LA PAZ EN COLOMBIA DEBE SER PRIORIDAD

Después de escuchar el conmovedor discurso de Íngrid Betancourt en el evento de reconocimiento de responsabilidades de secuestro por parte de las FARC, es irreprochable no hacer un alto en el camino y volver a poner como prioridad sobre la agenda del país, la paz. Frases tan triviales como “nunca más una posición ideológica o política puede costar una vida” deben resonar en la cabeza de todos los colombianos, porque, aunque es cierto que ya no estamos en la misma guerra de hace 50 años, no hace más de un mes, estábamos matándonos entre compatriotas por un desacuerdo con el estado y ¿Cuántos muertos dejaron esos enfrentamientos? Los suficientes para volver a hacer un alto, porque mientras siga existiendo una víctima de violencia en Colombia, sean un joven, un policía, una mujer, un niño, quien quiera que pueda ser; es la razón para seguir luchando porque vivamos en paz.

Y este no debería ser un tema para conversar desde posturas políticamente correctas, es resignificar a las víctimas, que son seres humanos llenos de dolor, con pasado, pero con esperanzas de un futuro mejor. Y aunque ellas no están buscando ningún tipo de reconocimiento por lo que les tocó afrontar, si como lo decía la misma ex candidata presidencial, se trata de devolverles a todas las víctimas por medio del perdón, la verdad y apoyo de todo el país, un apoyo solidario que demuestre que este proceso para alcanzar la paz, realmente vale la pena.

Además, me pareció valiente e impecable el tono del reclamo de una mujer que demoró secuestrada seis años, cuatro meses y nueve días. Lograr mirar a la cara a sus victimarios y preguntarles por primera vez después de tantos años “¿Cómo van a reparar a las víctimas? ¿Dónde están los recursos del narcotráfico acumulados en los años de guerra? es bastante admirable, y como también aclaró “que la memoria no nos incite a la venganza, sino que sea una memoria grande que nos ayude a comprender la tragedia”

Porque parece poco significativo para algunos o cosas del pasado, pero los jóvenes que gracias a la historia hemos podido disfrutar de una Colombia un poco más segura, porque poco a poco fue desapareciendo el flagelo del secuestro, igual necesitamos conocer esa barbarie. Por eso cuando Betancourt dijo “Debo confesarles que me sorprende que nosotros de este lado estemos todos llorando, y que del otro lado no haya habido una sola lágrima” realmente me conmovió, porque en general le hemos dejado el sufrimiento solo a las victimas y hoy en día queremos pasar página como si se tratara de hacer borrón y cuenta nueva, cuando lo realmente correcto sería empezar a reparar esa ruptura que dejó el pasado violento y a partir de ahí si crear una sociedad más fuerte.

Es que incluso, es necesario mirar atrás y ver que para bien o para mal los que han estado en ciertos cargos de poder lograron un acuerdo que costó años de trabajo y no podemos destruirlo como si no valiese la pena soñar que aun las futuras generaciones pueden vivir en un país incluso mejor, lleno de seguridad y con mayores oportunidades, porque la violencia y la corrupción solo está atrasando el desarrollo del futuro prospero de las juventudes.

No obstante, para nadie es un secreto que muy pronto llegarán nuevas elecciones y si bien la paz es un trabajo mancomunado que lidera el estado, como ciudadanos debemos ser veedores de que estos procesos se estén generando, que las víctimas están siendo escuchadas verdaderamente y reparadas; que los nuevos líderes que van a llegar asumir posiciones privilegiadas en cargos decisivos de nuestras regiones puedan tener en su radar y planes de gobiernos acciones que minimicen escenarios que generen violencia y sedimenten con fuerza absoluta territorios de paz.

Daniela Pulido

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