CUANDO SE VIENE DE ABAJO, SE LEGISLA CON LOS PIES EN LA TIERRA

Mi historia está profundamente ligada a La Guajira. Llegué a este territorio siendo muy joven, con apenas quinto de primaria, sin imaginar que aquí construiría mi vida, formaría mi familia y encontraría el sentido más profundo del servicio. Hoy, después de más de 37 años caminando este departamento, puedo decirlo con absoluta certeza y gratitud, a La Guajira le debo todo.

Esta tierra me recibió sin preguntar de dónde venía, me enseñó con paciencia y me permitió crecer desde el esfuerzo. Aquí aprendí que las oportunidades no llegan solas, se construyen con disciplina, constancia y respeto por la gente. Nada de lo que soy ha sido regalado, y quizá por eso entiendo tan bien a quienes, como yo, han salido adelante con trabajo y convicción. Represento a quienes se han hecho solos, no desde el discurso, sino desde la experiencia diaria de levantarse, insistir y no rendirse.

Mi vocación de servicio inició como agente de la Policía Nacional. Esa etapa marcó profundamente mi manera de entender la vida pública y el compromiso con la comunidad. Allí comprendí de primera mano las realidades sociales del territorio, la importancia de la convivencia y la necesidad de construir seguridad desde la cercanía con la gente. Aprendí que la autoridad no se impone, se gana; que escuchar es tan importante como actuar; y que la confianza se construye estando presentes, incluso en los momentos difíciles.

Esa experiencia me enseñó a mirar el territorio con sensibilidad y responsabilidad. A entender que la seguridad no se reduce a cifras, sino que se construye con oportunidades, con deporte, educación y entornos sanos para nuestros jóvenes. Desde entonces he creído firmemente que prevenir es más efectivo que corregir, y que el Estado debe llegar antes que el problema, no después.

Con el tiempo asumí nuevos retos en el servicio público, fui alcalde del municipio de Albania y luego diputado del departamento de La Guajira. En cada uno de esos espacios confirmé algo que hoy reafirmo con convicción: la política solo tiene sentido cuando se ejerce para gestionar y para mejorar la vida de la gente. No para alejarse del territorio, no para prometer lo imposible, sino para trabajar con los pies en la tierra y la mirada puesta en el bienestar colectivo.

Siempre he sido el mismo, con credencial y sin credencial. He mantenido la cercanía con la gente porque creo que la coherencia es un valor que no se negocia. Gobernar, legislar o representar no significa aislarse, significa escuchar más, caminar más y asumir con seriedad cada decisión que impacta a las comunidades.

Hoy aspiro a la Cámara de Representantes convencido de que La Guajira necesita una voz firme, preparada y cercana en el Congreso de la República. No una voz estridente, sino una voz responsable. No una voz que divida, sino una que construya. Elegirme es elegir a una persona que no se esconde, que da la cara y que entiende que representar implica una responsabilidad permanente con la gente y con el territorio.

No creo en la política del ruido ni en la confrontación estéril. Creo en el trabajo serio, en el diálogo respetuoso y en la construcción de soluciones con bases sólidas. Creo en una política que escucha, que propone y que cumple. Porque La Guajira no necesita discursos vacíos, necesita resultados que se consolidan escuchando a la gente.

Durante este recorrido he consolidado alianzas construidas desde el territorio, especialmente en temas tan sensibles como la salud y la vida. La protección de nuestros niños y niñas, y la reducción de la mortalidad infantil, no pueden seguir esperando. No es un asunto ideológico, es un asunto humano. He caminado junto a autoridades tradicionales, líderes indígenas y profesionales de la salud que todos los días trabajan en las comunidades más apartadas del departamento, reafirmando que las soluciones deben partir del respeto cultural y del conocimiento real del territorio.

Estas alianzas no se construyen desde un escritorio. Se construyen caminando, escuchando y reconociendo el saber de quienes han cuidado a sus comunidades durante generaciones. Creo firmemente que el enfoque intercultural no es un favor, es una necesidad para lograr políticas públicas efectivas y sostenibles.

Mi visión para legislar nace precisamente de esa experiencia. Creo en una seguridad que se construya desde la prevención y las oportunidades, en el deporte como una herramienta real de transformación social, en la familia como base de la sociedad y en la infraestructura como motor de desarrollo. Creo que mejorar las vías, fortalecer la conectividad y apoyar proyectos productivos es abrirle puertas al desarrollo de este departamento.

Estoy convencido de que garantizar el acceso al agua es una obligación del Estado y una deuda histórica con La Guajira. El agua no puede seguir siendo una promesa aplazada. Debe ser una prioridad legislativa y una política pública sostenida que permita proteger la vida, mejorar la salud y combatir la desnutrición infantil.

Tengo un compromiso profundo con las minorías de este país, con los pueblos indígenas, con la población afrodescendiente y con las comunidades campesinas. La diversidad de La Guajira no es una dificultad, es una riqueza. Una riqueza que debe ser reconocida, protegida y defendida con hechos desde el escenario legislativo nacional.

Creo en Dios, creo en la familia y creo en el poder de la gente cuando se le escucha y se le respeta. Mi aspiración no es personal; es una responsabilidad con este territorio que me lo ha dado todo. No se trata de llegar al Congreso por llegar, se trata de llegar con una agenda clara, con conocimiento del territorio y con la disposición permanente de servir.

Si el pueblo guajiro me confía su representación, tendrá a un hombre que trabajará con seriedad, experiencia y compromiso, sin perder nunca la cercanía con su gente, como lo he demostrado a lo largo de todos estos años. Tendrá a alguien que entiende que legislar es un acto de responsabilidad y que representar es un honor que se honra todos los días.

A La Guajira se le responde con hechos, presencia y muchos más resultados. Ese ha sido mi camino, y ese seguirá siendo mi compromiso. Nos vemos este 8 de marzo, es una cita que asumimos por el bienestar de todos los guajiros.

Pablo Parra Córdoba

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