Pocos días atrás, el recién elegido Alcalde de Nueva York, el señor Zohran Mamdani, se reunió con el Presidente Trump para discutir y ponerse de acuerdo en los términos de una futura cooperación de gobierno en beneficio de la ciudad y la comunidad neoyorquina, a lo cual el Jefe de Gobierno se mostró totalmente dispuesto. Detrás del hecho práctico del encuentro, que para los observadores del mundo pudo lucir cordial y amistoso, hay, por supuesto, un trasfondo político excepcional.
Dueño de un claro talante socialista, este inmigrante ugandés, ciudadano norteamericano desde el 2018 y poseedor de una sólida posición política en el Partido Demócrata, no oculta su contradicción política con el aguerrido líder republicano que gobierna desde la Casa Blanca, sin embargo, la inteligencia política de los dos personajes fue superior a cualquier rencilla , lo cual permitió que, en una brevedad que sorprende, pudieran encontrarse para dejar sentadas las bases de una efectiva cooperación para el buen gobierno de la gran ciudad, que debe favorecer al final los intereses de la multitudinaria población. Mamdani, sin ceder un ápice de sus posturas y convicciones, entendió que necesita de la cercanía y respaldo del Gobierno Federal para asegurar el éxito de su gestión como Alcalde, pensando en que tiene ahora la oportunidad de impulsar con su propia mano programas sociales que conoce bien, como podría ser el caso de la vivienda para los más necesitados, asuntos en los cuales le viene muy bien la ayuda federal. El haber optado desde muy temprano por limar asperezas que pueden entorpecer su gestión es una muestra de inteligencia política que le coloca en un escenario “libre de tormentas”, al menos mientras comienza su trabajo en firme. En cualquier caso, pensará Mamdani que en lo personal sus diferencias políticas con Trump son irreconciliables, pero que tratándose ahora de su gobierno en la ciudad que le acogió como ciudadano y ahora le distingue como su gobernante, las cosas se ponen diferentes, puesto que prima por encima de todo su interés por hacer un gobierno excelente y marcar un hito histórico en una urbe hegemónicamente gobernada por líderes de derecha, de allí que decida acercarse a su enemigo principal para convencerle que le acompañe en la tarea, cosa que logró, lo cual representa un avance político formidable. He aquí una demostración clara de inteligencia y estrategia política, en tanto se sigue la línea de pensamiento que dice que siempre es “mejor tener al enemigo lo más cerca”, según sentenció Sun Tzu en su obra <<El Arte de la Guerra>>.[i] Pero además, una demostración de dominio emocional, que es un vector que puede ser gran aliado a la hora de establecer relaciones y alianzas políticas.
Aunque es cierto que no hay sorpresa en la actitud de Trump, porque el Presidente ya ha demostrado con creces que está dispuesto a hablar con quien considera que vale la pena: lo hizo con el ucraniano Volodimir Zelensky y lo ha hecho con su archienemigo Vladimir Putin cada vez que ha sido necesario, a pesar de lógica tensión que plantea el conflicto no resuelto entre las dos potencias euro-orientales; lo ha hecho con Benjamín Netanyahu a pesar de las complejas implicaciones que entraña el conflicto israelí con Hamas y otros aliados que se agazapan bajo la égida de Irán; y hemos de suponer que puede encontrarse dispuesto a conversar con el Presidente Xi Ji Ping si está precavido de la posibilidad de sacar ventajas para su Nación y su proyecto de gobierno. En suma, la inteligencia política de Trump estará a la vista cada día, mucho de lo cual ha de servirle para mantener su posición de ventaja en el contexto global, sobre todo cuando sabe que tiene tanto que dar a los países aliados y los mismos países tanto que pedirle. La buena actitud frente a Mamdani puede verse como un acto de astucia extrema para apaciguar los ánimos en el ambiente político y bajar la tensión interna entre demócratas y republicanos, que es producto de un resultado electoral que de seguro “no le gusta al Presidente” pero que tiene que tolerar con tal de deshacerse de posibles disturbios en aquella ciudad que es territorio sagrado de sus negocios e intereses. Así es que necesita también tener al enemigo lo más cerca posible, así como tiene que hacer ejercicio de dominio de sus emociones, bastante bien conocidas por el mundo entero y los norteamericanos, con tal de lograr el beneficio de gobernar sin sobresaltos incómodos. Y en ese mismo orden se muestra listo para conversar con el Presidente Maduro, con tal de evitar un tremendo gasto de fuerzas en Venezuela y el Caribe, posibilidad ésta que comienza a verse inútil e infructuosa.
