PROPÓSITO EN MEDIO DE LA CRISIS

Luego que supo Mardoqueo todo lo que se había hecho, rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y de ceniza, y se fue por la ciudad clamando con grande y amargo clamor. Y vino hasta delante de la puerta del rey; pues no era lícito pasar adentro de la puerta del rey con vestido de cilicio. Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los judíos gran luto, ayuno, lloro y lamentación; cilicio y ceniza era la cama de muchos. Ester 4:1-3

Después de conocer el decreto de muerte contra el pueblo judío, Mardoqueo sintió un profundo dolor, rasgó sus vestidos, se vistió de luto, y clamó con gran amargura por toda la ciudad. Esta no era una simple expresión emocional, sino una manifestación de duelo, humillación y dependencia de Dios.

El desconsuelo no fue individual sino colectivo, en cada provincia, los judíos ayunaban, lloraban y se humillaban. Esto nos enseña que, cuando una crisis es entendida y manejada correctamente, puede movilizar todo a nuestro al rededor para que opere a nuestro favor, así como en el tiempo de Ester todo un pueblo se volvió hacia Dios y no hacia el caos.

Algo relevante, de este escrito es que no menciona que Mardoqueo haya se haya dejado dominar por el miedo en algún momento, no se fue huyendo a ninguna parte, ni acudió a la desesperación, si no que usó el recurso más poderoso que tenía: el ayuno, el clamor y la confianza en la intervención divina, en medio de una sentencia aparentemente irreversible, eligió acercarse a Dios.

Sigue el relato diciendo: Le dio también la copia del decreto que había sido dado en Susa para que fuesen destruidos, a fin de que la mostrase a Ester y se lo declarase, y le encargara que fuese ante el rey a suplicarle y a interceder delante de él por su pueblo.  Vino Hatac y contó a Ester las palabras de Mardoqueo. Entonces Ester dijo a Hatac que le dijese a Mardoqueo: Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días. Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester.  Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; más tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino? Ester 4:10-14

Ante la gravedad de la situación, Mardoqueo decidió acudir a Ester, quien ahora ocupaba una posición de influencia como reina. Sin embargo, la primera reacción de ella fue de resistencia, argumentando que el riesgo de acercarse al rey sin ser llamada podía costarle la vida, es decir, sacó una excusa. Claramente, desde la perspectiva humana, su respuesta era lógica; pero desde la perspectiva espiritual, su respuesta era insuficiente.

Por esto Mardoqueo, no solo confronta a Ester, sino que le recuerda algo importante: su posición no era casualidad, tenía propósito. No había llegado al palacio por suerte, belleza o coincidencia, sino porque Dios la había colocado estratégicamente para usarla en un momento crítico.

Mardoqueo también le advierte que la pasividad no la eximiría de las consecuencias, guardar silencio no garantizaría su seguridad. Esto invalida una de las mentiras más comunes en las que caemos, creer que no hacer nada nos hará salir ilesos de la adversidad. Lo cierto es, que la indiferencia también tiene un costo.

Como Ester nosotros también, frente a situaciones que amenazan nuestro entorno, familia o propósito, elegimos no hacer nada. Talvez por miedo, comodidad, egoísmo o incluso una falsa sensación de protección, pensando que “eso les pasa a otros” pero no a mí. La realidad es, que hay un Aman buscando nuestra destrucción (1 Pedro 5:8) y debemos estar alertas, pero también debemos hacer lo que Dios nos demande hacer para traer la salvación a nuestra vida y nuestra nación (hijos, descendencia, familia).

Cuando Ester finalmente comprende su propósito, ocurre un cambio importante en su interior, que la llevó a tomar decisiones, pero no desde la impulsividad, sino desde la preparación espiritual. Se dispuso a ayunar, buscar a Dios y luego a implementar una estrategia y para ello tuvo que renunciar al miedo y la comodidad, se llenó de valor, y dejó de pensar solo en ella, para poner primero la necesidad de su gente.

Ester sabía que no tenía control sobre toda la situación, pero sí sobre su decisión. Y eso hizo la diferencia para todo un pueblo.

Este mensaje nos enseña que: vivir sin propósito convierte la vida en rutina, frustración y vacío. Pero cuando entendemos que estamos donde estamos por una razón, cada decisión adquiere peso y significado. Esta historia nos confronta con una gran verdad: los riesgos asumidos en obediencia a Dios siempre trascenderán a nuestra propia vida y alcanzarán a otros.

 

 Vicky Pinedo 

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