EL ZOOLÓGICO ELECTORAL: CUANDO LOS ‘THERIANS’ NO SON LOS JÓVENES, SINO LOS POLÍTICOS

Últimamente, si uno se asoma a las redes sociales, se topa con un fenómeno que viene del norte global y ya está aterrizando en nuestro patio: los therians. Para quien no esté en la sintonía, se trata de personas que sienten una identificación profunda, espiritual o psicológica, con un animal no humano. Hay quien se siente lobo, quien se siente águila y quien jura que su alma es la de un felino atrapado en un cuerpo de oficinista. Es una búsqueda de identidad en un mundo digitalizado, una forma de conectar con el instinto perdido.

Pero aquí, en este Caribe que hierve bajo el sol y donde la sangre a veces se calienta más que el asfalto, me permito hacer una pausa en esa tendencia trendy para lanzar una mirada cínica, pero necesaria, a nuestra realidad. Porque mientras los jóvenes buscan en su interior al animal que llevan dentro, en la esfera pública, especialmente en la política, no hace falta buscar nada. Ahí los animales ya salieron a la luz, y no precisamente los de la selva de Disney.

La verdad, señores, no necesitamos que la gente se identifique como therians. Lo que necesitamos es que los políticos dejen de comportarse como si estuvieran en la cadena alimenticia del Serengueti. Si analizamos el comportamiento político actual, el paralelismo con el reino animal es escalofriantemente preciso. Tenemos al León Caudillo, ese que ruge desde la tarima, que marca territorio con su apellido y que cree que la gobernación o la alcaldía es su cueva privada. No le importa la manada, le importa su melena. Luego está la Zorra Legislativa, experta en el arte del engaño, que promete el oro y el moro pero que, en la noche, cuando las cámaras se apagan, se lleva la gallina del corral público.

Y no nos olvidemos de los Loros Parlamentarios. Esos que no tienen criterio propio, solo repiten el guion del partido, cacarean lo que les dictan y vuelan en bandada hacia donde sopla el viento del poder. En el Caribe, donde la política suele ser más de pasión que de razón, este zoológico es particularmente ruidoso. Aquí el clientelismo es la carroña que atrae a los Buitres, a la espera del festín de los contratos mientras danzan en espiral sobre las necesidades del pueblo.

Pero el fenómeno therian en la política no solo afecta a los líderes; contagia a las bases. Y es allí donde el parangón se vuelve peligroso. Si el político es el depredador, ¿qué es el seguidor ciego? Lamentablemente, una Oveja. No la oveja inocente del cuento, sino la del rebaño que sigue al líder sin cuestionar lo que el pastor grita y se deja esquilar temporada tras temporada sin protestar.

La diferencia crucial entre un therian de internet y un therian de la política es la conciencia. El joven que dice sentirse un lobo en TikTok busca entendimiento y comunidad. El político que actúa como una bestia busca poder y dominación. Uno es una exploración del yo; el otro es una regresión de la civilización.

En este hábitat, aceptamos que el político muerda, que arañe y que marque territorio como si fuera lo natural. Nos hemos acostumbrado a que la democracia sea una lucha por el hueso más grande, en lugar de un pacto de convivencia humana. Por eso, la invitación no es a que nos identifiquemos con animales, sino a que exijamos humanidad. La política, en teoría, es la herramienta más elevada de la sociedad humana para resolver conflictos sin violencia, mediante la palabra y la razón. Pero cuando se convierte en instinto puro, en territorialidad agresiva y en ley de la selva, perdemos lo que nos distingue de las bestias: la ética.

Así que, la próxima vez que vean a un candidato rugiendo promesas imposibles o a una horda de seguidores (lagartos) atacando a cualquiera que piense distinto en redes, no piensen en la moda de los therians. Piensen en que estamos permitiendo que la jaula se abra demasiado.

Señoras y señores, en Colombia merecemos líderes que caminen erguidos, no en cuatro patas. Porque al final del día, el voto es humano, y la dignidad también debería serlo.

 

 Arcesio Romero Pérez

Escritor afrocaribeño

Miembro de la organización de base NARP ASOMALAWI

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