¡RIOHACHA! ENTRE EL DESORDEN QUE APLAUDIMOS Y LA CRISIS QUE FINGIMOS NO VER

Por estos días, Riohacha ya no necesita una lupa: basta con abrir los ojos —si es que todavía los queremos abrir— para notar que la capital guajira está atrapada en una mezcla explosiva de mala gestión, falta de autoridad, desgobierno y un civismo que parece haberse quedado en vacaciones permanentes. Mientras la ciudad se deshilacha, nosotros, sus habitantes, seguimos actuando como espectadores de lujo en un teatro que se cae a pedazos.

La cruda verdad es que Riohacha no está en crisis por un solo culpable, sino por una larga cadena de omisiones compartidas. Y cuando un territorio se hunde por culpa de todos, da más miedo la costumbre que la tragedia.

 

UN GOBIERNO LOCAL QUE ADMINISTRA EMERGENCIAS, NO SOLUCIONES.

En Riohacha la política funciona como un eterno reinicio: cada cuatro años se repite el libreto. Nuevas sonrisas en campaña, nuevos slogans, nuevas promesas de “cambio”, pero la ciudad sigue sin resolver lo elemental: agua, orden, seguridad, infraestructura, espacio público, turismo coherente, planificación real.

Las obras estructurales son un mito urbano: todos hablan de ellas, nadie las ve. Los planes estratégicos se anuncian con entusiasmo, pero terminan archivados entre excusas y diagnósticos repetidos. El control del espacio público se volvió opcional, la movilidad es un caos normalizado, y el acueducto parece condenado a la improvisación perpetua.

Riohacha no puede seguir gobernándose con comunicados de prensa, sino con carácter, técnica y autoridad real.

 

REALIDAD

Mientras la ciudad se desmorona, la política sigue orbitando alrededor de los mismos apellidos, los mismos intereses, las mismas rivalidades, los mismos “caciques” que confunden representatividad con propiedad privada del territorio.

No hay proyecto de ciudad, hay proyectos de campaña.

No hay visión a 20 años, hay cálculos a cuatro meses.

No hay liderazgo colectivo, hay feudos personales.

Y así es imposible construir una capital que funcione.

Riohacha no necesita más caudillos; necesita estadistas. No más improvisadores; técnicos que planifiquen. No más discursos; decisiones que duelan, pero sirvan.

 

LOS EMPRESARIOS: ENTRE LA QUEJA Y LA COMODIDAD.

Los comerciantes y empresarios riohacheros tienen un rol fundamental. Pero seamos sinceros: parte del desorden urbano también nace de ellos.

Negocios que ocupan andenes ilegalmente. Parlantes que transforman las noches en discoteca colectiva. Basuras sacadas a cualquier hora. Escasa participación en procesos de cultura ciudadana.

Exigen orden, pero muchos aportan al caos.

Riohacha necesita un sector productivo moderno, consciente, exigente y comprometido con su entorno. No uno que solo reclame: uno que dé ejemplo.

 

LOS LIDERES COMUNITARIOS: VOCES NECESARIAS, PERO NO SIEMPRE EFECTIVAS

El liderazgo social en Riohacha es valioso, imprescindible y muchas veces heroico. Pero también hay sectores que se quedaron atrapados en la protesta sin propuesta, en la crítica sin soluciones, en la denuncia sin fundamento técnico.

La ciudad necesita líderes preparados, articuladores, capaces de construir sin dividir, capaces de transformar y no solo de encender megáfonos.

 

LA JUVENTUD: TALENTO SOBRA, ESPACIOS FALTAN

Riohacha tiene una juventud creativa, talentosa, diversa, capaz de romper paradigmas. Pero ¿Dónde están sus oportunidades? ¿Dónde están los centros culturales? ¿Los espacios tecnológicos? ¿Las rutas de formación? ¿Los escenarios de emprendimiento? Una ciudad sin futuro para los jóvenes es una ciudad condenada a repetirse. Riohacha necesita a sus pelaos no como espectadores, sino como protagonistas.

 

Y AQUÍ VIENE LA VERDAD QUE MAS DUELE:

RIOHACHA TAMBIÉN SE ESTÁ CAYENDO POR CULPA DE SU PROPIA GENTE

Porque, digámoslo sin maquillaje:

¿Quién tira la basura desde la moto? ¿Quién estaciona en cualquier parte? ¿Quién destruye bancas y luminarias? ¿Quién usa el malecón como baño público? ¿Quién vota sin informarse? ¿Quién invade los andenes como si fueran propios? No son fantasmas. No es el Estado. Somos nosotros.  

 

En Riohacha, la cultura de lo mal hecho se volvió costumbre. Y la costumbre es más peligrosa que la corrupción. Una ciudad sin civismo se desmorona desde adentro.

 

IDEAS PROPOSITIVAS Y CONSTRUCTIVAS PARA Y POR RIOHACHA.

No basta con señalar. Hay que construir. Y Riohacha sí puede renacer, pero solo si todos dejamos de mirar para el lado.

  1. Un pacto cívico obligatorio

Campaña permanente con sanciones reales por basura, ruido, invasión del espacio público y destrucción del mobiliario urbano. El civismo debe ser ley, no deseo.

  1. Recuperación integral del malecón y el centro

Control 24/7, reordenamiento del comercio, zonas limpias, iluminación, vigilancia y un modelo turístico sostenible. El malecón debe ser vitrina, no vergüenza.

  1. Plan Maestro de Agua y Saneamiento

Metas medibles, vigilancia ciudadana, modernización de redes, cierre de conexiones ilegales y sanciones efectivas. Sin agua, no hay dignidad.

  1. Reforma administrativa para estabilidad y técnica

Burocracia profesional, continuidad en proyectos, menos politiquería y más gestión.

  1. Centros para la Juventud

Laboratorios creativos, espacios culturales, escuelas de liderazgo, deporte, tecnología y emprendimiento. Los jóvenes deben decidir, no esperar.

  1. Sector empresarial corresponsable

Formalidad, cumplimiento, sostenibilidad y participación activa. El desarrollo es una alianza, no una queja.

  1. Liderazgo comunitario con formación

Procesos de capacitación para líderes sociales, participación informada, mesas de diálogo reales.

 

RIOHACHA ESTA AL BORDE. O CAMBIAMOS TODOS, O NO CAMBIA NADIE.

La ciudad tiene historia, cultura, talento, belleza, identidad y una fuerza humana que no se encuentra en cualquier parte. Pero Riohacha no se salvará con discursos, diagnósticos ni indignación pasajera.

Se salvará con carácter. Con civismo. Con planificación. Con compromiso real.

Riohacha no merece este caos. No merece improvisación. No merece la mediocridad que se ha normalizado.

Riohacha merece respeto. Y ese respeto empieza en la calle, en el voto, en la casa y en la conciencia.

Porque esta ciudad todavía puede renacer. Pero solo si dejamos de fingir que no vemos la crisis que ayudamos a crear… y empezamos a construir la ciudad que sí merecemos.

 

William David Ospino Quintana

DESCARGAR COLUMNA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *