EL CANTO DE LA MUJER, HOY ES OXIGENO PARA LA MÚSICA VALLENATA

En la diversificación de exponentes de músicas folclóricas colombianas, la música vallenata está sobrepasando a muchos otros ritmos en materia de intérpretes del género femenino. Ha habido una explosión de agraciadas mujeres incursionando en el género vallenato, ya sean como solistas o voces de acompañamiento que ya nos estamos habituando a que en cada interpretación coral debe estar la tesitura, la belleza, el color y la musicalidad de la voz de una mujer. Hoy, hombres y mujeres coristas, construyen en las agrupaciones vallenatas excelsas homogenizaciones vocales con el trino alto de la mujer en primera voz, o haciendo segunda o voces primas, y también, en canto a dúo con las voces líderes.

Entonces, eso que está tan vigente y en furor como es la equidad de género, la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, en la música vallenata se está dando de manera muy notoria, pero a la vez de forma espontánea, sin la necesidad de “movimientos reivindicativos” y de reclamaciones alti-sonantes de espacios y escenarios.

No es ningún secreto el carácter machista de nuestra música, con manifestaciones varoniles y de alta dosis de testosterona, pero cuando se trata de alternar, interactuar con esas damas que están adornando el panorama musical vallenato, generalmente está presente la caballerosidad de nuestros cantantes masculinos, el respeto por la figura mujer y la disponibilidad para cumplir máximas de la urbanidad de Carreño como “las damas primeros” y aquella que termina diciendo: “…ni con el pétalo de una rosa”. ¡Estamos cambiando el concepto, nos falta el origen de ese carácter!

Uno, que por afecto viene haciendo seguimiento al Plan Especial de Salvaguardia para la música vallenata, instrumento que lideró el Ministerio de Cultura y fue construido por egregios compositores y estudiosos de la música vallenata, se complace porque que en buena hora se encuentra la música vallenata, afortunadamente, “con esta bala de oxígeno” en el agónico curso que está llevando; esto, sin ser fatalista ni actor de una tragicomedia, pero quienes saben evaluar técnicamente las exigencias y cumplimientos de indicadores establecidos para la salvaguarda, sin escandalizarnos, debemos reconocer que el manejo a las composiciones, a la interpretación instrumental, especialmente el acordeón en la ejecución de los ritmos vernáculos, no nos está permitiendo vivir un buen momento para la esencia y expresiones auténticas de la música vallenata.

Nos guste o no, sin ser retrógrados y anti-evolucionista, tenemos que reconocer las veces que sea necesario, que la música vallenata, hasta cuando se demuestre lo contrario, obedece a un formato, a un estilo y métrica, con 4 aires con esquemas rítmicos propios que la hacen única al unirse caja, guacharaca y acordeón. Con esto no quiero ni intento decir “que así nacimos hace más de 170 años y así nos vamos a morir”, pero lo cierto es que, si no hay un proceso científico musical y técnico que revise y avale la modernización de ese formato, la música vallenata será paseo, merengue puya y son, interpretados con caja, guacharaca y acordeón y su lírica cantada. Eso, por mucho tiempo más.

Vean, aquí jamás se ha dicho que si no la canta un hombre nos es música vallenata, no, no se ha dicho, pero si se ha dicho, y repito, “repelele a quien le repele”, que son 4 aires, interpretados con la fusión de 3 instrumentos materiales y un instrumento vocal, ajustado.

Ahora, retomando lo fundamental de mi escrito, debe considerarse ese brote de elegantes y canoras cantantes de nuestra música, como otro salvavidas para la sobrevivencia del genero vallenato. El ingreso de la mujer como artistas e intérpretes de la música vallenata movió varias variables de la interpretación de los aires vallenatos; sacó de la zona de confort a los cantantes masculinos, los pellizcó; hizo que el público en general consumidor de música vallenata mirara y comenzara a observar, “a pararle bola” a esas interpretaciones y de ahí que fuese formando su propio catálogo de piezas vallenatas que quisiera, ahora, escucharlas cantadas por una mujer. Por eso, es el momento que los gestores, autores y juglares comiencen a orientar más a las mujeres artistas por la importancia de preservar y enriquecer la interpretación y composición de la música vallenata autóctona; que los estudiosos le inculquen y refuercen a las jóvenes o principiantes mujeres artistas de la música vallenata, el valor agregado de las otras manifestaciones nuestras como por ejemplo la parranda e incluso las piquerias y los festivales, no como fábrica de bebedores sino como santuario de conservación y fortalecimiento del genero vallenato.

Damas, su presencia en el panorama artístico musical vallenato es una estrella de David. Aprovechemos esto y conjuntamente con los demás cultores e intérpretes, demos más oxígeno, pero para la supervivencia y salvación de nuestra querida música vallenata.

Rodrigo Daza Cárdenas

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