No podemos desconocer que Judas es el discípulo más conocido y mencionado de todos, como no, si fue quien vendió a Jesús para ser crucificado, muerto y sepultado. Que por su propio amigo, Jesús haya padecido, fue un acto de deslealtad detestable, creo que todos estamos de acuerdo con eso.
Siempre que alguien nos traiciona, solemos tildarlo de “Judas”, nos sentimos heridos, molestos y en la mayoría de los casos tomamos distancia, pero eso no fue lo que nos enseñó Jesús, quien nunca lo dejó de considerar su amigo; no murmuró, no peleó, no lo rechazó, no lo hizo a un lado, no lo indispuso con nadie, sino que se sentó en la mesa con él, compartió la última cena como lo hizo con los otros 11 discípulos.
En Las Escrituras se nos cuentan muchas historias de traidores; Caín traicinó a su hermano Abel, asesinándolo por celos y envidia; Ahitofel, consejero de David, conocedor de sus puntos débiles, se unió a Absalón para derrotarlo; Dalila, le cortó el pelo a su esposo Sansón para que perdiera su fuerza; los hermanos de José lo vendieron como esclavo; y es que la traición suele venir de las personas más cercanas, lo que lo hace más doloroso, pero esto no es nada nuevo, dice en Miqueas 7:6 “Porque él hizo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa”. En Mateo 24:10 también se lee que “Muchos tropezarán entonces y se traicionarán unos a otros, y unos a otros se odiarán”.
La traición, desafortunadamente, hace parte de la vida y es absurdo pretender no sentarse nunca en la mesa con traidores, pelear o alejarse de ellos, porque entonces mantendríamos solos.
No te apresures en tomar distancia de la gente desleal, estos están por montón en cualquier parte, puede ser en la escuela, en la universidad, en el barrio, en el trabajo, en la casa e incluso en la iglesia, así que si procuras evitarlos no podrás estar en ninguna parte. ¿No te parece desgastante mantenerte huyendo? Jesús nos enseña que tenemos que estar preparados para sentarnos a comer con traidores en la misma mesa y darle de bocado si es posible, porque son ellos precisamente quienes prueban nuestra lealtad e integridad. No te reveles en contra de los falsos, come con ellos, come frente a ellos; no hace falta que estalles en su contra, que te defiendas; no agotes tus fuerzas intentando desenmascarar al hipócrita, porque si te ves en la necesidad de hacerlo, entonces no eres ni serás un buen líder.
Sé amigo del Espíritu Santo, para que tengas la capacidad de resolver toda situación frente a los traidores. Sé una bendición para todo el que te rodea sin distinguir persona, perdona sin límites (Mateo 18:21-22), soporta y perdona a los demás como Cristo te perdonó (Colosenses 3:13); no te vengues, deja lugar a la ira de Dios (Romanos 12:19); quita de ti toda amargura (Efesios 4:31-32) y busca constantemente la sanidad de tu corazón.
Si te muerde una serpiente ¿Qué harías? ¿Sales detrás de la serpiente a preguntarte por qué te mordió? ¿Enfrentas a la serpiente y tratas de convencerla que lo que hizo estuvo mal y que no lo merecías? ¿Buscas con qué matar a la serpiente? ¿O vas al hospital para sanarte y evitar morir por el veneno? Creo que todos optaríamos por la cuarta opción y es que lo importante no es perseguir, cuestionar, confrontar o acabar con la vida de la serpiente, lo importante es sacar el veneno del cuerpo y vivir. Pasa igual con los traidores, a muchos no les interesa explicarte, posiblemente lo han hecho con toda la intención de herirte; a otros no podrás convencerlos de su mal, porque muchos tendrán el corazón endurecido como para reconocer su falta; alejarte de ellos o sacarlos de tu vida no impedirá que el veneno que dejaron en ti enferme tu alma. Tienes que buscar ayuda tú, tienes que sanarte tú, tienes que limpiarte tú de todo rencor, enojo, amargura, tristeza, decepción, de todo sentimiento de abandono o frustración.
Busca la sanidad en Jesús, Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas (Salmo 147:3); Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Salmo 46:1).
Filipenses 4:6-7 dice: “Por nada estéis afanosos, sino que sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios… Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones…”
Ten serenidad y no pierdas los estribos, recuerda que los “Judas” se ahorcan solos.
Jennifer Caicedo

