AMORES CONTRARIADOS, LOS MÍOS. PARTE 2

El día que JJ llamó, después de 5 años, de haberse desaparecido del planeta mío, hablamos como de 8 de la noche a 4 dela mañana, nos pusimos a cuenta, lloramos, le conté de mi noviazgo, (estaba de novia con el papá de mis hijas) me pidió que lo esperara, que el no podía llegar el 27 de noviembre a casarse conmigo, como teníamos planeado 6 años atrás, pero que el 7 de diciembre estaría conmigo, no supe que decir.

Después colgar no podía dormir, volvió el amor y ahora que hago. Cómo mandado del cielo, mi novio llegó bien temprano en la mañana, me encontró hinchada de llorar, con mis cartas, fotos y postales -que releí esa madrugada- sobre la cama y sonaba fuerte en el equipo de sonido “Benditos Versos”.  Le conté lo que estaba pasando, sin saber si estaba bien, pero convencida de que era lo correcto. Historia larga corta, yo nunca había planificado, el lo hacía, ese día no lo hizo.  Alguien más decidió por mi, quedé embarazada, ahora debía asumir y avanzar. El 27 de noviembre como lo había planeado desde adolescente, en una cena con mi familia y algunos miembros de la de él, nos comprometimos.   No pude esperar a JJ.   Comencé un hogar, viví en medio de las infidelidades, durante 12 años. Terminó el día que entendí que no era él, quien debía cambiar, sino yo.

Empezaba apenas a amarme, respetarme y a reconstruir mi confianza de mujer, cuando una mañana de marzo sonó el teléfono de mi oficina, esa voz tan conocida para mí, me dijo después de saludarme: “Mira, voy a preguntarte por última vez, si al fin te vas a venir conmigo, porque yo debo definir mi vida, y si tú no vienes conmigo, entonces voy a casarme con Norma (Norma es una mexicana que siempre estuvo ahí para el, sabiendo que me amaba.   Ya que yo lo había rechazado tres veces antes, y está fue la cuarta, porque no sé si fue el hecho de que sentí que hablaba con otro hombre, o el hecho de que aún estaba recogiendo los pedacitos de mi, o ambas cosas, pero recuerdo que le dije: “Vaya y cácese con su mexicana desabría, al cabo que ni feliz serás con ella, porque no la amas”. Cuando quise reaccionar, ya me habían bloqueado de todos lados.   Otra vez dije lo que no sentía.

Eran las 12 de la noche y con la llegada de mi cumpleaños 43, llegó la voz que cada cierto tiempo llegaba a mis oídos para sacudir mi alma.

-Noralma Peralta? deletreado y pausado, con ese acento gringoquillero inconfundible, dijo JJ. Después del saludo consabido, las felicitaciones y buenos deseos, me deja saber que a las 3:00 de la madrugada saldría destino a mi, con nuestro compadre Jairo y su sobrino Bryan, cuadramos dónde y a qué hora los recogía y ya no pude dormir más. Ni nadie en mi casa.  ¡Ahora sí estaba sana del alma y libre!!  este era el momento preciso, por fin este amor tendría lugar.

Debo decir que fue un cumpleañazo cómo diría Chide Álvarez. En resumen, dejamos ni camioneta en mi casa, nos acomodamos los 6 (con mis dos hijas) en la camioneta que el había rentado y fuimos a parar a La Peña, recibí Flores, el ramo más grande que encontraron en San Juan con indicaciones que le agregaran más rosas rojas y Girasoles, Chocolates Ferrero, fragancia de flores orientales, serenata con la  guitarra de Hugues Martínez, (que lo hicieron devolver de Maicao a cantarme).  ¿Qué podría ser más perfecto? Súmele a todo, los CD con música seleccionada para mí con canciones como: Déjenme Quererla, Bendita Suerte, Gitana, amor de mi juventud, etc.   JJ gritaba voz en cuello “Gitana, decíle que yo la quiero, porque si no el desespero me partirá el alma”.   Tu Amor Me Hace Bien, de Mark Antony sonaba cada hora, mija pa’qui, mija pa’lla, baila que baila, pero hasta ahí.  Noté que con cada acto que hacía, gritaba: “te amo y quiero que te quede claro” pero había una cortina de hielo si me acercaba más de lo debido.   Eran las 3:00 de la mañana y nos vinimos de cuatro estrellas, para la casa para dejar descansar a “Chu”.

