ALGO MALO HABRÁS HECHO

Cuando alguien vive una situación adversa, difícil o dolorosa, no faltan quienes piensen que esa persona hizo algo mal y está pagando las consecuencias de sus malas acciones o malas decisiones.

Engañar a tu cónyuge puede traer consigo el divorcio; descuidar tu empleo, ser ineficiente e ineficaz, llegar constantemente tarde a tu lugar de trabajo, puede traer consigo el despido; ser desordenado con el dinero puede llevarte a la ruina; hablar de más, decir mentiras o entrometerte en la vida ajena posiblemente te hará perder grandes amigos; cometer un delito, probablemente te llevará a la cárcel.

Son muy comunes frases como: “Se cosecha lo que se siembra”, “cada quien recibe lo que da”, “tú la hiciste, tú la pagas” o “el karma existe”. Hay muchas otras frases bíblicas que soportan tales afirmaciones como “la maldad trastorna al pecador” (Prov. 13:6) o “los impíos están llenos de pesares” (Prov. 12:21).

Todo ello es cierto, pero no es una verdad absoluta y no, no estoy aquí para contradecir las escrituras porque eso sería una herejía o sacrilegio. La Biblia es un escrito sagrado, digna de ser respetada. Escribo estas líneas para decir que todo es relativo, que todo depende de la voluntad de Dios, que La Biblia hay que leerla en forma sistemática (como un todo), no solo aquellas partes que nos convienen, pues cada palabra fue escrita en el contexto de una determinada situación, y, aunque algunos versículos parecen ser generales, lo cierto es que no pueden tomarse de una manera folclórica, sino pedirle al Espíritu Santo que nos de entendimiento para poder comprender lo que realmente quieren decir.

Las Escrituras también dicen que “hay justos a quienes les sucede conforme a las obras de los impíos, y hay impíos a quienes les sucede conforme a las obras de los justos” (Eclesiastés 8.14), que Dios “hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”; un poco más sencillo, hay personas malas a quienes les pasan cosas buenas y personas buenas a quienes les pasan cosas malas y que todos, malos o buenos, contamos con la bendición de Dios de disfrutar del sol y de la lluvia. En ese sentido no somos quién para juzgar a nadie por muy bueno o por muy malo que sea o nos parezca, sea lo que sea lo que le suceda a alguien, lo debería conducir a una relación directa con el Padre para comprender, aceptar una situación, manejarla y buscar su dirección para salir de ella si es posible, relación en la que nadie debería opinar o entrometerse a no ser que sea para ayudar, animar, consolar o reprender con el fin de hacer volver al camino correcto a quien, en efecto, haya sufrido las consecuencias de sus malos actos.

En el capítulo 1 del Libro de Job, nos describe a un hombre intachable, de absoluta integridad, que tenía temor de Dios y se mantenía apartado del mal, ofrecía ofrenda quemada por si alguno de sus hijos había pecado. En el versículo 8, leemos como Dios considera a Job como el mejor hombre en toda la tierra; sin embargo, Job perdió sus 7 hijos y 3 hijas, sus 11.000 animales, sus sirvientes, en fin, todos sus bienes materiales, que eran muchos, pues también era la persona más rica sobre la tierra. No siendo suficiente el sufrimiento de Job, también recayó sobre él terribles llagas en la piel desde la cabeza hasta los pies.

Para colmo de males Job tenía 3 amigos, Elifaz, Bildad y Zofar, quienes equivocadamente pensaban que cualquier tragedia o sufrimiento era un castigo del pecado y en lugar de dar consuelo a Job, hicieron más abrumadora su situación. Afortunadamente al final de la historia se cuenta cómo Dios le devolvió a Job el doble de sus pertenencias y otros 7 hijos y 3 hijas.

Con lo anterior debemos recordar que las cosas malas que alguien sufrió, está sufriendo o sufrirá en la vida, no siempre fueron, son o serán consecuencia de sus pecados, así como sucedió con Job, Dios prueba la firmeza de nuestra fe, por tanto, en primer lugar, bien hacemos en no afirmar que alguien vive cosas malas porque algo malo hizo; en segundo lugar, tampoco demos por sentado que ser correctos o intachables impedirá que pasemos por pruebas y, finalmente, si nos cuesta consolar a quienes sufren, es mejor considerar el silencio que la acusación, la empatía antes que buscar explicación y tener consideración ante el dolor ajeno.

Oración: Señor, hoy entiendo que si bien es cierto toda causa tiene su efecto, no es menos cierto que la fe puede ser probada cuando tú así lo consideres. Enséñame a ser constante y a seguir confiando en ti, ya sea porque vivo las consecuencias de mis actos o porque simplemente estoy siendo procesado (a), pasado (a) por el fuego de una prueba que no necesariamente es la consecuencia de una mala acción. También te pido que guardes mis labios de acusar a los demás a partir de su sufrimiento y evitar pensar que si viven situaciones desfavorables es exclusivamente porque algo malo hicieron, sea cual sea la razón, permíteme ser un instrumento de consuelo, alivio, ánimo, ayuda y exhortación, mas no de condenación.  Amén.

Jennifer Caicedo 

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