Con un nuevo amanecer el 9 de marzo, llegamos a superar la primera de las etapas del año político 2026.
Las elecciones de congreso dejaron unas huellas claras:
Los dos grandes partidos, el Pacto Histórico (PH) y el Centro Democrático (CD) demostraron que tienen un grupo importante de seguidores cada uno, pues lograron un número significativo de cupos en el Senado, el indicador principal del poder político legislativo. Uno en favor del régimen que gobierna y el otro en clara y sólida oposición, se hicieron entre los dos a 42 senadores, casi la mitad de los renglones disponibles. No estamos acostumbrados a sumarlos, pero al hacerlo, nos percatamos de que el ciudadano colombiano prefiere en su mayoría demostrar que opta por una u otra matrícula partidista de clara definición ideológica, en vez de ubicarse en el “centro” indefinido de la política. Cabe resaltar que son ambos partidos nuevos, con algunos políticos veteranos, pero con una corta trayectoria como organizaciones democráticas. Petro y Uribe confirman su condición de caudillos, gústele a quien le guste.
Los demás, unos tradicionales y otros emergentes, sumaron curules de variado número y ubicación, distantes del gobierno actual o afines a él. El desorden partidista nuestro es de tal magnitud que lleva incluso al caso de tener antigobiernistas y adeptos al régimen dentro de elegidos por un mismo partido. En una mezcolanza de patria boba, de caos y de ausencia de coherencia y sindéresis, unos por interés, otros por apertura de pensamiento, Verdes, azules, rojos, de todos los colores, van y vienen con sus ideas e intereses individuales. Los expertos politólogos llevan ojeras del trasnocho por encontrar donde ubicar a muchos elegidos, si de derecha, si de centro, si de izquierda, si del gobierno, por el hecho de ser gobierno o de la apuesta por quien suceda al presidente Petro. Para parafrasear a Bismarck -aun cuando algunos sostienen que no es de su autoría-, las leyes, los congresos y las salchichas es mejor no saber cómo se hacen.
No menos importante que haber elegido un congreso, variado en su resultado, fue la competencia por definir consultas. Sin lugar a dudas, la gran ganadora de la jornada fue Paloma Valencia, cuyos resultados numéricos superaron las expectativas de muchos y confirmaron que eso de las encuestas tiene una corrección importante por el trabajo dedicado de contacto con la gente durante la campaña y la voluntad de su organización política, liderada por el expresidente Álvaro Uribe.
Paloma está bajo los reflectores del país, bien porque la quieren conocer más allá de su exitosa labor legislativa durante 3 períodos en el senado, o bien porque despierta un gran interés en aquellos que no tienen aún definido su voto en las elecciones de 31 de mayo. Le ha sobrado carácter para establecer profundas diferencias entre el régimen en el poder y sus convicciones de estadista. Ha debatido con elocuencia e información los temas estructurales en los que el caos ha sido la guía de la jornada de gobierno de Petro. El sistema pensional destrozado con la ley 2381 de 2024, expedida llena de vicios, fue demandado por la senadora Valencia, y la Corte ha encontrado en sus argumentos la base para suspender la ley. No es de menor cuantía, ni debe pasarse de soslayo el fondo de lo que se pretende, cual es capturar los ahorros de los colombianos en una red de disposición pública de recursos, con la mano rota y gangrenada con la que toca este gobierno la plata del erario.
Se destaca en su palmarés, por encima de muchos logros, la contundencia para oponerse al mayor fracaso del abanico de calamidades de Petro: la paz total en la que nos embarcó, ese brinco al vacío de ilegalidad, del rictus gubernamental consorciado con el crimen organizado, de la oda a la tolerancia con la delincuencia, de la exaltación del victimario y el desdén por la víctima. La corrección automática de este esperpento, una vez que llegue a la presidencia, ha sido uno de sus compromisos clave.
Paloma demuestra una destreza que trasciende las fronteras básicas de su propio partido y abre los brazos a todos los colombianos decentes para hacer del país uno verdaderamente incluyente, no de discursos sino de realidades. Muestra este talante cuando aborda el proceso de escogencia de su vicepresidente con la responsabilidad de contar con alguien complementario de su visión del estado sin renunciar a sus convicciones, construidas por largos años de estudio de la Colombia que transita la primera parte del siglo XXI llena de desafíos, injusta y perpleja frente al proceso destructivo emprendido por el gobierno Petro. Ha sorteado con el aplomo esperado estas tareas críticas de candidata frente al reto de convencer al ciudadano que su opción es la más conveniente, y de darle la vicepresidencia a Juan Daniel Oviedo, un ser preparado y sensible, hijo de su propio esfuerzo, quien escaló al mundo profesional por su inteligencia y a pesar de tanta limitación en su entorno familiar. En esta dupla cabe Colombia entera. Y lo estamos viendo, cuando luego de su definición de esta semana, se le van sumando gentes de diversos credos, pero muy convencidos ahora que con ella se puede enfrentar la reconstrucción nacional por la que clama el país.
Con ella se define el grupo de vanguardia por la presidencia.
La izquierda, fatigada con las cargas pesadas de la corrupción e ineficacia del gobierno que la respalda, encontró en Iván Cepeda el vocero de radicalización de su propuesta por volvernos comunistas. No es chanza, es la verdad, monda y lironda. Albert Camus estuviera redactando un nuevo acápite del Mito de Sísifo, para plasmar el absurdo de cómo una desventura mundial, que atrasó al mundo europeo del este por décadas, recibe oxígeno de la mejor esquina de América.
La derecha radical de Abelardo De La Espriella anduvo temerosa por la posibilidad de que Paloma volara alto, como en efecto lo está haciendo. De allí que no quiso que sus partidarios votaran la consulta, instrucción muy poco cumplida, pues la gente en materia presidencial siente la gran libertad de escoger por sí misma lo que considera mejor para el país. Tiene un respaldo conquistado por fuerza de haber llenado un vacío de propuesta de este lado del espectro. Eso es la política, los espacios que dejas siempre serán llenados por otros. Y será votado por un importante grupo de ciudadanos. Debe hacer con Paloma una sana emulación, más que una competencia caprichosa o grosera, e impedir de lado y lado que los puentes de unión se quemen.
De entre ellos tendremos que escoger con sabiduría y responsabilidad por el país. Sobraría decir mi preferencia, con lo ya escrito, pero lo reafirmo: ¡El mundo colombiano volará con PALOMA!
Nelson Rodolfo Amaya

