LA IMPORTANCIA DE LA CULTURA EN LA NATURALEZA DE LA GUERRA

La guerra ha sido fiel compañera del hombre desde la prehistoria hasta nuestros días, ha sido indisolublemente unida al destino del hombre. No ha habido período del pasado que se haya visto libre de luchas encarnizadas y enfrentamientos entre tribus o civilizaciones. Desde el origen del ser humano, siempre ha existido la rivalidad entre los pueblos, ya sea por recursos naturales, territorios, dogmas etc., y en general por el solo hecho de tener el poder y la soberanía sobre los demás. Es así como surgen las guerras, los conflictos y luchas entre individuos, grupos, pueblos, estados y regiones, que buscan el sometimiento y aniquilamiento del otro. La guerra y el conflicto ha mutado a través de la historia según los contextos y necesidades, evolucionando de manera progresiva en su forma de actuar y de operar. Hablamos entonces de una guerra primitiva en donde elementos como las piedras, palos, lanzas y flechas determinaron el éxito de las confrontaciones. La utilización del caballo y la aparición de la pólvora dio origen al fusil, elemento que cambió por completo la forma de combatir, pasando por el uso de tanques y artillería pesada. Seguidamente la aviación de combate determino la ventaja en los conflictos, convirtiéndose en una arma letal e indispensable en las grandes guerras del mundo. Posteriormente se introduce la tecnología, como medio facilitador de la guerra, pasando por temas de guerra electrónica hasta temas de ciberseguridad.

Según el historiador inglés Jhon Keegan, J. (2016), en su libro la “Historia de la guerra” afirma, “La historia escrita del mundo es, en su mayor parte, una historia de la guerra; limitada a la narración de las victorias o de las derrotas en las campañas bélicas; los estados en que vivimos se crearon casi todos por derecho de conquista, contienda civil o lucha por la independencia”.

La humanidad durante toda su historia ha intentado explicar el fenómeno de la guerra, abarcando sus causas, características y consecuencias. Diremos entonces que la Guerra es un fenómeno complejo, es decir que es difícil de comprender ya que está compuesta de una serie de elementos diversos que confluyen en un momento dado.

Para acércanos a un entendimiento de la Guerra, el cual es el objetivo del presente escrito, se hace necesario explicar en primera instancia, el elemento nuclear que la conforma como lo es el “Ser humano”. Para ello tendremos en cuenta algunos conceptos de diferentes autores que nos permita tener una visión global de este:

  1. Platón: Concibe al hombre como un compuesto de dos sustancias unidas accidentalmente; el alma y el cuerpo. Mientras que la primera es inmortal y afín al mundo inteligible, el segundo es mortal y pertenece al mundo sensible. Por ello, según Platón, el cuerpo es como una cárcel para el alma de la cual ha de liberarse mediante un proceso de purificación. En cuanto al alma, está constituida por tres partes: el alma racional debe gobernar al alma concupiscible o apetitiva con la ayuda del alma irascible, sede de la voluntad y la pasión. (Según Ricoeur, P. (2014). Ser, esencia y sustancia en Platón y Aristóteles).

 

  1. Aristóteles: Lo característico de todos los seres naturales es que se mueven, se desarrollan, se transforman, en función de una “fuerza interna”. Por tanto, la naturaleza, (physis) es el principio del movimiento y del cambio. La naturaleza entendida como el ser propio de las cosas (lo que las cosas son realmente). La naturaleza propia del ser humano es que es “un animal social y político”. (Según Ricoeur, P. (2014). Ser, esencia y sustancia en Platón y Aristóteles).

 

  1. Hobbes: El hombre es solo cuerpo, es únicamente materia y esta materia está sujeta a los movimientos, los que son generados siempre por pasiones, emociones, deseos, etc., en definitiva, la motivación primera de los hombres es el satisfacer deseos o impulsos, buscando siempre conservar su vitalidad a través de la relación entre atracción y repulsión. “Los deseos son las respuestas a estímulos placenteros que nos suscita un determinado objeto”. El hombre vive una guerra de todos contra todos. «El hombre es un lobo para el hombre.»”. El hombre es malo por naturaleza, pues siempre privilegia su propio bien por encima del de los demás, y en un estado salvaje, vive en medio de continuas confrontaciones y conspiraciones, cometiendo crueldades y actos violentos para asegurarse la supervivencia. Hobbes dice que el hombre es el lobo del hombre ya que es el mismo, el que se encarga de imponerse sobre los demás, e incluso utilizar al otro si es necesario para lograr más poder. Uno de los principios y causas de discordia que mueve al hombre respecto a la sociedad es la competencia constante, que los impulsa a luchar entre ellos para lograr un beneficio, todo por el insaciable apetito.

