AUSENCIA LARGA Y RECUERDOS FECUNDOS

“Lo más lindo que la vida me ha brindado, una madre que nunca podré olvidar, y aunque se ha ido para siempre de mi lado, allá en el cielo me tiene que recordar”

Mientras asistíamos a la bellísima Eucaristía  a la memoria de mi Madre, presidida el Frayle José Gustavo en La Capilla de La Divina Pastora en la ciudad de Riohacha, recordé el aparte que antecede  de la canción titulada “Madre ausente” de la autoría de Emiliano Zuleta Diaz, que grabo con su acordeón y su voz, acompañado con el canto de Tova Zuleta, respecto de la cual, justo es  comentar que  nos  conto en la casa de Amylkar mi hermano en presencia del Coco su hijo, y del doctor Amadeo Tamayo que todavía no le había colocado el nombre, y fui yo quien le sugerí titularla así, a el le gustó y a si quedo.

Un 4 de febrero que para mi es como si hubiera sido hoy, mi Diosito se llevo el pedazo mas importante de mi corazón, se llevó consigo a la reina mía,, fue aquel el momento escogido por el para hacer posible que ella compartiera con su hijo Jesús el camino misterioso e inescrutable de la posteridad, pero ella no ha muerto, solo dejara de existir cuando yo cierre mis ojos para siempre, cuando transite también el umbral del mismo camino para nuestro reencuentro allá, donde nadie podrá hacernos daños, donde la luz divina resplandece para recibir con gozo la luz perpetua.

El vacío aquel de indescriptibles connotaciones, y la sensación de abandono nos abruma, el duelo por su permanente ausencia permanece incólume, su recuerdo y sus consejos me impulsan a perseverar en nuestra vocación heredada de ella y papá   de servir sin esperar contraprestaciones, solo para agradarlos a ellos y a Dios, porque decía que la vida es bella cuando entre nuestras más importantes metas esta servir a los demás, y su inteligencia natural, es la fuente inagotable para mi inspiración para que no se marchite ante la indiferencia, ni se haga arrogante ante los falsos halagos.

Madre porque te amo resulta ineludible llorar hoy igual que ayer por tu prematura partida, hoy sé  que derramamos a solas son las que más duelen, pero también son con la solidaridad de los verdaderos amigos que son aquellos que nos acompañan a llorar nuestros muertos el bálsamo que enjuga el fondo del alma cuando esta lacerada por el dolor inmisericorde, el bastón de apoyo cuando la aflicción  nos hace sentir que  es mejor caer que permanecer de pie ante lo brutal e inesperado.

En la morada eterna, el pasado es lo menos y el amor del Todo Poderoso hace de tu presencia una aureola de bienaventuranzas que se traduce en el caudal de bendiciones que vienen desde allá para proteger a la familia, así como lo hacías en tu vida terrenal, lo dabas todo y por todos, porque fuiste líder y hoy tu legado es nuestra guía.

Nos sorprende este nuevo aniversario con nuestro hermano Álvaro afectado en su salud, la ciencia esta haciendo su trabajo y Dios con tu intercesión se encargará de lo que falte, bien sabe el que ya hemos dado suficiente en este momento de temores y dolor colectivo para la humanidad, no esperamos lo que no merecemos, y terminaremos el día con todo optimismo porque sabemos que el altísimo con tu mirada vigilante tienen el control de todo.

Que orgullosos nos sentimos de haber nacido de tus entrañas, que alegría sentimos cuando encontramos gente buena y agradecida que nos cuentan que tu le serviste cuando necesitaron piedad, que satisfacción tan grande experimentamos cuando nos enteramos que en duros momentos de grandes tribulaciones, fue tu intervención y tu presencia la que coloco los buenos oficios para salvar vidas y amparar tu pueblo de la hecatombe, por eso aunque no estas físicamente, tu huella indeleble aquí quedó como testimonio de tu paso entre nosotros y como brújula para cambiar el rumbo de la existencia de tu gente.

Me imagino que el Rey de los cielos debe estar satisfecho por tenerte sentada a su derecha, sabe que fuiste buena madre, buena hija, buena hermana, buen familiar, incondicional con los amigos y tus amigas y sobre todo un alma de Dios en tus procederes.

Gracias a mi padre por haberme regalado una madre tan maravillosa, cada día nos hace mas falta, y seguramente nosotros a ella, no hay allá quien le de los masajes con alcoholado que yo le daba durante las noches, y nadie podrá cortarle sus uñitas como lo hacía yo.

Madre gracias por tu ejemplo.

Luis Eduardo Acosta Medina

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