A esa hora me dejaba claro que yo era la hembra más hembra de la bolita del mundo y todo por cuánto me amaba y admiraba, más yo presentía que después de todo vendría el, pero, que nos había mantenido jugando al congela’o todo el día. En efecto, se lamento mil veces que nos hubiésemos reencontrado ahora y no 8 meses atrás, se lamentaba de haberse comprometido con una dama que junto a sus padres cuidaron de él en los últimos meses que fue diagnosticado con diabetes. Ella, el médico que lo atendió, se convirtió en su doctora de cabecera, el vivía solo, se había divorciado de norma al año de haberse casado -tal como le dije- en fin, los cuidados de la doctora y sus padres, llevaron a un corazón solo y en la lejanía a sentirse en casa y con familia, hacía 8 meses se había comprometido con ella y lamentaba hasta los huesos haberme encontrado después. Obviamente mis lágrimas rodaban sin pedir permiso, les urgía calentar mis mejillas heladas, deseaba que pudieran rociar un poco mi alma que tomaba el color de las sabanas de La Peña en enero.   ¿Me preguntaba a que vino? ¿Porque hizo todo esto? ¿Porque grita que me ama? Si solo vino a decirme que otra vez se casa. En fin, el dolor se volvió sueño, la adrenalina de todo el día se esfumó. Quizá queríamos morir y solo nos dormimos igual que el resto, de los que antes celebramos con tanta alegría.

Al día siguiente y ya de regreso a casa con traiteza y desesperación intenté que hiciera consciencia.   “Otra vez pasará lo mismo, te vas a volver a separar, tu no la amas, no lo hagas, escucha tu corazón… ¿A qué viniste? ¿Acaso tienes la esperanza que después de decirme y demostrarme que me amas, este amor se va a morir?  No va a pasar, son 23 años, 2 meses 18 días y este amor es más fuerte que las cucarachas, no va a morir, ¡ambos lo sabemos!! No lo hagas Precioso, te vas a arrepentir”. Quería meterme dentro y desestructurar esa me te cuadriculada y que se diera la libertad de fallarle a ella y no a él está vez. ” dejemos que los hechos hablen más que las palabras… no puedo prometer nada, si no estoy seguro de cumplirte, a ti no te haría daño jamás… Tu lugar en mi vida siempre será el más especial, más hoy no sé que hacer, me conoces, soy hombre de palabra y no te diré nada que no esté seguro de cumplirte…”

Serian las 5:00 de la tarde cuando lo vi partir, una sensación horrible se apoderó de mi. Coloqué mi enorme ramo de rosas en la sala de mi casa, saque de la nevera unos chocolates, de los que me trajo, para endulzar el momento amargo, me bañe de fragancia oriental y lloré, lloré, lloré.

Intenté por teléfono estar presente, lo hacía tímidamente, siempre he sido muy tradicional y no me sentía bien intentando que cambiará su decisión, pensaba que, saber que me amaba debía ser suficiente para él.   En fin, de todo pasaba por mi mente y mi dolido corazón. No era justo lo que me pasaba.

En resumen, terminé quemando mis cartas, fotos, postes todo, con la esperanza que allí se quemara también el sentimiento, intento inútil. En esos tiempos escribí poemas, los 13 capítulos de esta novela, que aún lloro cuando recuerdo que me la borraron.  ¡Asesino Literario de mierda ese!!  Todo iba a parar a su correo. Hasta que se casó y me lo dejo saber. Cerré la puerta, solo los saludos protocolarios de cumpleaños, navidad y demás, igual él. Hasta la semana pasada que, para escribir una crónica normal de mis Amores Contrariados, le escribí para precisar algunos datos. Lo saludé y le hice como 5 preguntas nombres y fechas que requería

-A que se debe la entrevista o el interés?, Me preguntó

Estoy escribiendo.  Le expliqué de que.

-Me lo imaginé desde un principio…como El Chavó…jaja!  ¡Gracias!

