“ABELARDO DE LA ESPRIELLA, EL TIGRE QUE DERROTARÁ A PETRO Y CEPEDA”

Millones de colombianos expresaron con contundencia en las urnas: Abelardo de la Espriella se convirtió en el gran líder de quienes creen en la libertad, la seguridad, el orden institucional y el amor por Colombia.

Los más de diez millones de votos obtenidos en la primera vuelta presidencial no fueron simplemente un resultado electoral. Fueron un mandato ciudadano. Un llamado de millones de compatriotas que ven en él la oportunidad de construir un país más seguro, más próspero y más unido.

La primera vuelta dejó además una lección importante. Colombia sigue siendo una nación diversa, con múltiples sensibilidades políticas, pero también con valores compartidos que unen a la inmensa mayoría de los ciudadanos.

La defensa de la democracia, el respeto por las instituciones, la generación de oportunidades y la protección de las libertades siguen siendo causas capaces de movilizar a millones de personas en todas las regiones del país.

En la primera vuelta apoyé y voté por Paloma Valencia. Lo hice convencido de sus capacidades, de su preparación y de la firmeza con la que ha defendido sus ideas a lo largo de los años. Su candidatura representó principios que comparto plenamente y una visión de país que merece reconocimiento.

Precisamente por eso valoro y aplaudo la decisión que ella y el expresidente Álvaro Uribe han tomado de respaldar a Abelardo de la Espriella sin condiciones ni reparos.

Ese llamado demuestra grandeza política y comprensión del momento histórico que atraviesa Colombia. Cuando el futuro de la nación está en juego, las legítimas diferencias de una contienda democrática deben dar paso a un propósito superior: defender la República y construir una gran mayoría nacional capaz de enfrentar los desafíos del presente.

Por esa razón, en esta segunda vuelta mi apoyo a Abelardo de la Espriella es absoluto e irrestricto. La fuerza de su candidatura radica en algo que muchos no alcanzaron a dimensionar. Abelardo logró conectar con sectores sociales distintos, con ciudadanos que durante años sintieron que nadie escuchaba sus preocupaciones.

Su mensaje encontró eco en la Costa Caribe, en Antioquia, en el Eje Cafetero, en los Santanderes, en los Llanos Orientales, en Bogotá y en cientos de municipios donde millones de colombianos decidieron respaldar una propuesta basada en la autoridad democrática, el crecimiento económico y la defensa de las instituciones.

Esa conexión con las regiones explica buena parte de su éxito.

Colombia es mucho más que las discusiones políticas de las grandes ciudades. Colombia también son los comerciantes que abren temprano sus negocios, los campesinos que trabajan la tierra, los emprendedores que generan empleo y las familias que desean vivir tranquilas.

Son ellos quienes han encontrado en Abelardo una voz cercana, firme y comprometida con sus preocupaciones. A ello se suma una fórmula vicepresidencial de enorme nivel. José Manuel Restrepo ha demostrado ser uno de los hombres más preparados de la vida pública colombiana.

Su conocimiento económico, su experiencia administrativa y su capacidad para generar confianza constituyen una garantía para quienes esperan estabilidad, inversión, empleo y oportunidades para todos. La combinación entre el liderazgo de Abelardo y la solvencia técnica de Restrepo fortalece una propuesta seria para gobernar a Colombia.

La segunda vuelta no debe convertirse en una confrontación entre compatriotas. Debe ser una oportunidad para reencontrarnos como nación.

Por eso esta candidatura tiene el desafío de convocar no solamente a quienes ya han tomado una decisión, sino también a los ciudadanos de centro, a los independientes y a quienes observan con preocupación el rumbo del país y buscan una alternativa que les genere tranquilidad, confianza y esperanza.

Hoy Colombia necesita unidad. Necesita recuperar la confianza en sus instituciones y en su capacidad de salir adelante. Necesita volver a creer que el esfuerzo, el trabajo y el mérito pueden abrir caminos de progreso para millones de familias.

Por eso cobra tanta fuerza el símbolo del tigre.

El tigre representa carácter, valentía y determinación. Representa la decisión de enfrentar los problemas sin miedo y de defender aquello que consideramos valioso. Representa a millones de colombianos que no están dispuestos a renunciar a sus principios ni a su esperanza.

Desde las playas del Caribe hasta las montañas andinas, desde los Llanos hasta el Pacífico, Colombia habló en las urnas. Y el mensaje fue claro: millones de ciudadanos están listos para escribir una nueva página de nuestra historia.

La segunda vuelta será la hora de la unidad, del carácter y de la determinación.

Porque cuando la patria llama, las regiones responden.

Y porque Colombia ya encontró al tigre que derrotará a Petro y Cepeda y se llama Abelardo de la Espriella.

 

Víctor Mendoza Zárate

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