Qué bueno fuera que esta consideración que hemos hecho hasta aquí fuese aplicable en nuestro medio, pero no, no es así, porque aquello de la “inteligencia política” parece aquí una rareza y lo del dominio de las emociones mucho más. No es sino asomarse a la ventana para ver la forma denigrante como se vienen tratando los aspirantes de corrientes políticas distintas y cómo se hacen presa de conductas violentas que caldean la campaña electoral, como si la elección de un Presidente fuese cuestión de “apuestas a ganador” en una efervescente pelea de gallos, o en una sangrienta riña de perros.
Sin ofender, perdonen la comparación, pero el Presidente de Colombia, en sumisa obediencia a su personalidad arrogante y vanidosa, prefirió actuar de manera completamente contraria a lo que indica la lógica geopolítica, al extremo de provocar en su “contradictor” de la Casa Blanca, y detrás de él en su gabinete completo, un “rechazo visceral” que hoy hace de toda gestión algo extremadamente difícil. Y saben ellos que el cuestionado mandatario no puede siquiera acercarse a sostener una conversación inteligente en promoción y beneficio de los intereses del país, porque no tendría cómo sacar una frase coherente, o hilar argumentos que puedan despertar interés en el principal socio comercial del país, principal aliado, además, en la lucha contra el narcotráfico, y principal receptor de migrantes colombianos altamente calificados, y uno de los principales oferentes de tecnología militar para enfrentar la situación de conflicto interno que vive Colombia. El Presidente escogió una táctica distinta: la de la crítica y el insulto persistente, unidos en la intención de promover desprestigio; la del desafío arrogante, tratando de lucir como líder de nuevos liderazgos de izquierda en el continente, mientras se cree a la cabeza de “una revuelta continental contra el imperio”, tal como se atrevió a pregonar en las calles Nueva York; o la táctica de atacar con peroratas interminables para dar luego la espalda y más tarde desconocer lo que ha dicho. Todo esto puede entenderse como un vacío de inteligencia política y desbordamiento de emocionalidades que están dirigidas a proyectar una falsa imagen de grandeza personal, sin medir nunca el perjuicio descomunal que le causa al país. Recientemente, su presidencia en la CELAC le ha dado los arrestos necesarios para pensar que en efecto domina el continente con la excepción de los dos países del Norte, y que probablemente saque de allí la alucinación de verse a sí mismo “en una posición más poderosa”. No deja de ser atrevido, pero ya se sabe que, una vez perdido el control emocional, se hace muy difícil medir las consecuencias de los propios actos.
La falta de inteligencia política viene a ser sin duda una calamidad en un Jefe de Estado, obviamente, porque coloca en alto nivel de riesgo su tarea de gobierno, pero también lo es en todo político que pretende acceder en las altas esferas del Estado, para lo cual es imprescindible construir un nombre y un prestigio que soporte el salir a las calles a despertar confianza para ganar el voto. El político dará señales de su inteligencia en la forma como se muestra como opción ganadora, la forma como construye su discurso, la consistencia con la que presenta sus propuestas de gobierno, pero sobre todo por la forma como se acerca – o acaso se aleja – del mensaje y posturas de sus oponentes, porque juega allí la capacidad de filtrar lo que no le conviene, mientras consolida alianzas y acercamientos que fortalecen su propia postura. Es propio de inteligentes el salvaguardar su mensaje mientras logra que otros, incluso con mayores oportunidades, se plieguen finalmente a su pensamiento y formas de ver las cosas para ventaja suya y beneficio general.
Tal cosa sucedió días atrás en Washington y debería estar sucediendo en Colombia con ocasión de las elecciones 2026 que ya se avecinan y que deben marcar un saludable paso hacia un nuevo Gobierno, pensando en la urgencia de dirigir su recuperación y pleno desarrollo. Pero no es así, dadas las señales de fractura y polarización política que se viven todos los días, y que pasan para nada desapercibidas, entre candidatos que antes que acercarse se apartan.
La impresionante explosión de más de cien candidatos presidenciales que pretenden llegar al proceso electoral en 2026 plantea un panorama desolador. ¿Qué es lo que sucede en el fondo? Lo primero que destaca es esa notable mayoría de candidatos que pretenden llegar mediante el mecanismo de “recolección de firmas”, lo cual deja de lado el papel que podían jugar los partidos políticos como organismos idóneos y competentes para realizar la tarea de convocatoria ciudadana y la preselección por méritos y capacidades. No sucede de esa manera porque la generalidad de los candidatos “sueltos”, aunque hagan o no parte de partidos políticos formales, no encuentran en ellos la plataforma y tribuna necesarias para hacer del ejercicio un proceso limpio, democrático y justo, sino que, más bien, se mira en los partidos un traumatismo azaroso carente de garantías reales. Por consiguiente, no es en el entorno de los partidos en donde se puede realizar con acomodo algo de inteligencia política. ¿Entonces dónde?
