INCONSULTOS Y POLÍTICOMETRÍA

Hay muchos puntos de vista esgrimidos sobre las consultas celebradas en el pasado y aquellas por realizarse en 15 días, el 8 de marzo.

Quienes sostienen que son un mecanismo sano para ir decantando las aspiraciones presidenciales buscan que los partidos vayan alistando sus baterías para la contienda de mayo, la primera vuelta presidencial. Al mismo tiempo, hay quienes argumentan que la causa de la amplia dispersión del abanico de aspirantes reposa en el desorden monumental que impera en los partidos políticos colombianos, cuando, repito lo sostenido en pasado comentario, los que suman el 50% de las curules del senado hoy no fueron capaces de impulsar aspiraciones presidenciales con visión de país y opción de triunfo.

Si miramos el otro 50%, encontramos que descuellan allí dos partidos con líderes claros y vigentes: el Pacto Histórico (PH), con Gustavo Petro, y el Centro Democrático (CD), con Álvaro Uribe, ambos dispuestos a luchar por el poder en el congreso y sobre todo, en la Presidencia de la República.

Hay verdades que afrontar en estos tiempos de enfrentamientos no tan civilizados que vivimos en el país. Un par de ellas giran alrededor de la situación política del CD. Otro gallo cantaría si la violencia política no hubiera asesinado a Miguel Uribe Turbay, quien sobresalía entre los aspirantes presidenciales de ese sector de la derecha. El 7 de junio de 2025, día aciago para el país, ha estado soslayado por la controversia infinita e inútil que cursa entre nosotros, la mezcla infame entre trivialidades y absurdos que nos plantean desde la presidencia cada día que, sin el menor análisis de la estrategia, riegan los medios como si fuera pólvora mojada de improperios y sandeces. La otra verdad es la del proceso contra el líder de esa colectividad, que concluyó el 21 de octubre del pasado año. Encerrado en la responsabilidad de atender su caso personal, debió alejarse del contacto directo con el amplio respaldo que le brindan en muchos lugares del país a su condición de conductor político natural. Aunque salió tarde y herido en un ala por el crimen contra Uribe Turbay, hace de su recorrido por el país una jornada inagotable, muy propia de su talante, con la también inagotable Paloma Valencia, aspirante presidencial dentro de la Gran Consulta.

Desde la otra cara de la moneda, hay toda una serie de novedades en consulta. La más destacada es el avance de Roy Barreras, un muy particular político colombiano, escurridizo, que registra en su piel todos los colores del espectro y acumula respaldos inusitados. Sindicatos, que supuestamente debían soportar la aspiración de su competencia dentro de la izquierda, Iván Cepeda, han jurado bandera para darle respaldo a Roy en una segunda consulta de entre ellos. Igual se le matriculan en una especie de mercado persa, una variada amalgama de politiqueros, políticos avezados, oportunistas, títeres con cabeza, descabezados de parapolítica, más de una clientela ansiosa de financiar su campaña al congreso con los movimientos financieros que suelen aparecer de la nada y desaparecer ídem, como si nada, en las regiones empeñadas al desmadre en que la ausencia de criterios y la falsa preocupación por el país nos tienen colapsados. En el Caribe le llamamos a semejante masa pastosa imposible de digerir, un arroz con mango. Nauseabundo, en esta ocasión.

Otra consulta, para completar 3 en el mismo tarjetón, se realizará entre Claudia López y un desconocido, reclutado para bilateralizar su llamada Consulta por Las Soluciones. ¡Claudia, cuánta sagacidad!

A todas estas, y ya ad-portas del cubículo, la politicometría hace su agosto – ¿o su marzo? – entre los nacionales. El umbral, esa cifra que debe sobrepasarse con garrocha para lograr ser considerado como miembro del club de la democracia, bordea los 600 mil votantes por un partido. Ya vimos en el pasado a Peñalosa -2006-, hoy dentro de una consulta, lograr una importante votación y quedar a 40 mil votos del umbral.

Los cálculos de representación de partidos en el congreso varían mucho y las encuestas normalmente no reflejan el detalle de los votos porque cada pueblo, por pequeño que sea, impacta el resultado. Esos son los que llamo INCONSULTOS. Ajenos al trajín citadino, campesinos con tendencias partidistas, hombres y mujeres con hambre, con ilusiones y decepciones, que han visto pasar algunos políticos buenos y otra sarta de malos, que llevan a Colombia a cuestas, serán decisorios en estos idus de marzo.

De las 3 consultas, se espera que la de la derecha obtenga una mayor votación. A pesar de que una reciente medición indicó el ascenso de Vicky Dávila frente al anterior registro de Paloma, lo que pareciera indicar fuerte competencia entre las dos mujeres que conforman ese paquete de aspiraciones, los inconsultos del trabajo filigranado de Uribe no me sorprenderían dándole la victoria a Paloma. ¡Bravo por las féminas! Algún día será el de ellas. Si no es 2026, tendremos a una estrella caribe brillando en 2030: no se sorprendan cuando Claudia Margarita Zuleta, la hija de La Guajira y del Cesar, destaque en el Senado con su verbo, convicción, argumentación y carisma.

El fraccionamiento de la izquierda, por causa de un aspirante sobreviniente, deja al presidente con las mismas dos fuentes de combate que tuvo en 2022: el fundamentalismo ideológico con Cepeda y el contubernio pastoso con Roy. Eso lo hizo ganar, pero en estos momentos puede profundizar tanto la división de su sector, que permite a la derecha soñar con que pasen a la segunda vuelta dos de su línea: Abelardo y Paloma, si gana ésta la Gran Consulta.

Calculadora en mano, seguiremos viendo con rabia y tristeza la contienda que algún día traerá mejores vientos al país. El que nos quede luego de la tormenta petrista.

 

Nelson Rodolfo Amaya

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