Todos conocemos los 10 mandamientos, también sabemos que estos se resumen en dos mandamientos; el primero, “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente”; pero ¿cómo puedo amar a los demás si ni siquiera me amo a mí mismo?
El problema de la mayoría de las personas es que el amor propio depende de qué tan amado ha sido por los demás y es que esto aparentemente depende de qué tan tanto amor recibimos desde el vientre de nuestra madre; sin embargo, nuestra estima no debe depender ni siquiera del amor de nuestros padres, sino del amor con que fuimos creados por Dios.
Claro que necesitamos sentirnos amados, valorados, cuidados, es algo natural del ser humano, sin embargo, Las Escrituras, en ninguna parte dicen que debemos amarnos en la medida del amor que recibimos del prójimo, si así fuera estaríamos perdidos, pues el mundo cada día tiene más orgullo, más soberbia, más desinterés y más frialdad.
Por su puesto que siente bien recibir el amor de los demás y no es para nada agradable sentirnos despreciados, rechazados o ignorados, pero debemos aprender a manejarlo el amor propio no debe estar supeditado al amor o desprecio ajeno, porque eso puede incluso dañar nuestra relación con Dios. Muchas veces mis oraciones se han visto interrumpidas al no sentirme digna de las cosas que le pido al Padre y sentirse indigno es una señal de que nuestra estima está lastimada.
Ahora bien, es apenas normal sentirse indigno cuando pecamos, pero eso no nos hace eternamente condenados a no recibir el perdón, la gracia y el favor de Dios, es posible que podamos tener temor de ser rechazados por Él, pero recordemos que “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” Juan 4:18.19. ¿Está claro? El perfecto es Él, no nosotros.
Papá te conoce incluso antes de haber nacido y aun así, envió a su hijo a morir por todos. ¿Qué más amor que ese? Jehová te llamó por tu nombre desde el vientre, desde las entrañas de tu madre tuvo tu nombre en memoria. ¿Sabes por qué? Porque te ama con amor eterno (Jeremías 31:3)
¿Te imaginas que el amor propio de Dios dependiera del amor que el mundo le profesa? Sin pretender deshonrar su nombre, hasta Él tendría serios problemas de autoestima, pues muchos son los que a lo largo de la historia ni siquiera creen en Él, sino que incluso aquellos que nos llamamos cristianos le hemos fallado. Aun así, Cristo murió por crédulos e incrédulos, demostrando amor por todos.
Con esto Dios demostró y sigue demostrando que se ama así mismo, independientemente de cuan amado se sienta por nosotros, así que, siendo hechos a imagen y semejanza suya, bien podemos amarnos sin que ese amor dependa del amor que recibimos de los demás. El perfecto amor de Dios perdona todos nuestros pecados y borra nuestras rebeliones, es por eso que las personas que se aman a sí mismas no les cuesta tanto perdonar, una persona que difícilmente perdona es una señal de que poco se ama a sí misma.
Dios no espera que seamos perfectos para amarnos, así que no tienes que ser perfecto o esperar ser considerado perfecto para amarte. Que ese amor incondicional nos inspire a corregir nuestros errores y a perdonar los errores ajenos. Ámate tu primero, verás cómo es más fácil cumplir con su segundo y gran mandamiento “Amar a los demás como a ti mismo”.
Jennifer Caicedo