Semejante avalancha de candidatos debe disputarse el favor del electorado con presencia en las redes sociales, los medios masivos, los medios audiovisuales y la calle. Pensaríamos que se acercarán unos a otros para tratar de hacer consenso y unir fuerzas en la búsqueda de un “ganador posible”, pero en la realidad lo que hacen es acercarse a las maquinarias electorales que representan los partidos para armar coaliciones con alto potencial de votos, todo con la clara intención de derrotar contrincantes. No aparece “la propuesta política” como el vector que les une, tampoco el enfoque inteligente, pero sí el factor de conveniencia medido en el aporte de caudales posibles. ¿Habrá allí algo de inteligencia política? Parece que obra con mayor fuerza el cálculo de resultados electorales, como si lo único importante en el ejercicio de la política fuera el propósito de “ganar elecciones”. Allí no hay inteligencia, allí está sólo el trámite de conveniencia que permite conseguir “el resultado electoral” a cualquier costo. Probablemente sirva recordar la máxima de Maquiavelo a propósito de que “el fin justifica los medios”, lo cual quiere decir que todo acto, por más corrupto, cruel e ilegal que sea, puede justificarse si al final se consigue el resultado esperado. No sé a ustedes, mis lectores, pero a mí me parece ver reflejado en esto el papel del Ministro Benedetti en la campaña del Pacto Histórico.
Al final tenemos candidatos presidenciales, candidatos a los cuerpos legislativos, candidatos a los cargos territoriales, que sólo se fijan en la cantidad de votos que hay que conseguir para ganar el cargo o la curul, siendo así que tranzan lo que hay que tranzar, comprometen lo que hay que comprometer, negocian con quien sea necesario, atropellan a quien deban apartar del camino, prometen lo que haya que prometer, con tal de conseguir el resultado deseado de ganar. ¿Hay algo de inteligencia política allí? No está tan claro para mí, en cambio sí están en evidencia la tramoya política para torcer lo que hay que torcer, la maquinaria política para recaudar lo que haya que recaudar y comprar lo que haya que comprar, y así mismo y para coronar, el cinismo político, ciencia oculta en la cual el presente Gobierno, y también los anteriores, no hay necesidad de ignorarlo, han contado con verdaderos especialistas. Sé que nuestros amigos lectores conocen listas completas de este tipo de “angelitos”.
Algo de inteligencia política es necesaria para que los partidos se consoliden como instancia verdadera para la participación política, para que los buenos ciudadanos se empoderen de las oportunidades de participación y para que los buenos candidatos se muestren al final como excelentes gobernantes. Inteligencia política para que se apacigüe la polarización y se debiliten los extremos. Inteligencia política para que tomen cuerpo las propuestas de consenso que recogen y aglutinan en torno a la expectativa de tener y ejecutar buenos gobiernos, no las que promueven la violencia, el rencor y la división. Inteligencia política que permite el acercamiento de tendencias, no la separación y la confrontación entre personas que tienen la misma ilusión por una vida buena y próspera en cada rincón del país. Inteligencia política que florece en medio del diálogo franco y amigable, no en medio de las amenazas y motivaciones al odio y el rencor. Algo de inteligencia política que permita construir una ruta promisoria hacia la prosperidad y la paz.
¡Apostémosle a eso!
In Memoriam:
<< Hoy 25 de noviembre alzamos la voz en favor de todas aquellas mujeres que han sufrido y sufren hoy diversidad de violencias en Colombia y el mundo. Se conmemora el <<Día Universal de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer>> en memoria de las hermanas Mirabal, asesinadas en 1960 en razón de su activismo político en contra del Dictador Dominicano Rafael Trujillo. Las mujeres del país y del mundo y todos nosotros comprometidos en la eliminación de la violencia política contra las mujeres. >>
[i] Sun Tzu – <<El Arte de la guerra>> (500 A.C) . –
- https://www.google.com/search?gs_ssp=eJzj4tDP1TfISDcwMmD0kikuzVMoqSpVSM1RSCwqSVVISVXISVRIL00tKkoEAPa0DOg&q=sun+tzu+el+arte+de+la+guerra&oq=Sun+Tzu+El+Arte+de+la+guerra&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUqBwgAEC4YgAQyBwgAEC4YgAQyDAgBEEUYORjjAhiABDIHCAIQABiABDIHCAMQABiABDIHCAQQABiABDIHCAUQABiABDIMCAYQABgUGIcCGIAEMgcIBxAAGIAEMgcICBAAGIAEMgcICRAAGIAE0gEKMTkxMzJqMGoxNagCCLACAfEFI4ir6cMpQp8&sourceid=chrome&ie=UTF-8
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