INTERMEDIACIÓN, OFERTA Y DISTORSIÓN DE PRECIOS EN EL QUESO EN LA GUAJIRA

La cadena de valor del sector lácteo atraviesa hoy una tensión que ya no admite matices: bajan los precios para el productor, pero no para el consumidor. En las últimas semanas, el precio mayorista del queso ha disminuido de forma importante en el Caribe colombiano; sin embargo, esa reducción no se ha reflejado con la misma intensidad al precio final. Esta brecha revela un elemento estructural clave: la intermediación sigue capturando buena parte del margen y distorsionando el funcionamiento del mercado.

En un mercado eficiente, las variaciones en los precios de origen deberían reflejarse en el precio al consumidor. Pero en la práctica, la transmisión es incompleta. La presencia de múltiples intermediarios, con distintos niveles de poder de negociación, hace que las reducciones en el precio al productor no lleguen de forma proporcional al comprador final.

Hoy, mientras el queso costeño al por mayor se mueve en rangos entre 16.000 y 19.000 pesos por kilo, en muchos puntos de venta al público supera los 26.000 pesos, evidenciando una desconexión entre ambos extremos de la cadena.

A esta distorsión se suman factores de oferta. Las condiciones climáticas recientes han afectado la producción de leche, alterando los ciclos normales del sistema. Al mismo tiempo, el ingreso de leche proveniente de departamentos como Córdoba ha incrementado la oferta en el mercado caribeño. El resultado es una presión a la baja sobre los precios mayoristas que no logra traducirse en alivio para el consumidor.

El problema se profundiza cuando parte de esa producción entra a circuitos informales. La transformación y comercialización por fuera de canales regulados reduce la trazabilidad, dificulta el control de precios y desordena la dinámica del mercado. A esto se suma un débil control institucional en el departamento sobre el ingreso de queso desde otras regiones del país e incluso en algunos momentos, desde Venezuela, sin el cumplimiento pleno de requisitos sanitarios. Esto no solo genera competencia desleal frente al productor local, sino que introduce riesgos para la salud pública.

En paralelo, persiste una limitación estructural en la organización del sector, particularmente en regiones como La Guajira. La baja asociatividad impide consolidar volúmenes, mejorar la capacidad de negociación y reducir la dependencia de intermediarios. Predomina un esquema atomizado, donde cada productor opera de manera individual, con poca capacidad para influir en precios o acceder a mercados más exigentes. La evidencia internacional muestra que los esquemas cooperativos bien gestionados permiten capturar mayor valor, estabilizar ingresos y mejorar la transparencia en la formación de precios.

Por otro lado, los costos de producción continúan en aumento. Salarios, combustibles, insumos veterinarios y alimentación del ganado han encarecido la operación. Esto significa que, aun cuando el precio de venta baja, el costo de producir un kilo de queso sigue subiendo, reduciendo los márgenes y poniendo en riesgo la sostenibilidad de muchos productores.

Lo que se observa, en síntesis, no es un problema aislado, sino la convergencia de varios factores: una intermediación que no ajusta a la baja, choques en la oferta, debilidad en los controles y baja organización productiva. Corregir estas distorsiones no pasa por una sola medida. Requiere mayor transparencia en la cadena, mejores esquemas de comercialización y, sobre todo, un esfuerzo real por fortalecer la organización de los productores. Sin eso, el mercado seguirá enviando señales contradictorias: precios bajos para quien produce y altos para quien consume.

El momento exige decisiones claras. A las entidades públicas les corresponde ejercer un control riguroso sobre el ingreso de queso que entra a La Guajira sin cumplir requisitos sanitarios y de trazabilidad, protegiendo tanto la salud pública como la competencia leal. Para el consumidor, apoyar al productor local no es un gesto menor: es una forma directa de fortalecer la economía regional y exigir calidad y transparencia.

Y para los productores, el reto es inaplazable: organizarse, agremiarse y actuar con una sola voz. Sin coordinación ni escala, seguirán siendo el eslabón más débil de la cadena. Con organización, pueden recuperar capacidad de negociación y retener el valor que hoy se pierde en el camino.

 

Luis Guillermo Baquero

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