Las navidades cada cuatro años nos llegan con el alma en las fiestas decembrinas y la mente puesta en la política.
Los nuevos hechos son variados. Pasan por el filtro de las encuestas, por las listas al congreso de los partidos políticos y por las aventuras arriesgadas de los minoritarios actuales, por los ímpetus descalificadores en medios de candidatos por su origen regional y por las consultas y su oportunidad, frente a la urgencia de despejar el terreno para la mejor comprensión del ciudadano de sus verdaderas alternativas de escogencia.
En el revoltillo de las encuestas, unas serias, otras no tanto, todas fueron revisadas por definidos de izquierdas o de derechas, por indecisos, de ambos lados, y por indiferentes que tomarán partido incluso horas antes de ir al cubículo. En ellas se dan pautas de lo que la gente en general y al día de hoy, ve cómo continuar o cambiar la regencia del país el año entrante. No creo que a los poco favorecidos en esas mediciones les sorprendan sus resultados. Ya sabían que salir del montón, del menos de uno por ciento, es titánico e imposible para al menos 70 de los enlistados. Varios llevan aspirando por períodos seguidos y la gente los recuerda. Con algo de admiración por la persistencia de unos y con mucha conmiseración por la terquedad de otros.
No podemos dejar de mencionar un comentario de una periodista de importante emisora con mucha audiencia. Para descalificarlo, tildó de “costeño fantoche” a Abelardo De La Espriella, el aspirante a la presidencia que marca más altos registros de apoyos crecientes en el sector contrario al gobierno. Hay que recordar que Álvaro Uribe le hacía morder los labios a los bogotanos con su acento paisa y su actitud campesina, montañera, y que, a pesar de haberse codeado con todos los encumbrados y antiguos dueños exclusivos del poder cundiboyacense, verlo de jinete les hacía hervir la sangre. Tuvo que, habilidosamente, vincular en la fórmula vicepresidencial a un Santos, de la casa editorial que había impuesto más de una docena de presidentes en Colombia, para conseguir el “agreement” de sus élites, desprestigiadas por la acción delincuencial de la campaña de uno de sus ungidos, Samper.
La periodista tuvo la ocasión de rectificar, pero por el contrario se ratificó en su actitud. No me ha quedado claro si lo quería insultar por costeño o por fantoche. Pero tales sablazos le vienen al desparpajado hombre caribe que es ADLE por su acento y por su pinta, extravagante para los protocolos andinos. Hemos visto gente que aspira con tenis que nunca antes usaron, bailando con ritmo que no tienen, visitando pueblos que no sabían de su existencia, tomando guarapo y comiendo empanadas y untándose la camisa del sudor de la gente común y corriente, que los recibe con la sonrisa de la desconfianza por lo que puedan hacer cuando lleguen, si llegan, a ganar. Es, la verdad, un espectáculo deprimente. Lo jocoso de algunos casos no quita lo ofensivo de otros, como el caso de la periodista en mención, a quien habrá que indicarle que no somos nosotros los únicos costeños, pues es un término genérico que igual aplica al pacífico. De este lado, somos caribes, una bendición celestial que nos ayuda a mirar la vida con más alegrías que tristezas, con más efervescencia y menos remilgos, con más ritmo y cadencia que las ajustadas figuras de saco y ruana, algunas falsamente aconductadas por el frío del espíritu, más que por el clima del altiplano. No quiere esto decir que alabamos a todos por haber nacido acá, donde el mar nos enseña a mirar con más imaginación la vida, pero sí pedimos unas cucharadas de calmidol para la señora del micrófono. Tampoco quiero descalificar a todos los andinos, pues hay unos cuantos comprometidos con la amistad, por encima de las apariencias.
En los coros de villancicos aparece también la sepultura que le dieron a la estrategia para definir candidato presidencial con base en unas consultas populares por celebrarse junto con las elecciones congresionales del mes de marzo. Fracasaron por tardías, por el desorden de nombres y el excesivo número de aspirantes. Había de todo, como en botica. Los del centro-centro, babosos como siempre, eclécticos sin sabor ni color, y los de la derecha y centro derecha, todos por montones. Los mejor ranqueados en las encuestas cerraron la puerta a ese despropósito de esperar a los rezagados a que cojan un aire que nunca tendrán para la carrera de fondo, ya iniciada, la que hace mezclar buñuelos con firmas, natillas con discursos y novenas con deliberaciones familiares por las preferencias políticas.
El tema de los candidatos al Congreso tampoco arrastra muchas sorpresas. Los partidos avanzan en su distanciamiento con la gente de base, siguen soportados en el clientelismo y apenas asoman algunos nuevos rostros frescos, capaces de cambiar el mercado persa que se vive en la Cámara de representantes.
Llegará enero, el guayabo de los gastos descontrolados y el buen pernil, y tendremos un panorama más despejado para analizar.
Nelson Rodolfo Amaya

