LA JEP Y LA ONU: DEL ELEFANTE BLANCO AL “BOONDOGGLE”

Ambos vocablos denotan inoperancia e ineficiencia; Elefante Blanco y Boondoggle son palabras comunes, en castellano e inglés, para describir una actividad o proyecto financiado con recursos públicos, que es un desperdicio absoluto de tiempo y dinero, con cero resultados esperados.

El acto legislativo N° 1 de 2017, dentro del espúreo proceso de paz FARC – SANTOS, ilegitimamente adelantado por el gobierno de entonces con ese grupo terrorista, se formaliza constitucionalmente la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), cuyo acuerdo desarrollaba un modelo que apuntaba al cierre del centenario conflicto armado colombiano, involucrando a todos los actores de aquel conflicto, pero que se convirtió en un Tribunal improductivo y despilfarrador, cuya misión se encaminó a amnistiar lo que no es posible amnistiar: los delitos de lesa humanidad, pero solo aquellos provenientes del bloque de la guerrilla terrorista.

Más allá de lo inútil e inoperante en términos de mínima eficiencia judicial (4 sentencias, pero solo una en firme), lo que ha sido un hecho notorio y vergonzoso, sesgado ideológicamente hacia la izquierda radical y hacia los criminales de guerra, lo que impacta sobremanera es la abultada estadística del costo que el Erario ha soportado:

Una entidad que cuenta con 1.456 burócratas de planta y 1.218 contratistas, solo este año se engulló más de 470 mil millones de pesos para gastos de personal, sin perjuicio de los más de 75 viajes internacionales a París, Ginebra, Amsterdan, Chicago, Barcelona, Sevilla, etc., etc; viajes sin ningún propósito ni agenda en beneficio misional del Tribunal; viajes de turismo, participación política progresista y viáticos, sencillamente. Los gastos de arrendamiento del inmueble principal dónde funciona este Tribunal, supera en 600% el costo de la construcción total de dicho inmueble; una verguenza y un derroche arrogante de recursos públicos.

Afortunadamente, este Dinosaurio debe desaparecer e ingresar al sistema de justicia transicional a cargo de la jurisdicción ordinaria, a partir de 2028, de dónde nunca debió salir, de conformidad con un proyecto de la bancada de Salvación Nacional, con un recorte presupuestal de 170 mil millones para 2027.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), con 193 Estados Miembros y fundada en 1945, después de la barbarie de la segunda guerra mundial aupada por el Nazismo, es la mayor organización internacional que existe. Su misión fundacional es la cooperación entre naciones para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional, la defensa de los derechos humanos, brindar ayuda humanitaria y promover el desarrollo sostenible.

La ONU funcionó este año con 3.450 millones de dólares, de los cuales 6.3 millones de dólares fue la contribución colombiana; esto es, un poco más de 20 mil millones de pesos de hoy, que hubiesen sumado al gasto del terremoto.

A lo largo de los últimos 25 años, la ONU ha sido acampadero de dictadores, criminales de guerra y violadores del DIH; burócratas desprendidos de la geopolítica mundial y romantizados con el marxismo de los derechos humanos para los victimarios, pero no para las víctimas y, últimamente, voceros defensores del presupuesto alucinante de la JEP.

Su misión y principios fundacionales han quedado enredados en una costosa e intrascendente “diplomacia progre de caviar y champán”.

En ese orden de ideas, es ahora entendible o coherente que hace apenas una semana en el marco de su Asamblea General, la delegación de la satrapía de Irán, en cabeza de su presidente Masoud Pezeshkian y su Ministro de Asuntos Exteriores, Abás Araqchi, responsables de miles de homicidios represivos contra la población civil que ha protestado en las calles de Teherán cada día de este año, tengan espacio y atención diplomática en la ONU, como antes lo tuvieron Fidel Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Muamar el Gadafi o Ahmadinejad.

A contrario sensu, Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, en su alocución ante la Asamblea General debió sufrir y padecer el desdén y el vacío de muchos miembros asistentes; sin embargo, sus palabras lo describen todo: ”Proporcionamos a los británicos información sobre un inminente ataque respaldado por Irán y, casi al día siguiente, nos impusieron sanciones. Rendirse ante la coalición islamista – marxista es extremadamente peligroso para el futuro de Occidente”.

Notable, finalmente, el discurso de nuestro vicepresidente José Manuel Restrepo ante la Asamblea General; esperanzador, motivador y optimista, aunque no exento de diferencias ideológicas y procedimentales, que amerita revisar.

 

 Luis Eduardo Brochet Pineda

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