El próximo gobierno que ha de gerenciar Colombia, y me refiero específicamente al gobierno encabezado por ABELARDO DE LA ESPRIELLA o PALOMA VALENCIA, en ese orden, descartando cualquier posibilidad de otros “frentes”, será la última frontera, la última ratio, para salvar y reivindicar la educación de nuestro país, que atraviesa uno de los períodos más pobres de su historia, enfrentando una crisis y una desconexión evolutiva verdaderamente asfixiantes.
No hablemos aquí de los actos de corrupción, de los actos delictivos, de las desfinanciaciones, de las decisiones ideológicas absurdas, y de otras yerbas que han crecido a la vera de un gobierno ausente y poco entendido en estas lides. Hablemos del precario estado general de cosas hoy, de los indicadores paupérrimos, y de un proyecto que aspira a rescatar el proceso.
Un importante informe investigativo de la Universidad de Los Andes, la Universidad Javeriana e Icesi, sustentado con datos oficiales del Sistema Nacional de Información de Educación Básica y Media (SINEB), arroja unos preocupantes indicadores con relación a la educación media; esto es, los grados décimo y undécimo: solamente 13 de cada 100 estudiantes (13%) que ingresan a la media, con edades entre 16 y 18 años promedio, logran graduarse alcanzando los aprendizajes básicos esperados para este grupo etario en esos niveles. Así mismo, la tasa de cobertura neta en la media para 2024, última estadística disponible, fue del 50.52 %, con tendencia a seguir bajando.
Esto quiere decir que la mitad de los jóvenes colombianos en este rango de edad que deberían estar cursando la media (Grados 10 y 11), están retrasados en su proceso formativo o se encuentran por fuera del sistema.
En cuanto a las Pruebas Saber 11, solo el 23% de todos los estudiantes que la presentan, alcanzan las competencias esperadas, desnudando la brecha enorme de la desigualdad regional, cuando en unos departamentos el 40% de los estudiantes alcanzó un nivel satisfactorio o avanzado en las competencias evaluadas, y en otros apenas llegaron al 1%.
A lo anterior, se suma este año, coyunturalmente, la crisis de los colegios privados que se han visto abocados al cierre en un número cercano a los 800, por diferentes factores como la contracción de la natalidad en Colombia y el mundo; la cartera abultada e irrecuperable a corto plazo, y los costos laborales que sobrepasaron cualquier presupuesto y proyección, debido al excesivo incremento del salario mínimo legal.
Frente a este panorama, en los últimos cinco años y como tendencia universal post pandemia, los jóvenes no ven la educación superior como un proceso de mediano y largo plazo que compense los esfuerzos personales y familiares; tanto económicos, como temporales y de reconocimiento social, ya que no garantiza la seguridad de un mejor ingreso o un acceso fiable al sector productivo, en términos de remuneración, estabilidad y calidad de vida. En este sentido los emprendimientos, el trabajo informal, las plataformas tecnológicas, la formación y capacitación específica de corta duración, son las opciones de mayor atractivo que responden a solucionar la ecuación del costo – beneficio ocupacional – educativo.
La ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE UNIVERSIDADES (ASCUN), ha llamado la atención del debate nacional con el nuevo Congreso y Presidencia, para que se aborde un real compromiso con el acceso, la permanencia, la financiación y la culminación de los estudios superiores, proponiendo diversas líneas estratégicas de política educativa, a desarrollar a partir del 7 de agosto próximo, entre otras:
- Disminución significativa de la deserción estudiantil que presenta altas cifras en los primeros semestres, especialmente, con sistemas de subsidios y apoyos financieros muy blandos y transparentes.
- Fortalecimiento para la educación pública y seguridad jurídica para la privada.
- Pertinencia de los programas académicos frente a un cambiante mercado laboral, respondiendo a las verdaderas necesidades de la producción, en clave tecnológica, temporal y de educación permanente o para toda la vida.
- Transformar la gobernanza del sistema y reorientar el aseguramiento de la calidad educativa.
- Impulsar una agenda para la adopción ética de la inteligencia artificial.
- Consolidar como política de Estado la internacionalización y el bienestar estudiantil en todo nivel.