Después que me dio los datos, empezamos a hablar de lo que ganamos con los años y lo valioso que es ir alcanzando cierta edad por lo que aprendemos. “Pero lo importante es que aprendemos…especialmente de las malas decisiones… pero cómo decía Ghandi…” cuando sintamos que perdemos, debemos esforzarnos en no perder la lección…porque esa sería la verdadera pérdida”.    De ser así nunca perdemos…” Ganamos o Aprendemos” me decía.  “Me gusta esa visión. ¡Aprendí!! Es decir, ¡Cané!! Así duele menos lo perdido.  Voy a ver si me inyectó esa premisa y me convenzo de ella, a ver si perdono a mi hermana. Jajajajaja”  nos referimos a lo que habíamos vivido.  “Estoy seguro que sabes que ella creía estar haciendo lo que más te convenía…lo mejor para ti!  Pero, especialmente en cuestiones del corazón, debemos aprender a seguir a nuestro corazón porque es sabio.  Allí se conjuga DIOS…y toda la sabiduría y Amor”. Decía con tanta razón. “Lección aprendida. La más costosa y dolorosa de toda mi vida”. Dije.  “La lección fue mutua… Y el dolor también” afirmó. Seguimos hablando de la vida de ambos.

Me preguntó cómo me estaba yendo en mi nuevo hogar, “Feliz con lo que la vida me ha regalado. Dios es bueno” le dije.   “¡Intento ser feliz…tal como tú, buscando valorar y atesorar lo que tengo!  Cómo dice el dicho…”me tocó bailar con la fea y lo mejor que puedo hacer para no frustrarme es intentar disfrutar el baile” respondió a mi pregunta.

Hablando caímos en un tema que no habíamos tocado nacía ya 30 años.  “… A veces me conformo con pensar que no éramos el uno para el otro, o que te he idealizado, incluso, que tres parejas en tu vida muestran que yo habría sido una de ellas, que ya estaría en el pasado y tú en el mío. El asunto es que son suposiciones y no me basta para saldar la cuenta”. Le respondí.  “Entiendo y comparto mucho de lo que dices y sientes.  ¡Muchas veces imaginé que nos reuniéramos en algún lugar al menos para hablar frente a frente que carajo pasó…porque muchas de mis preguntas no tienen una respuesta satisfactoria tampoco…y las he rellenado con algo de mis suposiciones y entendimiento!  Hay tanto por hablar… que siempre he pensado: ¡no se le hizo justicia a tan hermoso sentimiento y aún reclama que al menos se le reconozca! Imaginaba el tono en que lo diría. Imaginé su añoranza.  “Quizás sea necesario sentarnos un día frente a frente y decir las verdades que cubrimos con orgullo” respondí.  “Me gustaría escuchar de ti…pero frente a frente, muchos detalles…desde donde estabas, que pasaba por tu cabeza, que influencias tenias, como lo justificabas en esos momentos, etc., etc.   Yo estaba solo en un país lejano y frío…con muy pocas personas con quien compartir y sin familiares.   Esas largas llamadas desde un teléfono público eran mis escapadas y la confirmación de nuestra conexión”. Vi venir a mí mente aquellos tiempos.  “me martillaba en la cabeza tu última llamada. Sentía que tenía una pistola en la cabeza y estaba obligada a decirte adiós, cuando solo quería volar a ti”. Le dejé saber.  “¡Mi corazón, cuerpo, y alma te esperaban!!!  Así que te puedes imaginar el choque al escuchar “no me llames más”.

