Los medios de comunicación y la prensa hablada y escrita en Colombia se le denominan el cuarto poder por su influencia en la sociedad y en la actividad política y democrática para definir el rumbo del país. Los medios y la prensa le hacen monitoreo permanente y actúan como supervisores del ejercicio de los otros tres poderes del estado, el poder ejecutivo, legislativo y judicial. Aunque no está reconocido como un poder legalmente constituido, extraoficialmente tienen un rol protagónico bien importante en el liderazgo de opinión pública y en el manejo transparente y pulcro de los flujos de información. El alcance del cuarto poder se contextualiza en la radio, la prensa hablada y escrita y la televisión, y actualmente, en las redes sociales con las Tics.
Pero actualmente la masa crítica y la opinión respetable de los medios y la prensa hablada y escrita ha perdido mucha credibilidad, porque muchas veces se excede en ese ejercicio o utilizan el cuarto poder como moneda de cambio, donde todo se compra y se vende. También las bodegas, los blogueros, las redes sociales y los influenciadores digitales han contribuido a que esto suceda por la proliferación de estos. De modo que, es el periodismo quien tiene la responsabilidad misional de modelar la información recibida por la ciudadanía desde las instituciones del estado. Hoy en nuestro entorno se observa no solo el poder de los Diarios, los radio periódicos y los programas de opinión con línea abierta, sino también la influencia de los canales nacionales y regionales de televisión, los cuales inciden en la opinión y la toma de decisión correcta de los ciudadanos.
Este año 2026 cobra mucha importancia el cuarto poder y el valor público de la información ya que a Colombia lo gobierna un régimen presidencialista y se avecinan las elecciones y también el mundial de futbol como el deporte más popular del mundo y que mueve muchas divisas. Por todo eso, considero que la conducción profesional de los medios de comunicación debe ser objetiva y aportarle un valor público a la sociedad, haciendo público lo público, pero sin desmedro de la responsabilidad misional que le asiste a un periodista comprometido con la verdad y alejado de la mentira y sin odio ni pasiones. Quien maneja los medios no debe ponerse la camiseta de ningún equipo, ya que por todos los medios debe ser imparcial en honor a su oficio.
El acoso periodístico y el atentado contra la honra y el buen nombre de un funcionario público, de la farándula o de la vida deportiva nacional debe ser motivo de una moción de censura publica por parte de la sociedad. Los micrófonos no deben usarse como un francotirador o una metralleta para empañar la imagen de otro, desvirtuando la verdad y convirtiéndola en mentira derramando la tinta de la pluma para quitarle la luz y buena imagen a los demás. Se debe tener ética pública en el ejercicio periodístico para hacerse respetar y que los demás respeten al periodista. En un país tan violento como el nuestro, debemos usar el lenguaje más adecuado para dirigirnos a la opinión pública y no pensar que, en vez de un micrófono o una pluma tenemos un fusil en la mano para amedrentar al que se nos venga en ganas.
La razón de ser del periodismo es para edificar y construir sociedad. Debemos hacer patria como líder de opinión hasta construir una sociedad superior. Un periodista no debe engrosar las filas del régimen de la mano estirada, cuánto me das y sigo tus precisas instrucciones y ataco hasta derrumbar con mi programa a quien te estorbe. Así como necesitamos buenos presidentes, buenos gobernadores en las regiones y buenos alcaldes en nuestros municipios, necesitamos buenos ciudadanos y contribuyentes, pero indudablemente, que necesitamos buenos periodistas para prosperar. El periodismo va más allá de criticar negativamente lo que otro hace para recibir dádivas y aplausos de un patrón que te dirige desde la sombra.
Hoy se requiere un periodismo más independiente y objetivo para dignificar el oficio y orientar la opinión de la sociedad. Recordemos que, con la radio se informa y se hace mucha pedagogía y cultura ciudadana con los programas de opinión. Por eso, a través de esta columna de opinión exhortamos y llamamos a todos los comunicadores y periodistas, a dignificar su profesión con el manejo pulcro y transparente de su opinión. La paz también se construye sin violencia verbal.
Rafael Humberto Frías

