¡LA UNIÓN HACE LA FUERZA!

La Guajira se ha convertido en una guerra de todos contra todos. Tras más de un año de pandemia donde muchos seres queridos perdieron la batalla, la estructura social retrocedió casi 10 años en el indicador de pobreza y la economía no despega, el departamento está sumido en innumerables conflictos y señalamientos entre ciudadanos, comunidades indígenas, empresas privadas y líderes políticos. Cuando más necesitábamos unión y articulación, hoy estamos lejos de lograrlo.

A principios de 2020, los vientos empezaban a soplar a favor del departamento con estabilidad institucional, una reforma al Sistema General de Regalías que incrementa las asignaciones directas al territorio y una revolución de proyectos eólicos que posicionan a La Guajira como el único departamento del país que está presente, prácticamente, en toda la matriz energética nacional. Esta realidad sitúa a La Guajira en un lugar privilegiado para impulsar la economía local y nacional en los próximos años, no obstante, hoy todo esto está en veremos. 

Se está repitiendo en la gobernación y Manaure la pesadilla de los encargos y la incertidumbre de las elecciones atípicas  que tanto daño nos han hecho en los últimos años, sumado a esto, en Villanueva y Albania se encuentran en el proceso de revocatoria de mandato de sus alcaldes, y hoy no se sabe que puede suceder.

Las empresas privadas enfrentan bloqueos y señalamientos que han dificultado la puesta en marcha de sus proyectos. El sector privado en el departamento tiene el reto de lograr la licencia social para operar en un territorio con unos desafíos sociales históricos que requieren de aprendizaje y perseverancia, pero que desafortunadamente no se han logrado los acuerdos con las comunidades.

Es apenas lógico y sano que existan diferencias entre los actores territoriales, pero es urgente que se reconozcan y se logre un entendimiento frente a las mismas. Los líderes quieren proteger sus comunidades, las empresas quieren operar y posicionarse como aliados para el desarrollo del departamento y los gobernantes quieren sacar adelante sus planes de desarrollo, pero en un ambiente de conflicto y hostilidad será difícil que alguno lo logre.  

La Guajira no puede seguir profundizando en los conflictos ni en la demagogia de las redes sociales y medios de comunicación generando mayores desencuentros. Es urgente  una unión de fuerzas entre el departamento y la Nación, pero también entre otros actores importantes como el sector privado, las comunidades y las agencias de cooperación internacional presentes en el territorio con el objetivo de concretar estrategias de desarrollo que permitan enfilar recursos para unos pocos, pero impactantes proyectos que se conviertan en bastones de desarrollo y de diversificación económica de los 15 municipios del departamento.

Es hora de emprender y acoger causas locales, proyectos y movimientos cívicos que apunten al interés colectivo. Debemos impulsar sentido de pertenencia para el desarrollo del departamento y la recuperación de la reputación mediante el entendimiento de las diferentes visiones materializas en iniciativas que generen el resurgimiento de La Guajira.

 

Luis Guillermo Baquero

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