Para Hobbes el estado natural del ser humano, es decir, antes de que viviese en sociedades, las personas recurrían a la violencia constante para competir por los recursos naturales, la comida o los mejores lugares para vivir. Para Hobbes el ser humano salvaje «guerrea» y el ser humano civilizado se somete a las leyes. Existe un rechazo a lo natural. (Román, J. M. S. (2013), concepto de naturaleza en Thomas Hobbes).

 

  1. Maquiavelo: Considera al ser humano, como una dualidad que se debate entre su condición humana y su condición animal. Es capaz de hazañas, logros y luchas, pero para alcanzarlas toma el camino del egoísmo y del instinto. La naturaleza humana es predominantemente instintiva. El hombre esta inclinados al bien, pero su naturaleza es frágil y dualista, las ocasiones que los incitan al mal son infinitas y se alejan del bien fácilmente por su egoísmo natural y sus propios intereses. Es hombre es malvado, perverso y egoísta, preocupado por su seguridad y aumentar su poder sobre los demás. Los hombres son ingratos, volubles, simulan lo que no son y disimulan lo que son, huyen del peligro, están ávidos de ganancia. (Padilla, F. D. (1980). El concepto de hombre en Nicolás Maquiavelo).

 

  1. Rousseau: El ser humano está orientado naturalmente para el bien, pues el hombre nace bueno y libre, pero la educación tradicional oprime y destruye esa naturaleza y la sociedad acaba por corromperlo. El ser humano, en su estado natural, original y primitivo, es bueno y cándido, pero la vida social y cultural, con sus males y sus vicios, lo pervierten, llevándolo al desorden físico y moral. De ahí que considerase que el hombre en su estado primitivo fuese superior moralmente hablando al hombre civilizado. (Carracedo, J. R. (2006). Rousseau y Kant).

 

  1. Voltaire: La naturaleza sociable del hombre. Cree que la única forma en que el hombre manifieste su estado verdaderamente natural es por medio de la razón (el hombre la busca constantemente). Basándose en los estudios arqueológicos y antropológicos de su época Voltaire dirá que los deseos son la manifestación de un estado primitivo del hombre (donde la razón no tenía presencia). Por tanto, para Voltaire la búsqueda de la razón por el hombre es a la vez la búsqueda de su naturaleza. La única forma de vivir sin problemas religiosos es la tolerancia, ya que no cree que pueda existir una paz perpetua, por ello afirma que “la sola paz perpetua que puede establecerse entre los hombres es la tolerancia y la libertad pensamiento. Creía que la educación basada en la razón podría redimir la decadencia moral. El mundo es malo, pero el ser humano puede tomar su propio destino a través de la razón, la moral y el conocimiento. (Bello, E. (2006). El concepto de tolerancia, de Tomás Moro a Voltaire).

 

  1. Freud: El hombre es una entidad psico-bio-social, que va ligado a su funcionamiento psicológico y además la cultura quien es la que se encarga de moldear su comportamiento e instintos quienes están bajo las fuerzas: el ello es todo aquellas pulsiones sexuales presentes en su instinto, y su deseo, mientras que el súper yo es la fuerza que representa lo cultural y las reglas de comportamiento que maneja su conducta, mientras que el yo es la fuerza mediadora entre el ello (instintos) y el súper yo (la cultura).El ser humano es un ser sociable por naturaleza, porque su vida depende de la existencia de otros y al mismo tiempo ocupa un lugar dentro de esa sociedad que habita y el cual tiende a modificar los instintos son indispensables para su construcción de la personalidad. El ser humano es biológico por contener instintos y pulsiones de tipo libidinoso o sexual contenidos dentro del ello.

El psicoanálisis menciona que todo hombre anida un salvaje en su interior. El análisis se detiene en el concepto de represión y en las complicaciones que este mismo deriva para el individuo y la cultura. (Carmona, E. E. (2009). Revisión bibliográfica. Gaceta Médica Espirituana, 11(2), 2.).