Sentí en sus palabras, de nuevo el dolor de aquel día. “Me has dejado viendo un chispero. Cómo te atreves a tomar sola una decisión que es de los dos” dijo aquel sábado por la tarde hace 30 largos años. Sentí que necesitaba sanar su alma.  “Tu no puedes imaginar cuánto valor necesité para decir la estupidez más grande de mi vida…” dije. “Yo vivía para el día en que nos reuniéramos otra vez…” afirmé “Yo lo deseé hasta cuando te casaste y tuviste bebés!  Nadie es culpable de nada…yo solo no supe ni pude manejar muy bien las circunstancias, me quedé con desconcierto que se convirtió en dolor y luego en rabia! Afirmó. Imaginé su dolor revivir. Quise decirle verdades que lo liberaran.  “Mi mamá se echó un viaje a Barranquilla exclusivamente a exigirme que acabará esa relación o no estudiaba más y me trajo una carta de mi hermana, que fue más poderosa que la visita de mami, ella decía que su castillo de naipes se había derrumbado, que si yo insistía en lo nuestro no la amaba a ella, me ponía a elegir y quizás no sepas la influencia que ella tenía en mi vida en ese momento”. Le dejé saber.  “No sabía nada de esos detalles…pero imaginaba más influencia de tu Mamá…porque sabía que como madre te querría a su lado y no corriendo detrás de un loco en un país lejano.  Es sorprendente cómo podemos cambiar el rumbo de las cosas…con solo unas palabras”. Las lágrimas no me dejaban ver, vino todo el peso de ese tiempo tan doloroso para mí, escribía sin ver. “Las lágrimas no me dejan ver y escribo locuras”.  Dije.  “No son locuras…ya que las entiendo muy bien…porque son nuestras almas las que hablan…  Había evitado algo como lo de esta mañana…porque hay demasiadas preguntas, decepción, rabia, dolor, etc., pero tal vez era necesario el compartir que no fue fácil para nadie…y que hasta Tu hermana siente el peso de lo sucedido…  Habíamos hablado de un encuentro en Cartagena…y me agradó mucho la idea, pero todo eso también fue anulado…y terminó por confundirme y llevarme a cerrar la puerta!

Era momento de dar una explicación que yo misma no había tenido todos estos años. La tuve en ese preciso momento.  “Siempre he tenido miedo de fallar con el único que no quiero fallar: Tu. Mi estima estaba lastimada y pensaba mal de mi, en esos momentos.  Me llevó tiempo reparar los pedazos que quedaron de esta mujer. Llegué a pensar que no era suficiente… no fui capaz de perderte y te perdí.

Seguimos hablando de lo que pudo haber Sido y no fue, desahogando el alma como una catarsis necesaria.  “Mi conclusión es que tuvimos una excelente oportunidad con el mejor amor del mundo, ¡el amor sano y puro de jóvenes y tú inclusive adolescente… pero se nos escapó la liebre!  Nuestro jardín era grande y hermoso…pero también frágil y necesitaba cuidados que no supimos darle.  No te culpo ya que no es la intención al comentarte algunas cosas desde mi punto de vista y basado en lo que sabía por acá tan lejos…solo compartirte algo de mi sentir y lo que aún permanece taladrado en mi memoria.  Yo te esperaba ansiosamente y preparaba tu llegada añorando el sentirte mía…y soñaba con ese momento y con que me cuidarás en nuestro hogar, etc., etc.  ¡El amor tocó a nuestra puerta, pero no lo reconocimos a tiempo!!” escribía como si necesitara dejar salir los sentimientos guardados por tanto tiempo. “Siempre he creído que de haberte venido a USA aún estuviéramos juntos ya que hubiera estado feliz todo el tiempo!” Seguía vaciando el corazón, sentí su dolor y solo atiné a decir: “Perdóname!!” “Honestamente no hay nada que perdonar!  ¡Te bendigo hoy y siempre!”. “Amén amén. Creo que me tengo que perdonar yo” dije ante su nobleza.  “Nunca fue nuestra intención el maltratarnos…ni dañarnos…simplemente no reconocimos lo especial del sentimiento y la oportunidad…y sólo hasta ahora cuando miramos hacia atrás vemos su valor”. Creo que tuve miedo a ser feliz” le dije, contestando me a mi misma mi eterna pregunta ¿Por qué, siempre hice lo contrario?  “Tal vez haya otra vida y otra oportunidad. Mi locura es que me gustaría volver ver a tus ojos muy de cerca, y que tú veas los míos, ¡para asegúrame que te reconozco en la próxima vida…y qué tal vez tú también puedas reconocerme!  ¡Solo así, pienso en mis locuras que tal vez podemos hacerle justicia a algo tan bonito, sano, y puro, que simplemente no fue!  ¡Cuídate por favor… y se feliz tanto como puedas!” Oí en mi corazón terminar la frase, ya que conmigo no se pudo. “Gracias por dejar escapar tus sentimientos hoy. Está conversación ha sido sanadora. Espero que para los dos. Hoy no te digo como cuando me dijiste que te casabas con Norma. “Cásese con su mexicana desabrida!! ¡Al final ni feliz serán, porque no la amas!! Hoy deseo que seas feliz con tu venezolana, aunque jamás la ames como a mi. Te bendigo con toda bendición.

Noralma Peralta Mendoza

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