EL PAÍS ENTRE DOS LLAGAS

Aún no me ha sido posible entender con precisión las razones por las cuales el gobierno no ha hecho uso de las facultades excepcionales otorgadas por la eventual declaratoria del estado de conmoción interior. El artículo pertinente de la Constitución Política está concebido por el poder originario para el restablecimiento del orden público cuando éste se viese gravemente perturbado por situaciones como la presente, en donde es ostensible la presencia en el escenario colombiano de fuerzas desestabilizadoras, alimentadas desde el exterior, y dirigidas en forma deliberada para provocar un clima de anarquía generalizado.

Por el momento corresponde a la sociedad entera resistir con todas sus fuerzas a esta tentativa sangrienta de sumergir a la nación en el caos de la anarquía. Las conductas de los vándalos, así como la de los instigadores del estado actual de confusión, están consignadas en la legislación colombiana como delitos sancionables con penas privativas de la libertad. Que los dirigentes de estas manifestaciones de auténtica barbarie se atengan a las consecuencias consagradas por el legislador en su oportunidad correspondiente.

Ahora es el momento de actuar con energía frente a las fuerzas vandálicas de la insurrección. El país tiene una larga tradición como entidad respetuosa del orden jurídico en el contexto internacional. Y ese sólo hecho le da al gobierno una autoridad innegable para recuperar sin claudicaciones lo que las hordas de la izquierda totalitaria nos quieren arrebatar.

Con auténtico sentimiento de nostalgia evocamos la figura de Carlos Gaviria Díez, antiguo presidente de la Corte Constitucional, profesor de la Universidad de Antioquia, representante auténtico de la izquierda democrática, quien, a pesar de haber fallecido, nos habla a través de aquellas sentencias proferidas por el alto tribunal en las cuáles fue magistrado ponente. En este caso particular recomiendo leer la sentencia C- 466 del 18 de octubre de 1995.

Ahí, en especial para los abogados o los estudiantes de derecho, les explica con abundantes detalles la fórmula precisa – desde su propia óptica – para que un gobierno pueda salir airoso ante un desafío de la magnitud que afronta en la actualidad el colombiano.

IDY BERMUDEZ DAZA

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