Señor Presidente Abelardo de La Espriella, no ralentice su promesa. Tigre, las acciones ni la decisión de acabar con la sinvergüenzura de ese sindicato deben tener esperas. Menos religión y más acción en el ministerio de Educación por favor ¡EDUCACIÓN PRIVADA YA!
En Colombia, el derecho de asociación sindical está consagrado en la Constitución Política (artículo 39) y regulado principalmente por el Código Sustantivo del Trabajo (CST), junto con normas complementarias como la Ley 584 de 2000 y el más reciente Decreto 0234 de 2026 sobre negociación colectiva unificada.
Pero no existe ley que esté por encima de un pueblo decidido, sé acaba FECODE a se acaba la Constitución de 1991, leyes protectoras de doctrinas ideologizadas alejadas de su deber. Las leyes proteges a los sindicatos, pero los sindicatos no protegen al pueblo, hoy no son un sistema ni una herramienta para proteger los derechos de los trabajadores, sino para amparar los abusos de una ideología sinvergüenza, optimizada con el terrorismo y tan absurda que destruyó por completo la razón de ser de la izquierda.
Partamos de dos cosas: tenemos un país quebrado que genera mucho menos de lo que gasta y, en segunda instancia, un presupuesto de educación exacerbado que es el rubro de inversión más alto para que mucha gente llegue a la escuela por más de 11 años y no aprenda absolutamente nada.
Colombia necesita reducir gastos, y hoy esa reducción significativa debe estar apuntada a los rubros innecesarios que malgasta la Nación. Uno de esos principales rubros es el sistema educativo público, cerca de 400.000 educadores acomodados a un sindicado afín y anti patria, el cual garantiza la mediocridad y la ignorancia en lugar de priorizar el futuro y el desarrollo de las siguientes generaciones. Hoy ningún niño o joven aprende Innovación, finanzas, política y humanidades en los colegios públicos.
El sistema público, que maneja un rubro de más de 70 billones de pesos, ya debe terminar. Privatizar la educación en este momento es matar varios pájaros de un solo tiro: detener el cáncer llamado FECODE y reducir el gasto estatal bajo la mentira de la “educación pública”.
Presidente Abelardo de La Espriella, el sistema de Boucher educativos para los estratos bajos debe ser la prioridad. Un sistema que será temporal debido al éxito educativo que llegaremos a alcanzar, pues a futuro tendremos un país que no necesitará subsidiar matrículas: el desarrollo irá reduciendo la brecha de las familias que no tienen cómo mandar a sus hijos a la escuela.
El sistema de privatización de colegios privados debe garantizar la máxima calidad. Educadores, profesores y maestros tienen que estar en los mejores niveles para brindarle a los niños y a la juventud una educación actualizada e innovadora, al nivel de los países más desarrollados.
Al privatizar la educación acabaremos con el cáncer de FECODE y mejoraremos la enseñanza para que no haya tanto ignorante cabalgando todos los días en las redes sociales, en las calles y en las conversaciones cotidianas. Le quitaremos las finanzas a una organización que se hace pasar por sindicato, pero que no es más que un brazo armado con un instrumento mucho peor que una AK-47: el adoctrinamiento de niños con un lápiz.
En la era del Tigre, la educación debe ser una de las primeras apuestas, porque sin educación no hay Patria Milagro. Con FECODE guiando a las siguientes generaciones, solo habrá cantera para que sean parte de grupos terroristas o de sectores políticos que se hacen pasar por la izquierda extrema cuando, en verdad, son aliados del terrorismo.
Con FECODE no hay patria ni milagro.
Son 70 billones de pesos los que se invierten en la educación pública en Colombia: billones que se pierden cada año por ir a parar a las manos equivocadas. Ocurre en un momento en que vemos en el continente un giro enorme hacia la derecha; una derecha que exige educación privada mediante puntos tangibles, serios y sinceros que le darían a la educación lo que de verdad necesita.
El sector privado asumiría la infraestructura educativa con el compromiso de modernizarla, actualizarla y mejorarla para ofrecer buena calidad a toda la niñez y juventud de nuestro país. No sería un regalo: cada privado tendría la obligación inmediata de remodelar los institutos que el Estado les ceda. Se abriría una competencia sana; los colegios de mejor calidad tendrían mejores ofertas, mientras que aquellos que se queden en el atraso junto con esos profesores de FECODE que no se actualizan, no quieren aprender más y no desean que a los niños se les exija quedarían sumidos en el fracaso.
La educación debe estar en manos de los más capacitados: personas con el conocimiento y el deseo constante de aprender y enseñar, orientadas a lograr que su alumno sea mucho más capaz que la generación pasada. Hoy sucede lo contrario: los estudios demuestran que tenemos una generación mucho menos capacitada que todas las anteriores en la historia de la humanidad. Aunque no lo crean, las investigaciones señalan que esta es la única generación menos capacitada que las precedentes.
Al desmantelar el monopolio estatal y entregarle el poder de elección a la gente, le devolvemos a los padres de familia el derecho absoluto de decidir sobre la formación de sus hijos, garantizándoles colegios sin paros destructivos ni sesgos ideológicos. Un sistema privado asegura la continuidad académica ininterrumpida y una verdadera libertad de enseñanza donde el mérito y la excelencia priman sobre la propaganda.
Los colegios privados tendrían asegurados los ingresos de las matrículas mediante los Boucher consignados por el Estado colombiano para cada niño o joven sin capacidad de pago. A esto se sumarían los recursos de centenares de estudiantes que llegarían a esos institutos privados pagando de forma particular.
Teniendo este punto claro, el presupuesto nacional de educación bajaría mucho más del 50 % (38 Billones), ahorrándonos un dineral que serviría para infraestructura, desarrollo, tecnología, turismo, agricultura o para pagar la deuda que administraciones irresponsables aumentaron cuando tenían que reducirla.
Señor presidente Abelardo de La Espriella, esto no es una consigna caprichosa basada en odios hacia FECODE que, aunque se lo merezcan por ser los responsables del total fracaso de la educación pública junto a la politiquería que los apoyo: Hoy debe importar la búsqueda de un camino claro que beneficie a Colombia. Y ese camino es uno solo: PRIVATIZAR LA EDUCACIÓN.
Luis Alejandro Tovar

