SAMORE & LAS CÁMARAS DE VIGILANCIA

Fernando Ariza Urbina, mejor conocido en San Juan del Cesar como «El Gordo», (aunque no es gordo), es hijo de don Hernán Ariza Maestre y La «Yuya» Urbina Giovannetti. Fernando es el propietario de TECHNOLOGICAL SECURITY, una empresa dedicada a proporcionar planes de seguridad a sus clientes y uno de sus productos más conocidos es la instalación de cámaras de vigilancia en negocios comerciales, oficinas, bodegas, y especialmente en fincas y zonas rurales.

Don SAMORE Oñate es uno de los clientes de Fernando. SAMORE es dueño de un reconocido lavadero de autos en la Calle del Embudo en San Juan del Cesar. Es hijo de don “Cheme” Oñate y Eneida Daza, una de las mujeres más bellas de su generación. Fueron nuestros vecinos de infancia y de su familia guardamos entrañables recuerdos de convivencia muy afincados a aquellos tiempos en que San Juan del Cesar era un pueblo sin pavimento en sus calles, con servicio parcial de energía eléctrica, con seguridad ciudadana y sin servicio eficiente de acueducto, como hoy perdura.

Don SAMORE originó su apodo por la simplificación que se hizo del repetitivo saludo de su padre “Cheme” Oñate, quien a su hijo menor colmaba de besos y abrazos, mientras repetia:  Ay mis amores… mis amores…!!!

Y se quedó SAMORE por siempre.

Hoy en día SAMORE es propietario de una finca ganadera donde pastan semovientes bovinos de doble propósito. Y contrató los servicios de Fernando para instalar cámaras de vigilancia, intentando con ello evadir la acción de los cuatreros y de paso vigilar la conducta de su mayordomo rural.

Fernando, después de hacer el diagnostico en el terreno, instaló varias cámaras de vigilancia en los puntos más estratégicos de la finca. Dos de esas cámaras fueron localizadas dentro del corral, de tal suerte que SAMORE, desde las 4 de la mañana y sin levantarse de la cama, le timbra el teléfono al mayordomo.

– Rogelio…! ¿Qué pasa, que no han comenzado el ordeño…?

– Ya vamos a comenzar, don Elder…. responde Rogelio aún soñoliento.

Muy pocos saben que SAMORE en realidad se llama Elder Oñate. Yo tampoco lo sabía. Lo supe cuando le pregunté a Fernando, pues supuse que debía existir un contrato o propuesta escrita para protocolizar el servicio suministrado.  

Desde el inicio del proceso Rogelio, el mayordomo de SAMORE, estaba extremadamente incómodo con las cámaras de vigilancia que su patrón había ordenado instalar en la finca. Y en varias ocasiones había expresado en ininteligibles refunfuños, que estaba dispuesto a renunciar a su trabajo ante el «acoso laboral tecnológico» al que estaba siendo sometido.

Hasta que llegó la gota que rebosó la copa. Eso ocurrió un día cualquiera a las 5:35 am, cuando don SAMORE hizo timbrar el teléfono celular de Rogelio, quien se acababa de poner erguido después de ordeñar la vaca «Lucerito». Aún con el banquito de tres patas pegado al tafanario, como es usanza en los ordeñadores para lograr mejor eficiencia en la extracción de la leche, don Elder Oñate recriminó a su empleado con el siguiente regaño:

– Rogelio… porqué le dejate a “Lucerito” una teta sin ordeñá…????

Rogelio finalmente explotó y le envió al mundo entero un mensaje contundente, altisonante y definitivo:

– ¡Maldita sea el día y la hora en que pusieron aquí esas hijueputas cámaras, Nojoooodaaaa…!!!

 

 Orlando Cuello Gámez

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