ESPERAR BAJO PRESIÓN

Esperar no es algo que nos agrade mucho y si es bajo presión se vuelve un verdadero reto, no solo de paciencia, sino de fe, no actuar apresuradamente cuando las circunstancias nos ahogan es casi que una tarea imposible; pero es justo en esa presión cuando sale a relucir lo que realmente tenemos en el corazón; confianza, esperanza, fe, dominio propio o temor, angustia y autosuficiencia.

Hace unos días hablé con una mujer que tenía una sociedad con otra persona, tras descubrir su deslealtad, ella decidió dar por terminada la sociedad; la otra persona lejos de aceptar su error, disculparse y remediar la situación, lo que hizo fue valerse de maniobras fraudulentas, no solo para quedarse con la empresa, sino exponiendo la imagen de aquella mujer con falsas. Con todo y el dolor que esto implicaba, ella no tomó decisiones apresuradas, guardó silencio, ante Dios, cada día, doblaba sus rodillas pidiendo fortaleza, sabiduría, paz y dirección. Hoy, a través de medios legales pudo quedarse con la sociedad, aunque su imagen aún está afectada por mentiras, no se abate por el qué dirán, sí, genera un poco de tristeza; pero confía en que Dios, en su momento le dará la victoria.

Jesús, constantemente fue presionado a demostrar que era el Hijo de Dios, sin embargo, no lo hizo, solo hasta el día que murió en la cruz, todos pudieron darse cuenta quien era realmente. Dice en Mateo 27:54 que el oficial romano y los otros soldados que estaban en la crucifixión, quedaron aterrorizados por el terremoto y dijeron “este hombre era verdaderamente el Hijo de Dios”. Todo, en el momento preciso sale a la luz.

La presión de las circunstancias, las palabras desafiantes de los demás, lo injusto, lo odioso, lo complicado, lo que ofende, puede llevarnos a responder con ira, angustia, miedo, amargura, odio o resentimiento. Aunque creemos en Dios, estamos en una lucha constante con nuestra naturaleza pecaminosa, es normal sentirse herido, enojado, angustiado, decepcionado, ofendido o triste; pero no dejar que esos sentimientos crezcan, es algo que debemos aprender a hacer y controlar.

Si no quieres estar lleno de estos sentimientos negativos que te llevan a reaccionar negativamente, tienes que dar lugar al Espíritu Santo, para que renueve tus pensamientos y tus actitudes (Efesios 4:23 NTV)

Dice Romanos 12:2: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderás a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta”

Claramente esto no se hace bajo nuestras propias fuerzas, para renovar nuestra mente debemos orar. Filipenses 4:6-7 nos exhorta a no preocuparnos por nada y orar por todo, a decirle a Dios lo que necesitamos y darle gracias, así experimentaremos su paz, que supera todo lo que podemos entender, paz que cuidará nuestros corazones y nuestra mente mientras vivamos en Cristo.

Como Jesús y aquella mujer de la historia, aunque te sobren los motivos para defenderte, para atacar, para insultar y pagar con la misma moneda con la que te han herido, llénate de Dios, entiende tu propósito, que la justicia le pertenece a Él.

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” (Romanos 12:19)

 

Jennifer Caicedo

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