¿GILLES DE RAIS INVITADO A PALACIO?

Gilles de Rais nació y murió en la Francia de las guerras en el siglo XV; se le conoce como un acaudalado aristócrata villano que, tras quedar huérfano a la edad de once años, fue criado por un abuelo violento y abusador. Este oscuro personaje habitó Le Chateau de Barbe-bleue (El castillo de Barba Azul), dónde muy seguramente, perpetró sus atrocidades y depravaciones.

Gilles de Rais cabalgó y batalló al lado de Juana de Arco, con quien mantuvo una leal y estrecha amistad, hasta que ella fue acusada falsamente de hechicería, juzgada por la Inquisición y quemada en plaza pública en 1431.

A pesar de esa experiencia patriótica que lo llevó a obtener la distinción de “Mariscal de Francia”, Gilles de Rais dejó la vida militar, se retiró a su castillo entregándose a una vida de excesos, orgías, brujería y una profunda obsesión con el sexo y con la muerte.

La historia documentada en los cuadernos que sustentaron las pruebas en su contra, por parte del Tribunal Civil y Eclesiástico, narran hechos espantosos y jamás imaginados por la sociedad francesa de aquellos tiempos: “secuestraba menores y adolescentes para decapitarlos en las ordalías de su castillo, mientras a otros les cortaba las venas hasta verlos morir desangrados; luego, les abría el cuerpo y mantenía relaciones sexuales con ellos, mientras los despojos aún estaban tibios…”

Por estas prácticas macabras y repugnantes, Gilles de Rais fue acusado de asesinato, brujería y sodomía. El Tribunal lo condenó a ser ahorcado y quemado; ejecución que se cumplió a finales de octubre de 1440.

Cuando leemos o escuchamos narraciones como la anterior, generalmente asociamos la mitología y las leyendas centenarias: La Reina Lamia de Libia, Conde Vlad Tepes, de la Orden del Dragón (Drácula); la peste negra y la licantropía (Hombres lobos en la Europa del siglo XIV), etc, etc.

Sin embargo, la historia y los hechos reales, en muchísimas ocasiones, superan toda ficción legendaria: los emperadores romanos Calígula, Nerón y Heliogábalo, ciertamente existieron; Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon, un sanguinario de las SS alemanas, también existió; el chavista Diosdado Cabello, un torturador genocida y narcotraficante, aún está vivo y en funciones militares de Estado.

La barbarie que durante setenta años ha soportado la sociedad colombiana, tiene nombre propio: los grupos terroristas FARC y ELN. Los expedientes, las investigaciones y los testimonios recrean miles de historias aberrantes de torturas, secuestros, violaciones, reclutamiento de niños, abortos, fusilamientos y ahorcamientos; pero estos monstruos siguen delinquiendo, mientras otros nos dictan lecciones de moral, convivencia y paz desde el Congreso de la República, donde aspiran ser absueltos de todos sus crímenes, acompañados de un tribunal de sinvergüenzas, para quienes las víctimas son las culpables.

Todo esto lo traigo a colación porque se han escuchado unos terribles testimonios contra el expresidente Petro, por presuntos delitos de abuso de función pública y otros que se relacionan con detrimento del erario. Pero aquellos presuntos delitos no son nada comparables con los señalados de abuso sexual con menores de edad, la trata de personas y la promoción e inducción a la prostitución forzada.

No se trata si el expresidente consumía cocaína y tusi a diario; tampoco sobre su orientación sexual o sobre sus presuntas prácticas pederastas y depravadas de orgías en la Casa de Nariño; lo que no podemos aceptar los colombianos ni dejar impune la justicia, luego de aparecer penalmente responsable el señor Petro según las resultas de un proceso garantista, es que no exista una pena ejemplar, para que jamás se repitan estas conductas pervertidas y licenciosas por parte de un gobernante.

¿El fantasma de Gilles de Rais fue invitado a Palacio para la ocasión?

El decoro y la integridad de la figura presidencial debe rescatarse; la violencia y el abuso sexual contra menores de edad y/o mujeres, es una forma de esclavitud intolerable que en este país ha de erradicarse.  

 

 Luis Eduardo Brochet Pineda

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