CAMINANDO EN SUS HUELLAS

Miro atrás y veo a una mujer con la cabeza envuelta en una pañoleta, barriendo el patio con una escoba de “Yerbita de Paraco”, cantando Los Sabanales. Para entonces ya había prendido el fogón, hecho café, y esperaba que se hicieran más brasas para asar las arepas del maíz que habían pilado “Macha” y “Chio” la tarde anterior.

Miro en el retrovisor y veo la mujer más impactante que yo conocí, fue un personaje sacado de un libro que “Gabo” no escribió y que yo tengo en ciernes

Mi mamá, Celedonia María Mendoza, sin segundo apellido porque mi abuela (QPD) se separó de su primer esposo sin registrar a las niñas. Digo su primero porque tres maridos tuvieron mi abuela. No piensen mal, déjenme honrar la memoria de mi abuela.   Ella se casó muy joven con un señor de mal temperamento y desobligado, Celedon Zubiria, de quién se divorcio después de tener sus dos primeras hijas, Celedonia y Celina.   Estando tan joven, bella y llena de vida, se volvió a casar con Martínez, un señor trabajador y bueno, pero no tenía control sobre la bebida. Murió ahogado en un aguacero, borracho. Con el tuvo dos varones: Milton y Sinforiano “El Baute” (de quién hablaremos en otra ocasión).   Pasado el luto, Patricio Villero se prendó de La negra con cuerpo aguitarrado, de ahí nació mi tío Rafael Patricio.  Lo demás que digan, ella lo negó (y yo también lo niego).  En fin, hablábamos de mi mamá.

Se casó a los 15 años y tuvo su primer hijo a los 16, “Tide”, el Celedonio mayor, también parió a “Macha” de su esposo José Mendoza.  Se separó y luego unió su vida para siempre con la de mi papá, Juan José Peralta.  En adelante los llamaré Papá Juancho y Mamá Cele.

Convivieron 56 años y criaron nueve hijos, se conocieron en un baile, el hombre bailó toda la noche con una bella mujer de temperamento festivo y de temple regio. Al día siguiente le pregunto por la dama al Negro Bolaños (quien lo llevo a La Peña) y le pidió que le llevará a ver de día lo que tanto le había gustado de noche. Con la excusa de comprar un par de medias llegaron al pequeño almacén de mi abuela.  Para suerte del caballero flaco, desgarrado de 1.86 de estatura, ojos grandes de pestañas largas y cejas gruesas, la dependiente era la joven bien tallada, de rostro encantador, cabellos ondulados, mirada juguetona y risa alegre, de la noche anterior.   “Me gustó más que en la noche” me dijo papá Juancho. “Le agarré la mano y le dije que la esperaba en la tarde donde “El Negro” Bolaño, Cuando ya perdía las esperanzas, la mujer llegó.   Desde ese día nos enmuñecamos, estuve dos semanas en Badillo, no aguante más, regresé y me quedé con ella hasta que la muy cobarde me dejó solo”

“Yo era un jornalero, y ella muy hábil pa’ los negocios. Desde el primer jornal que se lo trabajé a “Toño” Joaquín, hasta el último queso que vendimos, lo puse en sus manos, no sé cómo hacía, pero ella multiplicaba, ahorraba, invertía, Pagaba los gastos de la casa, de los estudios, de la ropa para todos, la comida, las cuotas del banco, todo.  Ella era de pensamientos grandes, no le tenía miedo a nada y conseguía lo que se proponía, yo la apoyaba en todo y ella a mi”

Una de las cosas que hicieron juntos fue atender la finca de Aníbal Aragón, ubicada en Guamachal, un caserío de San Juan del Cesar.   Mamá Cele quedó embarazada de la tercera hija hembra, La Gran “Ocha” y vino a parir a La Peña para contar con los cuidados de su familia. Después de recibir y brindar por su hija Papá Juancho regreso a su trabajo.

Mientras Mamá Cele guardaba la dieta, Papá Juancho fué a una fiesta en Guamachal un sábado por la noche, al calor de los tragos y con la abstinencia en su punto, decía que necesitaba una hembra que se fuera a dormir con él esa noche, una muchachita de 14 años le había puesto el ojo y literal le agarro la caña. La niña era virgen y su familia reclamaba la falta, exigiendo que se casará, lo metieron a la cárcel, pero el papá y los tíos insistían en   matarlo si no se casaba.

Al enterarse Mamá Cele, fue donde Aníbal, el patrón y le dijo: “tenemos que sacar a Juan José de la cárcel y evitar que lo maten, necesito plata y que usted arregle el matrimonio”.   Aníbal le dio el dinero y Mamá Cele compró camisa, pantalón, zapatos, medias, le cogió la basta al pantalón, planchó la ropa y fue por papá Juancho a la cárcel, el día señalado, le echo la bendición y lo dejó en la iglesia. Mamá Cele regreso a La Peña a cuidar su recién nacida y papá Juancho se fue a iniciar su nuevo hogar.

Pasada la dieta, mamá Cele cuál amazona real, va en su caballo a Guamachal a reclamar su hombre. Papá Juancho regresa a casa (menos mal porque me habría quedado yo en el tintero).   Para hacer el resto de la historia larga, corta, tuvo dos hijos con Edilma, nació Gustavo (QPD), al mismo tiempo que Vicky, y Fernando, dos años antes que yo.

Cuando conocí esta historia me explotó la cabeza, no podía creer que una mujer hiciera tales barbaridades. Luego que tuve hijas entendí, que Mamá Cele era la chacha de las mujeres.

Mamá Cele quería alejarse y alejar a su hombre de esas tierras de sufrimiento, así que le propuso a papá Juancho que dejara de trabajar en fincas.  “Vamos a vender chirrinchi, con eso comemos y nos defendemos” le insistió. Papá Juancho aceptó.

