Censores de la democracia

_Profesor de la Escuela Superior de Guerra_

Especial para el magazine «Ojo Pelao’»

Al fragor del conteo de votos y en medio de una tensión inusitada, se presentó en los EEUU un gravísimo atentado al derecho a la información que ha pasado inadvertido.

El 5 de noviembre, a eso de las 7:00 de la noche, y en un ambiente tan preocupante, el presidente Trump se dirigía a la nación.

De un momento a otro -y como si se hubieran puesto de acuerdo previamente-, varias cadenas nacionales cortaron al Jefe del Estado, so pretexto de que estaba desinformando.

Semejante actitud, revela varios problemas que todo demócrata de cualquier país del mundo debe ventilar, sin importar que el asunto haya acontecido en los EEUU y, más aún, sin importar la tendencia ideológica individual.

Primero que todo, es claro que las cadenas de TV en una sociedad democrática son privadas y, por tanto, son libres de emitir o no emitir lo que se les antoje, siempre y cuando respeten las leyes, como es apenas obvio.

Pero al tratarse de un oficio cuya esencia es la del servicio al público, las apetencias individuales tienen un límite y, más allá de lo legal, hay un criterio moral universal que se impone en cualquier circunstancia : garantizarle al ciudadano su derecho a estar informado.

Segundo, y dicho de otro modo, ningún conglomerado de medios puede arrogarse la potestad de editar un discurso en vivo de un Presidente, no solo porque es del interés general, sino porque el consumidor tiene el sagrado derecho a percibir los hechos tal como son, y no como los periodistas quieren que sean.

Tercero, eso significa que los ciudadanos tienen la libertad de formarse sus propios juicios y opiniones sobre los hechos y que nadie puede sentirse tan poderoso como para impedírselo, impunemente.

Cuarto, al comportarse de tan arbitraria manera, las cadenas de TV y sus periodistas están abandonando ( deliberada y concientemente ) su rol para convertirse en censores, “ministros de la verdad ( revelada )”, protagonistas de la desinformación más cruda, promotores del pensamiento único y “gran hermano” ( por alusión a la novela de G. Orwell, en la que cada conducta humana está telecontrolada por un vigilante supremo que decide qué pensar y cómo pensarlo ).

Quinto, y por supuesto, los censores de la distopía informativa alegaron ( y seguirán alegando ) que el presidente mentía, que no había pruebas de lo que estaba diciendo, etc., etc.

Pero la diferencia entre un ecosistema periodístico sano y otro contaminado, es promover el debate público, no cercenarlo, ni impedirle al oyente que cuente con los suficientes elementos de juicio para intervenir su realidad.

Sexto, al cortar, borrar y negar esa realidad, por detestable o deseable que les parezca, los censores están cometiendo un grave atentado contra la libertad de información, un crimen cognitivo, y se transforman en verdaderos patógenos de la democracia, vectores del despotismo al servicio de intereses siniestros.

Por último, ABC, NBC y CNBC pasarán com creces al cuadro de honor de la opresión, la persecución, la manipulación, la distorsión de la realidad y el autoritarismo ideológico-informativo.

En definitiva, un vulgar atentado contra las libertades públicas e individuales ( la negación de saber ) que todo demócrata, de cualquier nacionalidad o tendencia partidista podría poner en entredicho, o en tela de juicio.

Al fin y al cabo, ese es el verdadero indicador de que los medios están al servicio de la democracia : que jamás le impidan al ciudadano ponerlo todo en tela de juicio, en entredicho.   +++

 

Vicente Torrijos

www.vicentetorrijos.com

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