CRUCES ROTOS, SOSPECHAS Y LA CAÍDA DE LOS GIGANTES      

El enigma de una Colombia invicta, el batacazo de Noruega y controles bajo sospecha.

El Mundial entra en su etapa de máxima ebullición y las certezas de la primera fase se han desmoronado por completo. Empezamos por la eliminación de una Colombia que llegó invicta, desplegando un fútbol colectivo brillante que invitaba a la ilusión y que nos obliga a felicitarlos por un desempeño impecable en lo táctico; sin embargo, terminaron despedidos cruelmente en la tanda de penales. Hay que reconocer que el plantel lo hizo bastante bien en la propuesta y las transiciones, pero faltó algo vital en el fútbol de alta competencia, y ese algo fue el gol. No pasó por falta de talento, ¿quizás fue un problema crudo de puntería? Resulta sumamente curioso, por no decir inexplicable, que falten goleadores certeros en las citas definitivas cuando, al mismo tiempo, esta selección cuenta con figuras que brillan en lo más alto de Europa. El caso de Lucho Díaz salta a la vista: ¿Qué pasa que no termina de aparecer en los partidos más importantes? La jerarquía se demuestra cuando las papas queman.

La paradoja se vuelve aún más dolorosa y sangrante cuando miramos hacia el norte. Mientras el combinado cafetero padece una alarmante sequía en las redes, resulta una ironía mayúscula que el grito de gol y la figura más rescatable de un México eliminado haya sido, precisamente, Julián Quiñones, el colombiano naturalizado que empujó hasta donde el fútbol le alcanzó. Los goles que le faltaron a Colombia para evitar la lotería de los penales, terminaron celebrándose con otra camiseta. Sin embargo, hay que ser justos con el análisis del Tri, cayeron de pie y con la frente en alto frente a un verdadero coloso. México se midió ante una Inglaterra que les jugó muy bien, manejando el ritmo del partido con una jerarquía indiscutible y borrando sus aspiraciones del mapa. En el bando británico, es de destacar la participación soberbia de Harry Kane y Jude Bellingham, quienes manejaron los hilos del ataque con una claridad que terminó por desgastar la resistencia azteca. Tras esa eliminación frente a los ingleses, México ya no está ahí, sumándose a la lista de caídos en el continente.

A esa misma lista y por la otra cara de la moneda norteamericana, encontramos a Estados Unidos, una selección que se quedó completamente sin ideas sobre el césped. La duda queda flotando en el aire: ¿los superó la presión futbolística o les pesó demasiado la desconcentración provocada por la polémica de la tarjeta roja?  

Pero si de romper esquemas e historias se trata, el verdadero terremoto del torneo lo provocó Noruega al eliminar de forma categórica a Brasil. Que el pentacampeón del mundo se quede fuera a manos de un conjunto nórdico que históricamente ha remado a contracorriente en estas citas, es el reflejo perfecto de un Mundial indescifrable. Mientras el jogo bonito brasileño se ahogó en la impotencia y la falta de respuestas colectivas, los noruegos capitalizaron su orden táctico y su letalidad física para despachar a uno de los máximos favoritos de la competición. Otra potencia que muerde el polvo antes de lo esperado, dejando claro que el peso de la camiseta ya no gana partidos.

Y es que este Mundial nos está regalando tantas sorpresas como polémicas arbitrales de primer nivel. ¿Cómo es posible que una sanción máxima, de un impacto tan severo como lo es una tarjeta roja, pueda ser manejada de forma tan conveniente y selectiva para favorecer o desestabilizar a una selección según convenga? El próximo rival y principal afectado, Bélgica, no se quedó de brazos cruzados y alzó la voz emitiendo un comunicado formal denunciando abiertamente las irregularidades de este arbitraje. Para colmo de males en el entorno de los Diablos Rojos, a la tensión en los despachos se sumó un drama deportivo mayúsculo: Thibaut Courtois, su portero convocado y principal bastión bajo los tres palos, tuvo que salir del terreno de juego debido a una posible lesión que enciende todas las alarmas de cara al futuro del Real Madrid.

A este huracán de decisiones cuestionables, se suma el escándalo que provocó la eliminación de Egipto. Los Faraones se despidieron de la Copa del Mundo envueltos en un mar de polémicas y quejas airadas por parte de todo su cuerpo técnico y directivo. El detonante fue un gol anulado a Egipto que, a la luz de las repeticiones, parecía completamente válido. La indignación es doble cuando se compara con el rasero utilizado en otros encuentros: Argentina se benefició de una jugada exactamente igual, un calco milimétrico, que el VAR sí validó y que terminó convirtiéndose en su tercer gol para sellar una remontada histórica en los últimos 12 minutos del partido. Misma jugada, distinto criterio, y un gigante africano fuera del mapa por la disparidad del arbitraje.

La justicia poética o el azar del fútbol dictó que este mismo combinado belga, tras dejar en el camino a uno de los anfitriones, pero mermado notablemente en lo anímico y lo físico, terminara cayendo eliminado en los cuartos de final a manos de una España invicta pero que no termina de convencer. Ahora, el cuadro de semifinales nos depara un choque de titanes: la Furia Roja se enfrentará cara a cara contra Francia, la selección que, por consistencia, bloque y pegada, se consagra como la más sólida de toda la competición.

 

Cynthia Ramos  

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