Visto los anterior se observaba las diferentes posturas y concepciones del hombre, las cuales tienen una confluencia histórica y política e influencia en la postura ideológica de su momento.  Lo anterior de igual forma presenta una visión antropológica del hombre, la cual proporciona algunos elementos para comprender la naturaleza de la guerra.

Para el entendimiento de la naturaleza de la guerra es indispensable remitirnos al autor Von Clausewits en su libro ‘De la guerra’ en el cual define: “. La guerra no es otra cosa que un duelo en una escala más amplia. Imponer al otro su voluntad por medio de la fuerza física; su propósito inmediato es derribar al adversario e incapacitarlo: “la guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario” “Por tanto, la guerra es un estado de fuerza destinado a obligar a nuestro enemigo a hacer nuestra voluntad”, y un poco más adelante, la guerra es “una continuación de las relaciones políticas, proseguidas con otros medios”

No obstante, para efectos del abordaje de la comprensión de la guerra, no centraremos en dos autores principalmente Jhon Keegan y Michael Foucault. En primer lugar, mencionaremos John Keegan, quien en contraposición de lo dicho por Clausewits expresa que “La guerra antecede los estados, a la diplomacia y a la estrategia. La guerra es tan antigua como el hombre y esta arraigada en los más profundo del corazón humano, donde en ocasiones reina el orgullo y predomina las emociones e impera el instinto. (Keegan, J. (2016). Historia de la guerra. Turner).

La antropología dice y la arqueología nos indica que nuestros antepasados eran sanguinarios. Por lo anterior Keegan, considera la cultura como factor crucial de la conducta humana, afirmando, “Somos animales culturales” y es la riqueza de nuestra cultura la que nos sirve para aceptar nuestra innegable capacidad para la violencia, manifestando que su brote es una aberración cultural. Las lecciones de la historia nos recuerdan que los estados en que vivimos, sus instituciones y hasta sus leyes los debemos a conflictos, muchas veces de lo más sanguinario.  (Keegan, J. (2016). Historia de la guerra. Turner).

Keegan afirma que la cultura y no la política es el elemento definitorio de la guerra. innovó el modo de relatar las guerras, introduciendo lo que podríamos llamar el “factor humano”. Considera que la guerra es un choque cultural, más que la continuación de la política por otros medios. La guerra implica mucho más que la política, y siempre es una manifestación de la cultura; en muchas ocasiones, un determinante de las formas culturales, y en algunas sociedades la cultura en sí “. Keegan llega a afirmar que “la guerra es, entre otras cosas, la perpetuación de la cultura por sus propios medios” y que los conflictos bélicos son, en cierta manera, hábitos culturales arraigados de distinta forma en los pueblos, al igual que las tradiciones y costumbres matrimoniales, alimenticias o religiosas. (Keegan, J. (2016). Historia de la guerra. Turner).

Finalmente, el historiador Keegan manifiesta que a todos nos cuesta enajenarnos lo bastante de nuestra propia cultura como para percibir cómo nos configura como individuos. Las culturas no se perpetúan por sí solas, y poseen debilidades que las hacen vulnerables a influencias hostiles; de estas últimas, una de las más poderosas es la guerra.

El segundo autor que abordaremos en Michael Foucault, quien teorizo más profundamente sobre la finalidad de las guerras y cómo se relacionan con el poder. Para este autor existen tres elementos indispensables el poder, el conocimiento y la violencia.

El autor afirma que el Pensamiento es histórico, en donde la verdad se construye a través de la historia y que las estructuras de poder son mediadas por el conocimiento, las cuales se van construyendo en las relaciones de poder y se van transformando, en la medida en que esas relaciones generan formas de resistencia.

Foucault invierte la famosa frase del militar prusiano Clausewitz que dice: “La guerra es la política continuada por otros medios”. Para Foucault justamente es, al contrario, la política es la guerra continuada por otros medios. El vencedor de la guerra busca seguir imponiendo al vencido el dominio que tenía durante la guerra a través de la política en periodo de paz. (Abello, I. (2003). El concepto de la guerra en Foucault).

El filósofo advierte que aun en periodo de paz, las batallas se siguen dando. La voluntad de los dominadores por mantener el dominio y la voluntad de los dominados por cambiar esas relaciones de poder, se trasladan al espacio político, lo que vuelve el conflicto mucho más complejo. Para Foucault el motor de las guerras y los conflictos son el deseo de poder y dominio.

