SALVACIÓN NACIONAL LLEGA AL CONGRESO DE COLOMBIA

Contra todo pronóstico, y en contra de la campaña negra de la que injustamente ha sido objeto el partido, en las elecciones legislativas del pasado 8 de marzo el Movimiento Salvación Nacional volvió a obtener representación en el Congreso de la República con 4 senadores electos y 1 representante a la Cámara por Bogotá. Esta columna está destinada a memorar este hecho político y, en especial para que el lector conozca al partido, su historia e ideario.

Este movimiento surgió de la mano del gran Álvaro Gómez Hurtado a finales de los años 80, como una disidencia del hoy decadente partido conservador. El movimiento surgió como una corriente de “salvación” por el deterioro del sistema político de aquella época, explicado en el control de los partidos políticos “tradicionales” por las élites, el clientelismo en la política y la corrupción rampante en el interior de estos partidos.

Aunque esté hablando en tiempo pasado, la misma problemática sigue vigente más de 35 años después desde que surgió la idea de crear este movimiento. El “régimen agotado” del que hablaba Álvaro Gómez Hurtado sigue vigente, pues los partidos “tradicionales” han terminado de sumirse en el clientelismo político y no dan señales de querer cesar su modus operandi que ya pasa por vulgar.

El éxito que logró en ese entonces el Movimiento fue tal, que el partido fue la tercera fuerza política de la Asamblea Nacional Constituyente de la que nació la Constitución de 1991, hoy amenazada por el gobierno Petro y el candidato Iván Cepeda. Si no fuera por el lamentable asesinato de Álvaro Gómez en 1995 (aún sin clarificar), el partido hubiera continuado sus labores con normalidad.

Quien escribe estas líneas milita en este Movimiento desde su renacimiento en diciembre del año 2021, cuando el partido recuperó su personería jurídica tras perderla en el año 2006. Puedo dar fe de que todo en el partido se ha levantado a pulso, con trabajo y esfuerzo. Voto por voto.

De ahí la importancia de la supervivencia de este movimiento: Hoy en día es el único partido político que sigue abanderando expresamente en su ideario la idea de renovación de la política que tanto necesita Colombia. Es de los pocos partidos que creen y ejercen la ética en el ejercicio del servicio público como base esencial para llevar al país al progreso y desarrollo.

Es por lo anterior que se deba celebrar que el partido, individualmente, haya obtenido el apoyo de más de 700.000 colombianos a menos de 5 años de su resurgimiento. Una verdadera proeza.

 Erróneamente se ha intentado tachar al partido como de “ultraderecha” o de “extrema derecha”, sin embargo, pocos argumentos se han dado para sustentar este calificativo, quizá porque esto no es cierto. Basta con estudiar la historia del partido, así como echar un vistazo a su ideario para darse cuenta de la equivocación. No por nada a Álvaro Gómez, el fundador del movimiento, lo llamaban “el conservador más liberal”.

El compromiso del partido es defender los derechos de los ciudadanos, reducir la inmensa burocracia del Estado y proteger la vida como principio fundante de toda sociedad. Si a esto hay que llamarle ser de “ultraderecha”, son cada vez más los ciudadanos colombianos que se identifican como tal. Además, es un movimiento bajo el cual los colombianos pueden estar seguros de que la Constitución de 1991 se preservará y cumplirá.

Por nuestra parte, consideramos que esto no es otra cosa que el acuerdo sobre lo fundamental del que hablaba Álvaro Gómez Hurtado. Por más que quieran demonizar estos principios tan básicos, yo creo, más bien, que son principios coherentes que casi todos compartimos y promovemos dentro de la sociedad.

La campaña negra de la que ha sido objeto el partido por el apoyo a la aspiración presidencial de Abelardo De La Espriella es desinformada e injusta con lo que ha sido su historia y su ideario. Es por esto por lo que invito a los lectores de esta columna a informarse y seguir las actividades del partido, a no dejarse llevar por la desinformación de los medios malintencionados.

En fin, es bueno memorar el hecho de que en nuestra democracia, un partido sin plata, sin maquinarias, sin contratos, sin estructura política y con menos de 5 años desde su resurgimiento haya logrado superar el umbral electoral. Podemos anticipar de que seguramente volveremos a oír del movimiento con mucha más frecuencia y ojalá, en un futuro, con una mayor representación y apoyo popular.

 

Diego Alejandro Berbessi Fernández

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