- Conectar la universidad y la escuela con los diferentes sectores sociales, culturales y económicos del país.
- Que los 2 millones de jóvenes que hoy están por fuera del sistema educativo superior, sea una cifra inexistente a mediano plazo en aras de la equidad y la transformación social.
- Innovación, investigación y desarrollo como componente básico de aprendizaje en todos los niveles posibles, y muchas otras estrategias.
Para ASCUN, para el próximo Congreso y la Presidencia, repensar e invertir en educación, tanto superior como técnica, básica y media, del sector público como privado, salvará no solo la democracia, la economía, las instituciones y el futuro de nuestro país, sino también a las próximas generaciones que hoy solo perciben incertidumbre y escasas recompensas.
Luis Eduardo Brochet Pineda


Barrancas guarda en su gente una fuerza que no necesita gritarse: se percibe en la manera de organizarse, en la inteligencia que se transmite de generación en generación y en la unión que se convierte en su mayor riqueza. Esa unión, silenciosa pero firme, es lo que ha permitido que el pueblo siga de pie y sea ejemplo en la región.
El doctor Arcesio, con su escritura reflexiva y su mirada ambiental, ha sabido poner en palabras esa esencia: la de un pueblo que piensa, que se cuida, que se proyecta más allá de las dificultades. Su voz es la de un barranquero que entiende que la unión es más poderosa que cualquier diferencia.
Hoy, el alcalde joven y lleno de energía está a punto de entregar un nuevo barrio con 200 casas, fruto de la alianza con el ministerio. Ese barrio no es solo un conjunto de viviendas: es la oportunidad de narrar la historia de Barrancas desde su mayor riqueza, la unión. Que este espacio se convierta en símbolo de la tenacidad barranquera, en un lugar donde la memoria y la fuerza colectiva se hagan visibles.
Y que ese barrio no se quede en ladrillos: que sus calles se rodeen de murales artísticos que cuenten la historia del municipio, que la música autóctona acompañe sus celebraciones, que las memorias que solo los barranqueros guardan en sus corazones se pinten y se canten para que nunca se olviden. Que cada pared, cada esquina y cada casa sea testimonio de lo que significa ser barranquero.
Porque en Barrancas, más allá de las pruebas y las diferencias, siempre ha habido una verdad que sostiene todo: en la unión está la fuerza.
Pensé que por ser abogado era un mejor orador.
Son ellos de verdad? Al ver la foto de los candidatos presidenciales uno se pregunta si estamos frente a líderes actuales o frente a versiones rejuvenecidas de hace diez años. La imagen no parece aceptar el paso del tiempo, como si la edad fuera un error que debe corregirse digitalmente.
Este gesto no es trivial. Desde la psiquiatría, la manipulación de la propia apariencia para negar la edad puede leerse como un mecanismo de grandiosidad narcisista: una sobrevaloración de la imagen corporal que busca sostener un ideal imposible. El sujeto no se reconoce en su presente y se aferra a una representación que lo proyecta más joven, más fuerte, más “vendible”.
Desde la sociología, estamos ante un caso de gestión de la impresión: la identidad se convierte en un producto que se ajusta a las expectativas colectivas de juventud y perfección. Al no aceptar la edad, ( si fuera este el caso, ojalá no) se refuerza un modelo cultural que invisibiliza la vejez y glorifica lo eternamente joven, imponiendo estándares irreales que terminan afectando a toda la sociedad.
Y en el terreno del marketing, la estrategia es clara: se trata de autobranding. El político se convierte en su propia marca y la imagen editada es un recurso para ganar capital simbólico y votos. Pero este branding basado en la negación de la edad es frágil: puede otorgar visibilidad momentánea, pero erosiona la credibilidad y expone la distancia entre lo que se muestra y lo que se es.
En definitiva, cuando un candidato no se reconoce ni reconoce que no está bien mostrar una versión sobrevalorada de sí mismo, lo que se revela es una tensión profunda entre autenticidad y performatividad digital. Es el triunfo de la estética sobre la biografía, y eso, más que embellecer, desnuda una vulnerabilidad social y psicológica que debería preocuparnos