Que el mundo está en guerra o en guerras es evidente: en Asia, en Medio Oriente, en África, en Europa, las hay entre países; guerras internas o civiles también. Y en el continente americano Trump formalizó una declaratoria de guerra contra los narcotraficantes, estén donde estén.
Ninguna de éstas se podría comparar con la Primera o la Segunda Guerra Mundial. Y para muchos apenas podemos estar en vísperas de la Tercera Guerra mundial, pero ésta sólo se concretaría cuando se dé el enfrentamiento bélico directo entre potencias o cuando entren en acción las primeras armas nucleares.
El caso de Gaza, de Ucrania, de Sudán, de Azerbaiyán, o de xxx serían guerras locales que no tendrían la dimensión de los grandes conflictos de la historia.
Por guerra mundial entendemos la que busca definir cuál es el mayor poder en el mundo, aquella en la cual el mundo es el botón. Puede incluir varios actores, pero solo puede darse cuenta entre dos partes enfrentadas.
Otra manera de ver esas guerras es entendiéndolos dentro de un contexto más amplio.
Es evidente que son contiendas donde están involucradas las potencias; que son ‘guerras vicarias’ o por ‘proxis’; que sirven de ejercicio para desarrollar armas como lo fue la guerra civil española donde se desarrollaron las de la Segunda Guerra Mundial.
Y por lo general se entienden como rezagos de la guerra fría, de la confrontación entre las ideologías capitalistas y comunistas, o de los modelos democráticos y los autocráticos de izquierda. Pero si se toma en cuenta varios elementos nuevos la visión -y la realidad- puede ser diferente.
La competencia por el puesto de la mayor potencia tiene un nuevo competidor -China- y los frentes de batalla son de otra naturaleza -transición energética, Inteligencia artificial, dominio o captura de los mercados-.
La violencia y la acción militar (como existen en diferentes frentes) forma parte de la guerra, pero ya no es la esencia de ella.
Trump lo tiene claro y recurre a ellas solo porque es el escenario donde es más fuerte.
Es una falsa disyuntiva la que se presenta al debate si los bombardeos a lanchas o la ‘extracción’ de Maduro deben verse a la luz del Derecho Internacional oa la luz de la ‘moral’ y el Derecho Humanitario; y aún más la justificación de que es un imperativo ‘defender la Democracia’. Lo que es es un acto de guerra; como lo son las capturas de los barcos petroleros y el embargo del petróleo perteneciente al país enemigo.
Porque para Estados Unidos la calificación en relación a China es que es ‘el enemigo’. El énfasis y la razón del interés de concretar la intervención en Venezuela al control sobre el petróleo no es por razones comerciales o económicas; y menos por necesitar de ese abastecimiento: Estados Unidos produce más de lo que consume. Es para atacar a China donde es más vulnerable, ya que ella depende en más del 90% de las compras del exterior.
De hecho, también es por eso que buscan pretextos para justificar un ataque a Irán; no es porque les choque que lo gobierne un autócrata, ni porque les indignen las características de la religión musulmana, ni porque temen que se conviertan en una potencia nuclear. Es porque es el segundo proveedor de petróleo para su enemigo. Y con Rusia como el otro proveedor ocupado con Ucrania, el cortar esas tres fuentes de energía sería paralizar a China, sería como desconectar el motor que mueve la.
Las guerras adelantadas y/o apoyadas por Trump son jugadas dentro de la guerra contra China. Y en ésta ya se han realizado actos de guerra y cometido crímenes de guerra. La guerra mundial está iniciada: falta ver cómo responder ‘el enemigo’.
Juan Manuel López Caballero

