La gente tiene muy claro que el voto más significativo que depositan, aquel que les genera la mayor motivación para acudir a las urnas, es el que permite escoger al presidente de los colombianos -de todos, no de una camarilla corrupta como el actual-.
Las menores abstenciones se registran en esas fechas electorales y la atención nacional se concentra sobre los debates y procesos previos que permiten al ciudadano hacer la mejor escogencia posible en ejercicio de una de sus libertades democráticas más destacadas.
En esta ocasión, como en otras anteriores, habrá consultas para preguntar ex ante las inclinaciones sobre las candidaturas a la presidencia. Se realizarán el 8 de marzo, fecha que coincide con la elección al Congreso de la República.
Es un proceso muy conveniente, puesto que facilita la depuración de pretensiones y aglutina fuerzas semejantes alrededor de un nombre que sale fortalecido para enfrentar en mayo a los otros candidatos. Su apelativo de “consulta interpartidista” muestra el contraste de la situación actual del país: partidos de centro derecha con alta representación en el congreso, i.e. la U, Cambio Radical, el Conservatismo y el Liberal no presentaron nombres para aspirar a la presidencia. Tienen ellos 50 senadores, casi la mitad de esa corporación, ¡y no tienen candidatos a la presidencia! Nada corrobora mejor su distanciamiento de la gente del común y su necesidad de recurrir a estrategias desuetas para mantener su cada vez más menguada cuota parlamentaria.
Solo dos partidos tienen aspirantes presidenciales: el Centro Democrático, con 13 senadores, y el Pacto Histórico, con 20, ambos con aspirantes dentro de cada una de las consultas. Estos dos sectores del país muy claramente diferenciados se medirán en esta ocasión. La centroderecha y la izquierda. El gobierno y la oposición, dicho de otra manera.
Desde la Gran Consulta se busca, con 8 participantes en ella, que la causa de un significativo grupo de ciudadanos la sostenga en mayo uno – o una – de entre ellos para mostrarle al país una lista de tareas que con urgencia impulsarán a Colombia dentro del mundo actual con vigor, seguridad y disciplina fiscal.
La consulta de izquierda Frente por la Vida empezó por cuatro precandidatos inscritos. Pero tiene un trámite accidentado. A estas horas del partido, faltando cinco semanas, aún no se sabe si Iván Cepeda, el de mayor peso político, puede figurar en la consulta, pues ya participó en una similar el año anterior, lo cual se observa por algunos como que sus procesos “consultivos” se agotaron. Y Daniel Quintero fue excluido por su “histórico” pasado gubernamental y presente judicial. Roy Barreras, expresidente del Senado, y el exembajador Camilo Romero aparecen como los “viables” jurídicamente para ser consultados por los afines al gobierno. Ambos llenos de mañas y vacíos de propuestas para mejorar nuestro país.
Así las cosas, vale la pena observar algunos elementos prácticos sobre lo que sucederá en marzo respecto de ellas:
- Los miembros de los partidos sin candidatos en la consulta, pero con aspirantes por cientos al congreso van a intervenir. La mayoría en la Gran Consulta. Son una fuerza que puede llegar a terciar en favor de cualquiera e inclinar la balanza.
- El elector común se siente con el derecho de participar en ese proceso, aun cuando tenga inclinaciones por algún aspirante que no está en los tarjetones, llámese Abelardo De La Espriella o Sergio Fajardo, o Claudia López.
- Así que la teoría de ordenar abstenerse va a tener poco efecto práctico. La gente es muy libre para el tema presidencial y las disciplinas de acero se vuelven de cartón, como los zapatos de Manacho, cuando de presidente se trata.
- Afortunadamente, habrá consulta de sectores muy diferenciados el mismo día, por lo que la tentación de “dañar” lo del contrario se neutraliza.
- Las preferencias según las encuestas muestran a Paloma Valencia como favorita para ganar la Gran Consulta y a Iván Cepeda como potencial ganador del Frente por la Vida. Si los registros finales acogen este pronóstico, la línea de centroderecha por fin toma una decisión, que el país esperaba que fuera antes, pero que despejará el tablero de fichas sin mayor capacidad para ganar la partida, mientras que la izquierda confirma su candidato.
Como demócrata, como ciudadano, como contrario a la política desquiciada de este gobierno escatológico y destructor, considero fundamental la participación en la Gran Consulta. Lo entiendo como un mecanismo de tender puentes entre sectores afines, con candidatos afines, con apoyos semejantes, vueltos contradictores momentáneos, pero con sinceras expresiones de impulsar a quien consiga alzarse con las mayorías que urgen para darle salida al desorden monumental que vivimos en el gobierno.
“En la vida hay que escoger cual puente cruzar y cual puente quemar”, nos decía Bertrand Russell. El puente entre Paloma y Abelardo es el de cruzar. El de quemar es el de la continuidad del régimen petrista actual que nos ha vuelto escombros el país, en uso de las ideologías que devastaron al mundo, y en una carrera por ver cómo nos vuelve pobres y mendicantes a todos, para depender de un gobierno desfinanciado, desprestigiado, desacreditado y lleno de lastres en todas las tareas que le competen.
A propósito: Algunos se inquietan en extremo porque Cepeda registra 30% de favorabilidad en las encuestas, cuando lo que eso significa es que el 70% de los colombianos no quiere nada con él y su caterva.
Nelson Rodolfo Amaya


La Guajira tiene una riqueza que no se mide en carbón ni en gas, sino en su gente. A finales de los 90 y comienzos del 2000, cientos de jóvenes guajiros —hoy adultos, generación millennial— se subieron a buses llenos rumbo a Bogotá, Barranquilla y Bucaramanga. Lo hicieron con sacrificio, con disciplina, con la certeza de que estudiar era la llave para transformar su tierra.
Fueron estudiantes brillantes de los mejores colegios de Riohacha, Dibulla, San Juan, Barrancas, Manaure, El Cabo de la Vela. Jóvenes becados por Colciencias, condecorados por la Asamblea de La Guajira, reconocidos nacional e internacionalmente por su excelencia en ciencias, humanidades, oratoria y escritura. Con apenas quince años ya recibían medallas por sus aportes a la región. Esa generación existe. Es inmensa. Es culta. Es poderosa.
Hoy, mientras los problemas se acumulan, La Guajira parece olvidar que cuenta con esa fuerza. No se trata de preguntar “¿dónde están?”, sino de recordar que están ahí, preparados, listos, con la capacidad de aportar. La tierra que los vio nacer necesita de su talento, de su visión, de su compromiso.
La generación de los 90 y 2000 no es un recuerdo: es una fuerza viva, entrenada desde jóvenes en ciencias duras y humanidades, en oratoria y escritura, en liderazgo y pensamiento crítico. Esa generación es el músculo intelectual y cultural que puede levantar el territorio.
Es hora de convocarlos, de abrirles las puertas, de tenderles la mano: La Guajira los necesita ahora más que nunca.
La relación de grandeza está ahí: miles de guajiros cultos, educados, entrenados, condecorados, brillantes. La pregunta ya no es “¿dónde están?”, sino “cómo nos reencontramos para construir juntos el futuro que merecemos.”