La finalización del contrato de El Cerrejón en 2034 representa un reto estructural para La Guajira, pues el carbón ha sido durante décadas el principal motor económico del departamento. La planeación preventiva debe partir del reconocimiento de que la economía local no puede depender de una sola industria y necesita diversificarse para evitar un vacío económico abrupto.
Un primer plan preventivo consiste en crear un fondo de transición económica, financiado con parte de las regalías actuales, para invertir en sectores productivos alternativos. Este fondo debe ser blindado jurídicamente para impedir su desvío y garantizar su uso exclusivo en proyectos de diversificación.
Es esencial fortalecer un plan de reconversión laboral para los 12.500 empleos directos e indirectos ligados a la minería. Esto incluye programas de capacitación en energías renovables, agroindustria, turismo, logística y tecnologías digitales, sectores con potencial de expansión en La Guajira.
En paralelo, se requiere una estrategia correctiva que permita recuperar y restaurar los territorios intervenidos por la minería. La rehabilitación ambiental generará empleo temporal y permitirá recuperar suelos para agricultura, ganadería, conservación de biodiversidad y usos comunitarios.
Otro plan fundamental es consolidar un centro departamental de formación técnica y tecnológica especializado en trabajos del futuro: mantenimiento de parques eólicos y solares, programación, automatización, emprendimiento y gestión ambiental. Esto modernizará la mano de obra local.
Uno de los reemplazos naturales de la minería es la energía renovable, dado el potencial solar y eólico único en Colombia. La Guajira puede convertirse en un hub energético capaz de producir y exportar electricidad e incluso hidrógeno verde, generando empleos de calidad y estabilidad económica.
Para fortalecer este cambio, se debe implementar un plan preventivo que mejore la infraestructura eléctrica y portuaria, permitiendo que los parques eólicos funcionen plenamente y que nuevas inversiones lleguen sin trabas logísticas.
También es crucial desarrollar una agroindustria adaptada al clima guajiro, con énfasis en cultivos resistentes a sequía, sistemas de riego tecnificado y encadenamientos productivos con mercados nacionales e internacionales. Esto puede absorber parte importante de la mano de obra local.
En el área correctiva, el departamento debe modernizar la gestión del agua. Sin agua no hay turismo sólido, agricultura ni industria energética. Se deben combinar plantas desalinizadoras, optimización del acueducto regional y protección de fuentes hídricas para garantizar seguridad hídrica sostenida.
El turismo cultural, ancestral y ecológico constituye otra vía estratégica para reemplazar ingresos. La Guajira tiene potencial para un turismo étnico, paisajístico y de aventura de alto valor, siempre que se desarrollen planes de seguridad, vías adecuadas, alojamientos sostenibles y capacitación a comunidades locales.
Como medida preventiva, el departamento necesita un nuevo modelo de gobernanza de regalías, enfocado en proyectos productivos y no en obras improvisadas. Una correcta planeación permitirá que las regalías acumuladas antes de 2034 se conviertan en motores de empleo y no en gastos efímeros.
En materia correctiva, es necesario revisar la deuda social acumulada en las zonas mineras: vivienda, salud, educación y saneamiento básico. Mejorar la calidad de vida permitirá una transición más justa y reducirá la dependencia de la minería como única fuente de bienestar.
La transición también debe incluir el fortalecimiento del emprendimiento local. Programas de microcréditos, incubadoras de negocios y apoyo a pequeñas y medianas empresas pueden generar nuevas fuentes de empleo y dinamismo económico… Para reemplazar los ingresos fiscales de la minería, se necesita una reforma local que dinamice la formalización empresarial, mejore el recaudo, promueva inversión privada y amplíe la base tributaria no minera. Esto reducirá la vulnerabilidad fiscal después de 2034.
En síntesis, el fin del contrato de El Cerrejón no debe verse como una crisis inevitable, sino como una oportunidad histórica para reorientar la economía de La Guajira. Con planes preventivos integrales, correctivos ambientales y sociales, y un fuerte impulso a energías renovables, turismo, agroindustria y tecnología, el departamento puede reemplazar los empleos y regalías del carbón con una economía más diversa, sostenible y resiliente.
Hernán Baquero Bracho

