LA LICUADORA PRESIDENCIAL YA EMPEZÓ A GIRAR

Las elecciones siempre dejan emociones encontradas. Alegrías para unos, derrotas para otros y un país entero tratando de entender qué fue lo que realmente pasó en las urnas. Pero si algo enseña la política colombiana es que después del ruido de los votos comienza la verdadera historia.

En las pasadas elecciones del 8 de marzo, el mapa político del país empieza poco a poco a esclarecerse. Colombia ya tiene nuevo Congreso de la República y las consultas interpartidistas también dejaron sus primeras señales sobre cómo se está acomodando el tablero de cara a la carrera presidencial.

Las consultas marcaron tres victorias importantes dentro de distintos sectores políticos. Claudia López se impuso en la consulta de las soluciones, dentro de una parte del centro. Paloma Valencia ganó la consulta dentro de la derecha. Y Roy Barreras logró avanzar en otro de los procesos internos del progresismo que buscaban ordenar candidaturas dentro de su respectiva alianza política.

Sin embargo, quienes conocen la dinámica de la política colombiana saben que las consultas no son el final del camino. En realidad, apenas marcan el inicio de una etapa mucho más intensa donde comienzan a reacomodarse las fuerzas políticas del país.

Es ahí donde aparece lo que muchos analistas llaman la famosa licuadora política.

Al principio del proceso electoral aparecen muchos nombres. Aspirantes presidenciales, liderazgos regionales, figuras mediáticas y dirigentes tradicionales que sienten que tienen espacio para disputar la Presidencia de la República.

Pero con el paso de las semanas la política empieza a hacer su propio filtro.

Unas candidaturas terminan licuando a otras.

Las alianzas comienzan a moverse, los proyectos políticos empiezan a fusionarse, algunos liderazgos pierden fuerza y otros logran crecer inesperadamente. Poco a poco el escenario político se va reduciendo.

Hoy el tablero está lleno de nombres. Figuras como Iván Cepeda, Paloma Valencia, Roy Barreras, Sergio Fajardo, Abelardo de la Espriella y Claudia López, entre otros, aparecen dentro de la conversación política nacional.

Pero la verdadera pregunta no es cuántos nombres hay hoy sobre la mesa, sino cuántos de ellos llegarán realmente con fuerza a la primera vuelta presidencial.

Ahí aparecen dos escenarios posibles.

El primero es que la licuadora política termine concentrando la disputa en dos grandes candidaturas fuertes, representando dos proyectos de país claramente diferenciados.

El segundo escenario es que Colombia llegue a la primera vuelta con un abanico mucho más amplio de aspirantes, incluso con cinco o seis candidaturas compitiendo al mismo tiempo, lo que fragmentaría el voto y abriría un panorama mucho más incierto.

En medio de ese tablero político también aparecieron sorpresas que dejaron las consultas, y vale la pena mencionarlo.

Una de ellas fue el resultado de Juan Daniel Oviedo, quien, a pesar de no ganar su consulta, logró superar el millón de votos y terminó convirtiéndose en una de las revelaciones políticas de la jornada electoral.

Ese resultado demuestra que dentro del electorado colombiano también hay espacio para liderazgos nuevos que logran conectar con sectores ciudadanos que buscan algo distinto a las estructuras tradicionales o a los extremos políticos.

Pero en todo este tablero hay un elemento que tampoco se puede desconocer. Las elecciones del 8 de marzo dejaron un mensaje claro en el Congreso de la República. Dos fuerzas políticas terminaron siendo las más arrolladoras del país; el Pacto Histórico y el Centro Democrático.

Ese resultado no es un dato menor. En Colombia el Congreso muchas veces termina inclinando la balanza del poder, y a raíz de todo esto todo indica que podría darse el primer escenario; dos grandes candidaturas.

En este ajedrez político que apenas comienza a moverse, hay una lectura que empieza a coger fuerza en los corrillos políticos del país. La victoria de Paloma Valencia dentro del uribismo no solo la deja bien posicionada en la carrera presidencial, sino que también comienza a reordenar todo el tablero de la derecha y la centro derecha.

En política, cuando una maquinaria se activa de verdad, no hay espacio para muchas aventuras personales, y eso es precisamente lo que algunos analistas están viendo venir. Varias candidaturas que hoy hacen ruido podrían terminar pasando por la famosa licuadora electoral que tanto conoce la política colombiana.

En ese escenario, nombres como Abelardo de la Espriella, que intenta levantar una candidatura desde un discurso fuerte en la derecha, tendrían que enfrentarse a una estructura política mucho más organizada alrededor del uribismo. Y cuando el uribismo se mueve compacto, eso no es cualquier cosa. Es maquinaria, es estructura, es voto amarrado en muchas regiones del país.

Por eso no son pocos los que creen que esa licuadora apenas está comenzando a girar y que, con el paso de las semanas, varias aspiraciones terminarán diluyéndose en proyectos más grandes. Dicho en palabras claras, lo que muchos ven venir es que Paloma termine licuando a buena parte de la centro derecha, incluyendo la candidatura de Abelardo, y se consolide como la figura que represente a ese sector político en la contienda presidencial.

Si ese escenario se concreta, el país podría terminar viendo una confrontación bastante clara en la primera vuelta. De un lado la derecha y la centro derecha reorganizadas alrededor de Paloma, y del otro el proyecto de la izquierda encabezado por Iván Cepeda.

Por eso, mientras la licuadora política sigue funcionando, también empieza a dibujarse otro escenario que muchos analistas ya observan con atención. La balanza presidencial podría terminar inclinándose hacia el candidato que logre recibir el guiño político de dos figuras que pesan fuerte en la política nacional: Gustavo Petro y Álvaro Uribe Vélez.

Todo indica que dentro del progresismo ese guiño ya comienza a sentirse alrededor de Iván Cepeda, quien aparece como uno de los nombres fuertes dentro del escenario político que se está configurando.

Del otro lado del espectro político, la mirada inevitablemente vuelve hacia Uribe, quien históricamente ha terminado jugando un papel determinante al momento de ordenar las fuerzas de la derecha.

La gran pregunta que empieza a rondar en la política colombiana es sencilla, pero poderosa.

¿Quién será el candidato de la derecha o quién pueda agrupar la derecha con el centro?

Porque si algo ha demostrado la política colombiana es que, al final del camino, las candidaturas también se acomodan alrededor de liderazgos que logran agrupar sectores.

Y ahí vuelve a aparecer el tablero de nombres.

¿Será Abelardo de la Espriella quien logre consolidarse dentro de ese espacio político? ¿O terminará siendo Paloma Valencia, que ya tiene el respaldo de los candidatos de su consulta, quien se convierta en la gran competidora de Cepeda?

Todavía es temprano para saberlo.

Pero mientras el país político hace cuentas y las candidaturas empiezan a moverse dentro de la famosa licuadora electoral, lo único claro es que el camino hacia la Casa de Nariño apenas comienza.

Y como decimos por estas tierras guajiras, donde la política también se conversa en la esquina, en la tienda o debajo de un palo de trupillo, aquí nadie puede cantar victoria antes de tiempo.

Porque en Colombia la política se mueve como la brisa del mar.

A veces parece tranquila, pero de repente cambia de dirección.

Así que mientras unos celebran y otros sacan cuentas, el país sigue mirando el tablero.

Porque al final del día, compadre, la verdadera elección todavía está por jugarse.

Muy pronto vamos a saber si es un Tigre o una Paloma quien le compita a Cepeda.

 

Byron Miguel Barros Mejía

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