“Con la liquidación me compré una radiola y una bocina, y empezamos a vender chirrinchi. Ahorramos y compramos un lote dónde contruimos una casa de barro, ampliamos el negocio y lcon un local y una enramada con piso, un nuevo equipo de sonido con parlantes y consola; así la venta de chirrinchi se convirtió en cantina y pista de baile.  Tiempo después arrendamos una mesa de billar y cuando mejor nos estaba yendo, el dueño nos la quitó para arendarsela a “Borre”.  Pero no nos achicopalamos, fuimos al Valle y compramos a crédito tres mesas, nos quedamos sin pista de baile porque ahí colocamos las otras dos mesas. Se creció el negocio, le pusimos nombre:   La Hamaca Grande”, cuenta con rostro de añoranza mi viejo.

Yo recuerdo que en La Hamaca Grande había una bocina instalada en un palo como de 5 metros, que era redondo abajo y estaba colocado en la pieza del molino dónde va la Corona, lo que le permitía al palo girar (tecnología de última generación). El sonido ya no solo era para los que estaban en o cerca de La Hamaca Grande, sino a todo el pueblo.

Con la novedad de un micrófono, mamá Cele se convirtió en locutora.  Un día llegó Cristóbal al pueblo, después de estar por más de un mes cogiendo algodón en alguna de las fincas cercanas, y enamorado como estaba de Jovita,  sin poder llegar a su casa porque no era aceptado por su familia, le urgía expresarle sus sentimientos, no le era suficiente colocar la bocina en su dirección con la canción que los unía,  así que le pidió consejo a mamá Cele, a ella se le ocurrió dedicar la canción; tomo el micrófono,  carraspeó  la garganta y dijo: “Esta selección musical va dedicada a ya tu sabes quién, con amor de Cristobal”. Fue una sensación.

Luego llegaron los avisos comerciales “Ripitií, ¡ripitá Jacobo y Rafael Joaquín Van a matá!! Mañana hay compañía Para el Puyú (arroz), carne, carne fresca, mañana, dónde JaJacob o Sensacional día de Campo, en La casa vieja, todos, todos a acampar este 20 de Julio día de la Batalla de Boyacá”. Así dicen los peñeros que lo anunció.    Las complacencias del día de la madre eran lo mejor, desde el día anterior estaban llegando los papelitos con las solicitudes de los hijos, obviamente la primera que sonaba era la de ella para mi abuela: “por ser hoy día universal de las madres, recibe mis más sinceras felicitaciones la señora Natalia Mendoza de parte de sus hijos y sus nietos, con la selección musical Mañanitas a Mi Madre”.  Otra elegancia eran Las complacencias de cumpleaños: “hoy se encuentra agregando una perla más al collar de su existencia la encantadora jovencita Ruth Estela Peralta, recibe felicitaciones de tus padres, amigos y familiares, felicidades en tu onomástico”. Yo no sé de dónde sacaba el repertorio, además le acompañaba una voz radiofónica. Nace en ese momento la emisora La Voz del Desierto, así la bautizo William Mendoza (QPD)

Ana Tere (tartamuda), la esposa de Jacobo, quería oír los anuncios en La Voz del Desierto, buscaba y buscaba en el dial de su radio, pero no lograba sintonizarla. Inconforme batió el radio contra el piso y le dijo a su esposo “te te te Jacobo, te te te esté radio no sirve, te te te cómprame otro, te te te que agarre te te te La Voz del Desierto”.

“Cuando llegaron los billares, quedamos sin pista de baile, así que le compramos a “Donche” el lote de al lado, construimos, la caceta Noche de Estrellas, hasta Diomedes Díaz tocó ahí, en fechas especiales traíamos conjuntos y los fines de semana y otras fiestas se hacían bailes con el pickup… ahí mismo teníamos una tiendecita”. Cuenta orgulloso Papá Juancho.

“Cuando ustedes se fueron para la universidad, el barro se puso duro, pensamos que debíamos hacer algo, pa’ que ustedes pudieran seguir, nos fuimos pa’ Calabacito, que ahora es Albania, nos fue muy bien, montamos una tienda grande, me llevé los billares, pero no funcionó, se los vendí a “Coche”. Compré una 350 y entré en el negocio de la gasolina, también nos fue bien hasta cierto punto,  cansados de tanto trajinar y con ustedes ya profesionales decidimos compra unas tierritas pa’ pasá la vejez, la compré con hierro, entregué los dos camiones de viaja la gasolina y me dedique sol a sol con mis lomos a trabajar la tierra, Celedonia me ayudaba  a administrar y prosperar  la  Después de Viejo (la tierrita); yo trabajaba duro, ella llevaba las cuentas, organizaba la vacunación, la liquidación de los trabajadores, hasta la compra de pasto en verano. Hicimos todo lo que nos propusimos, cómo dicen por ahí, fuimos un buen equipo.   En la vejez he perdido la vista, no veo sino bultos y ella era mis ojos, ahora es difícil caminar sin ella, vivir sin ella. Mi fiera se me volvió cobarde, está vez no luchó, yo se que le hubiera gana’o a la muerte, pero la muy cobarde se dejó morir.

Podría escribir un libro, pero no es fácil escribir llorando.

Noralma Peralta Mendoza

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3 comentarios de “CAMINANDO EN SUS HUELLAS

  1. Yulibeth dice:

    Quien escribe este pequeño resumen hace no solo remembranzas de una mujer galante, luchadora, valiente, sabia… Gracias Noralma Peralta MENDOZA por hacer honor a nuestra mamá CELE.

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