Nuevamente se encuentra el municipio de Fonseca en una interinidad admirativa. Con la reciente suspensión y la ya nulidad de la elección del alcalde Micher Pérez Fuentes, se repite un hecho como el que ya ocurrió en el año 2021 con la suspensión de Hamilton García Peñaranda. Aunque son casos completamente distintos, lo de Micher debía darse no por su persona, sino, como el desenlace lógico de una administración que nació viciada y terminó vacía. Viciada en su origen por hechos de violencia electoral y vacía en su ejercicio por una alarmante incapacidad de gestión.
Sin duda alguna, el 29 de octubre de 2023, quedará por siempre registrado en los anaqueles de la historia electoral de Fonseca, como una mancha, como uno de los momentos más vergonzosos de la historia democrática reciente del municipio. La forma violenta en cómo se impuso la repetición de una elección era más que suficiente para que se invalidara socialmente a esas fuerzas oscuras que propiciaron estos hechos.
La sociedad fonsequera vio como nunca, como se daba la destrucción de material electoral y el colapso del orden institucional, a manos vándalos que nunca tuvieron un castigo social. Si bien, Micher no perdió la alcaldía por estos hechos, si debió ser un elemento valido para perder su mandato. En política, como en la vida pública, hay líneas que no se pueden cruzar sin consecuencias. Aunque no se ha castigado a nadie por estos hechos, permitirlos envía un mensaje grave a las siguientes elecciones, que todo se puede hacer y que nada pasa.
Pero lo realmente cierto es que Micher en estos dos años de gobierno figuró como el fin de una de las peores administraciones. Él gobernó por más de dos años, tuvo suficiente tiempo, los recursos, las relaciones en el departamento y la nación, como también, todo el escenario de ser un municipio PDET, suficientes elementos para demostrar su capacidad de gestión. Pero hoy, en su paso por la administración local, resulta difícil señalar una obra, un programa o una gestión concreta que sirva como carta de presentación de su gobierno. Muy pocos serán los fonsequeros, tanto de oposición como de gobierno, que dirán: “él hizo esto”, “él dejó esta obra”, creo que ni en su propio corregimiento. Son más los incumplimientos a sus promesas que hoy están como evidencia en las redes sociales, de lo que iba a hacer y que en realidad no se hizo.
Pero sus férreos seguidores, ante la ausencia absoluta de resultados, siempre utilizaron la excusa más cómoda: con tantas demandas nunca lo dejaron trabajar. Y esta excusa, como siempre lo comenté, tanto en público como en privado, fue el argumento más débil e insultante para los fonsequeros. ¿Acaso el alcalde era abogado litigante, juez o magistrado de la Corte Suprema de Justicia? Gobernar no es tramitar expedientes, es dirigir, delegar, tomar decisiones y rodearse de equipos capaces. Si no delegó, fue incapacidad de liderazgo; si delegó mal, fue incompetencia; y si estuvo siempre cercado por malas asesorías, entonces la responsabilidad política y moral recae exclusivamente sobre él. Micher y sus asesores más cercanos nunca supieron gobernar.
Y en esto hay que ser claros, no es un ataque a la persona, es a la gestión pública, esta que no se mide por la cantidad de aplausos o por las buenas intenciones, ni mucho menos por la victimización política, se mide es por resultados, y es suficientemente visible que, en Fonseca, los resultados simplemente no existen. Esa es la verdadera razón por la cual su salida del cargo no genera conmoción ni defensa social significativa, en realidad, no hay legado que defender. Y le pregunto a sus defensores, ¿Cuántos proyectos fueron presentados ante el OCAD PAZ y aprobados? ¿Qué gestión de recursos o proyectos nuevos hay ante la nación, el departamento u otras entidades? ¿ya terminaron la recuperación del Estadio del barrio San José y la peatonalización de la vía Conejo? Unas promesas de campaña, ¿Cuáles son los proyectos de municipio que deja el alcalde?
Pero el otro escenario que se abre es bastante complejo. La posible convocatoria a nuevas elecciones va a ser costosa y esto será tanto para quienes representen la oposición como para quienes intenten sostener el continuismo. Costosas en recursos, en desgaste político y en confrontación. Pero para ellos y para Fonseca, será un desgaste mayor, una administración saliente que, dejará contratos firmados y compromisos amarrados para cumplir cuotas y favores. En todo caso, no van a querer perder la elección, pero tanto para oposición o continuismo, reducirá al mínimo el margen de maniobra del próximo gobierno.
Aquí aparece la paradoja más peligrosa para Fonseca. Es casi seguro que cualquier oposición seria, bien estructurada tenga altas probabilidades de ganar una elección atípica, pero el peor escenario posible sería que, tras ganar, llegue al poder un alcalde con la misma o menor capacidad de gestión. Si eso ocurre, la ciudadanía no esperará. El juicio será inmediato y demoledor, más si es opositor, “¿para eso querían ganar?”. Y ese mensaje no solo sepulta a un candidato, sino que liquida políticamente el futuro de quienes la encarnen.
Fonseca no necesita mártires políticos ni excusas jurídicas. Necesita gobierno, gerencia pública y ejecución. La crisis actual debería servir como advertencia, no basta con llegar al poder, hay que saber ejercerlo. De lo contrario, la política deja de ser una herramienta de transformación y se convierte, una vez más, en un ejercicio improductivo de desgaste colectivo. La historia reciente ya mostró el costo de la improvisación y de la falta de liderazgo. Repetir ese error no sería ingenuidad, sería irresponsabilidad.
José Armando Olmedo

