“Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: «No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador; yo he entregado a Egipto como precio por tu rescate, a Cus y a Seba en tu lugar. Porque eres precioso a mis ojos y digno de honra, yo te amo. A cambio de ti entregaré pueblos; a cambio de tu vida entregaré naciones. No temas, porque yo estoy contigo; desde el oriente traeré a tu descendencia, desde el occidente te reuniré.” Isaías 43:1-5 NVI
Estas palabras fueron dadas por Dios a Israel, su pueblo, en un momento en el que necesitaban recordar quién era Él y quiénes eran ellos delante de sus ojos. Sin embargo, la verdad que revelan acerca del carácter de Dios sigue estando vigente para quienes hemos puesto nuestra fe en Él. En Cristo, podemos acercarnos a Dios con la certeza de que somos recibidos, amados y llamados a vivir desde una identidad que no depende de las circunstancias ni de la aprobación de los demás.
Este pasaje nos recuerda varias verdades que necesitamos recordar, apropiar y vivir:
- Dios nos creó. Nuestra existencia no es un error, tampoco un accidente, Dios nos pensó, nos diseñó, nos dio aliento de vida y conoce cada detalle de nuestra historia, en el Salmo 139:13-16 leemos esta misma verdad al reconocer que Dios nos formó desde antes de nacer, antes de ver la luz de este mundo, antes de conocer a nuestra madre, lo vimos a él “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” Por eso, pensar que somos un problema, que vinimos al mundo a estorbar, es un pensamiento que no debe tener asiento en nuestra alma, si realmente creemos en Dios y le creemos a Él.
- Dios nos formó. No solamente nos creó; también ha estado obrando en cada capítulo de nuestra historia, aun aquello que no comprendemos puede estar siendo utilizado por Dios para formar nuestro carácter y llevarnos hacia su propósito, como lo dice en Filipenses 1:6, el que comenzó la buena obra en nosotros también será fiel para llevarla a término.
- Le pertenecemos a Dios. Él hoy nos recuerda: “Tú eres mío”. Esta afirmación nos habla de pertenencia, cuidado e identidad, cuando sabemos quiénes somos, y a quién le pertenecemos, no necesitamos construir nuestro valor a partir de lo que otros piensan, digan o hagan. Dejamos de depender emocional, espiritual y materialmente de otros, entendiendo que quien nos sostiene es aquel que nos creó, nos asignó propósito y es capaz de dar hasta la propia vida de su hijo por nosotros. Cuando comprendemos esto, comenzamos a vivir en plenitud, en libertad y en la abundancia que vino a darnos Cristo. (Juan 10:10)
Estar convencidos de estas cosas, es una maravillosa respuesta ante el miedo, nos da la seguridad de que Dios nos sustenta, nos protege y se interesa por nosotros. Podemos entender que Él no nos habría creado, liberado y llamado, a menos que no tuviera la intención de terminar su obra en nosotros. ¿Cómo podemos tener miedo cuando sabemos que Dios es con nosotros y vela por nuestros intereses?
Luego de recordarnos lo que somos para El, Dios da una instrucción contundente: “No temas, porque yo estoy contigo”. Ciertamente, esta promesa nunca perderá vigencia, porque en este mundo siempre enfrentaremos problemas eso es innegable, pero si realmente creemos en esta palabra, esos problemas no terminarán con nosotros, no nos vamos a ahogar, no serán nuestro fin porque Dios es nuestro ayudador, él llega a nuestro rescate en la hora más oscura, Jesús mismo dijo: “En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
Finalmente, hay una parte de este pasaje que merece toda nuestra atención, dios nos dice: “Porque eres precioso a mis ojos y digno de honra, yo te amo” (Isaías 43:4). Leer esto es maravilloso, porque nos revela la ternura, la dulzura y el amor inconmensurable de Dios por su creación.
Alguna vez te has preguntado: ¿Por qué Dios se esfuerza tanto por ti? ¿Por qué ese despliegue de amor y misericordia? En este pasaje está la respuesta, sencillamente porque eres precioso ante sus ojos y digno de honra, y es necesario que hoy recuerdes esto porque es tiempo de dejar de esperar que otros te validen, te valoren, te vean y te exalten, ¿si es el mismo Dios, el creador del universo, el que hoy te está diciendo eres preciado para El, que te importan los demás?
Y es que a veces buscamos desesperadamente en otras personas aquello que Dios ya nos ha dicho acerca de nosotros, esperamos que alguien nos elija para sentir que tenemos valor; necesitamos que nos reconozcan para sentirnos importantes; sufrimos cuando no recibimos el amor que damos o cuando una relación no responde a nuestras expectativas, y sin darnos cuenta, terminamos mendigando atención, amor y validación cuando Dios ya nos ha declarado profundamente amados. Es cierto, que fuimos creador para vivir en comunidad, para amar y ser amados, el problema está en convertir eso en la fuente principal de nuestra identidad, seguridad o valor.
Imaginemos a Dios haciéndonos estas preguntas: ¿Por qué sigues buscando en otros la confirmación de un valor que yo ya te he dado? ¿Por qué aceptas migajas cuando te he dicho que eres precioso delante de mis ojos? ¿Por qué te aferras a lo incierto por miedo? ¿Por qué permites que el rechazo de otros determine la manera en que te ves a ti mismo?
Dios te dice hoy una vez más “yo te amo”. Puede que estés atravesando aguas profundas, tal vez estés caminando por un fuego que nadie más conoce, quizás sientas que Dios está demasiado lejos, pero esta palabra permanece: «No temas, que yo te he redimido «
La redención que hemos recibido no es solo para sacarnos de una situación difícil, sino para restaurar nuestra identidad, afirmarnos en Dios y prepararnos para vivir desde el propósito para el cual fuimos creados. Tal vez fuimos rescatados de una relación tóxica, de una dependencia emocional, de una etapa de confusión o de una versión de nosotros mismos que había olvidado su valor, y hoy Dios nos recuerda que no nos sacó de allí para que volvamos a aquello que nos esclavizaba, nos rescató para que podamos caminar en libertad.
Entonces caminemos seguros de que Él está con nosotros y que podemos atravesar la adversidad sin que eso determine quienes somos, podemos pasar por aguas profundas sin permitir que las circunstancias gobiernen nuestro corazón. Caminemos convencidos de que: somos creación de Dios, hemos sido redimidos, somos preciosos a sus ojos, profundamente amados y que nuestro valor no depende de quién nos elija, de quién se quede, de quién nos reconozca o de cuánto amor recibamos de otros.
Quizás hoy no podamos cambiar las circunstancias que vivimos, pero sí podemos decidir quién gobernará nuestro corazón en medio de ellas, no será el miedo, la tristeza, la ansiedad, el rechazo, la soledad ni las heridas del pasado, sino Dios.