La guerra, dice Foucault, se ha desplazado a las fronteras, indicándonos que las relaciones de fuerza a las que hace referencia son de carácter interno y, que es en el interior del Estado, pero también entre grupos e individuos donde se pueden presentar batallas. En cuanto a la noción de la guerra, esta le seguirá interesando durante un tiempo más, pero de manera especial desde un punto de vista histórico-político, porque piensa que allí puede encontrar que detrás de todas las instituciones, detrás de todas las formas de Estado y de las distintas expresiones del derecho, es posible que haya “una guerra primitiva y permanente”, y se pregunta si “Los fenómenos de antagonismo, de rivalidad, de enfrentamiento, de lucha entre individuos, grupos o clases, humanos, donde lo que se pretende es que se produzcan conductas, para gestionarlas, para conducirlas. (Abello, I. (2003). El concepto de la guerra en Foucault).

El poder no se ejerce más que sobre sujetos libres y en tanto son libres entendemos por tal, sujetos individuales o colectivos que tienen delante de ellos un campo de posibilidad o múltiples conductas, o múltiples reacciones donde diversos modos de comportamiento pueden adoptarse. (Abello, I. (2003). El concepto de la guerra en Foucault).

La guerra no es entonces la continuación de la política, ni la política la continuación de la guerra, porque en cualquiera de sus dos maneras lo que se busca es terminar con la política y con las relaciones de poder. De esta manera, el concepto de ‘guerra’ pierde su importancia para explicar la política y las luchas que se dan en su interior, y no es necesario acudir a las armas y a los campos de batalla para simbolizar esas luchas, porque los objetivos de una y de otra son totalmente distintos puesto que la guerra no puede existir sin la política, aunque sea lo que quiera destruir. En cambio, la política sí existe sin la guerra y las relaciones de poder y dominación lo que buscan es generar nuevas y diversas formas de ejercicio de la política. Finalmente, el dice que “la guerra es la ruptura del estatus social y de las normas sociales”. (Abello, I. (2003). El concepto de la guerra en Foucault).

En conclusión, diremos que la Cultura juega un papel determinante en la naturaleza de la guerra, toda vez que el individuo es determinado por un entorno el cual está conformado por creencias, normas, leyes, intereses, relaciones de poder, costumbres, valores, principios, aspectos políticos, económicos, ideológico y religiosos que determinan de alguna manera el comportamiento de los individuos e impactan en la dinámica de un pueblo, frente a una posible confrontación bélica.

Finalmente, Keegan 2016 afirma, que las sociedades civilizadas se rigen por la ley; lo que significa que están vigiladas, y la vigilancia es un medio coercitivo. En nuestra aceptación de esa vigilancia admitimos tácitamente que la naturaleza del hombre tiene un lado oscuro que ha de ser coaccionado mediante el temor a una fuerza superior y el castigo es la sanción contra quienes no se someten a la constricción, siendo la fuerza superior su instrumento. Sin embargo, pese a este potencial de violencia, poseemos también la capacidad de limitar sus efectos sin que haya una fuerza superior que nos impida lo peor de que somos capaces.

 

TC(RA) Faiver Coronado Camero

Docente DEEST ESDEG.

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Referencias

Abello, I. (2003). El concepto de la guerra en Foucault. Revista de estudios sociales, (14), 71-75.

Bello, E. (2006). El concepto de tolerancia, de Tomás Moro a Voltaire. Res publica.

Carmona, E. E. (2009). Revisión bibliográfica. Gaceta Médica Espirituana, 11(2), 2.

Carracedo, J. R. (2006). Rousseau y Kant: una relación proteica. Revista de estudios políticos, (133), 9-37.

Eribon, D., & Ackerman, V. (1995). Michel Foucault y sus contemporáneos. Ediciones Nueva Visión.

Keegan, J. (2016). Historia de la guerra. Turner.

Keegan, J. (2013). El rostro de la batalla. Turner.

Padilla, F. D. (1980). El concepto de hombre en Nicolás Maquiavelo. El Basilisco: Revista de materialismo filosófico, (10), 51-60.

Román, J. M. S. (2013). Acerca del concepto de naturaleza en Thomas Hobbes: derecho natural y ley natural en El Leviatán. Espíritu: cuadernos del Instituto Filosófico de Balmesiana, 62(145), 95-123.

Ricoeur, P. (2014). Ser, esencia y sustancia en Platón y Aristóteles. Siglo XXI Editores México.

 

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