cobren a los colombianos la munición, que arreglen sus romances, rupturas y celos con recursos propios. ¡La UNP no debería terminar convertida en el servicio de escoltas premium de la telenovela del poder!
Si alguien quiere saber cómo seguirá esta historia, yo solo digo que Daniel Samper Ospina y Geovannoty probablemente van a tener material inédito todas las semanas, ellos pensaban que ya habían visto todo y por ello dieron por finalizadas sus funciones de este tema, pero con lo que está pasando, se evidencia que no habían visto nada y volverán con más fuerza.
Bienvenidos a Colombia de TEMU, la versión donde hasta la oposición parece venir con carrito de compras y todavía estamos desempacando.
Adaulfo Manjarrés Mejía

