LA IRREVERSIBILIDAD DE LAS MALAS DECISIONES

Al séptimo día, el último de la fiesta, el rey, medio embriagado con el vino, se sentía alegre y llamó a Meumán, Biztá, Jarboná, Bigtá, Abagtá, Zetar y Carcás, que eran siete servidores de su entera confianza, y les ordenó que fueran por la reina Vasti y la llevaran hasta donde él estaba. La reina debía presentarse luciendo la corona real en su cabeza, pues el rey quería que todos contemplaran su belleza, pues en realidad era una mujer muy hermosa. Ester 1:10-11

Est relato no solo nos muestra a un Rey poderoso, sino a un hombre cuyo criterio fue nublado por la embriaguez. La orden de exhibir a Vasti frente a sus invitados revela una profunda pérdida de discernimiento y respeto por la dignidad de su esposa. Lo que debía ser una expresión de autoridad real se transformó en un acto de humillación pública, impulsado por un estado de embriaguez que anuló su dominio propio.

Y es que la embriaguez, anula el dominio propio, uno de los frutos del Espíritu Santo que, permite discernir entre un deseo momentáneo y aquello que honra a Dios. Cuando el rey, estaba «medio embriagado», perdió la capacidad de medir sus actos, transformando su autoridad real en un instrumento de humillación pública. Porque el alcohol no solo desinhibe, sino que destruye el carácter, y deja al descubierto lo más básico y vil de una persona.

Luego vemos como el arrepentimiento del rey (Ester 2:1) no sirve de nada, es la muestra de una realidad dolorosa… las consecuencias de nuestras malas decisiones no siempre se deshacen con el remordimiento. En este caso, el decreto emitido por el rey era irrevocable y en nuestra cotidianidad, las «huellas» de las malas decisiones dejan cicatrices permanentes, como la pérdida de un matrimonio, el declive financiero, un impacto negativo en la vida de los hijos o incluso el daño irreparable a la salud física que se deteriora por años de excesos.

El alcohol crea una falsa sensación de poder, satisfacción o evasión. En el caso del Rey Asuero, era la complacencia de su ego; para nosotros, puede ser una forma de escapar del estrés, la presión social o un vacío existencial. En ambos casos, el resultado es el mismo, la ceguera temporal ante las consecuencias reales de las acciones.

En este sentido, desde el punto de vista de la ciencia el alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central, su consumo permanente afecta de manera severa los órganos del cuerpo, causando consecuencias graves como cirrosis hepática, pancreatitis y trastornos cardiovasculares. Estas consecuencias físicas son el testimonio de un cuerpo que ha sido llevado al límite por la falta de moderación.

De igual manera, se alteran las capacidades cognitivas. La Biblia advierte sobre el peligro del vino y las bebidas embriagantes, por que conducen a la a la insensatez. Proverbios 20:1 El vino lleva a la insolencia y la cerveza al escándalo; ¡nadie bajo sus efectos se comporta sabiamente!

El desastre en la vida de Vasti, (aunque fue la excusa perfecta para ver la soberanía de Dios preparando el camino de Ester), sigue siendo un recordatorio de la fragilidad de una vida marcada por la falta de prudencia. Ella pagó con su posición el precio de la soberbia de un hombre borrachón, y El pagó el resto de sus días con la sombra del arrepentimiento por haber actuado bajo la influencia de una sustancia que le robó la prudencia.

La biblia también advierte que el alcohol distorsiona la realidad, provocando que la persona vea cosas extrañas y diga tonterías (Proverbios 23:31-33). No dejes que las burbujas y el agradable sabor del vino te engañen. Porque al final muerde como serpiente y envenena como víbora. Tus ojos verán alucinaciones y tu mente te hará decir estupideces.

Por otra parte, también enseña que el hábito de la borrachera conduce a un camino de pobreza y abandono personal, pues el borracho pierde el interés en su propio bienestar, en lo que lo rodea, se convierte en alguien irresponsable, perezoso y negligente como lo dice Proverbios 23:21 Porque los borrachos y los glotones acaban en la pobreza, y los dormilones vestidos de harapos.

Para concluir, el ser humano fue creado para ser libre, pero esa libertad no consiste en satisfacer todos los deseos momentáneos, sino en tener la capacidad de decir “no” a aquello que domina, destruye o aleja del propósito de Dios. Por ello, la mesura no es solo una elección de salud; es también un acto de adoración a Dios. Es cuidar el cuerpo como templo del Espíritu Santo, y procurar mantenerlo en condiciones que permitan vivir con propósito, claridad, paz, sabiduría y compromiso. Que, a diferencia del Rey Asuero, podamos tomar decisiones que honren a Dios y preserven los dones que Él ha puesto en nosotros.

Esta historia nos debe recordar que una sola decisión tomada sin dominio propio puede cambiar el rumbo de muchas vidas. Nos invita a no permitir que ninguna “borrachera” sea de vino, de poder o de distracciones pasajeras desvíe el propósito que Dios ha trazado para nuestra vida.

Vicky Pinedo 

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