MI AMIGO JUDAS

¿Quién quiere tener un amigo traidor, hipócrita, avaro y codicioso? Nadie. Estos adjetivos describen a Judas, uno de los doce discípulos de Jesús, quien parece ser el más conocido en este tiempo; frases como: “No te enojes con los Judas, ellos se ahorcan solos”, o “Aprende a sentarte a la mesa con Judas sin que te robe la paz”, se han convertido en dichos muy populares, más cuando el mundo está invadido por ellos, es muy difícil confiar en alguien, la traición es tan inherente a la vida que creemos que no tenemos más opción, sino la de acostumbrarnos a convivir con ellos, o más bien, a cuidarnos de ellos.

En Mateo 26:14, podemos leer cómo Judas vende su fidelidad a Jesús por 30 monedas de plata, su actitud nos hace compararla con muchos de los que nosotros llamamos amigos; nos duele, nos molesta, nos indigna, sentimos desprecio y sin duda no queremos tenerlos en nuestras vidas, lo que a decir verdad sería una reacción normal, cotidiana, porque nadie quiere que una amistad sincera sea correspondida de esa manera tan baja; sin embargo es sorprendente que, Jesús conocía que sería traicionado por él, pero no lo apartó, al igual que con los otros once discípulos se sentó a comer la cena de La Pascua (Mateo 26:20-24).

Qué maravilloso ejemplo nos da Jesús, pese a que Las Escrituras no nos dicen si sintió dolor, posiblemente sí lo haya sentido; pero no vemos en Jesús molestia, indignación, resentimiento o desprecio; no murmuró, ni endureció su corazón como probablemente lo haría cualquier persona que sabe será traicionada. Esto es lo más extraordinario, nosotros nos basamos en simples sospechas, en cambio Jesús tenía la certeza de esa acción futura. Así que el hecho de que, eventualmente podamos sentarnos a la mesa con Judas, va más allá de una paz fingida, debemos seguir el ejemplo que nos da Jesús y procurar que nuestra paz sea genuina, finalmente, los Judas, cumplen un propósito en nuestras vidas, si no era él, sería otro, pero había una palabra que debía cumplirse y era que Jesús iba a morir.

La muerte de Jesús, es el acto de amor más grande que se haya hecho para salvar la humanidad, fue el medio usado por Dios para exonerarnos del pecado y restaurar nuestra relación con Él, aunque suene irracional, la traición de Judas influyó y gracias a aquel traidor, el plan perfecto de Dios se cumplió, vemos claramente la soberanía divina y el libre albedrío, esto es la voluntad del hombre, trabajando juntos para un propósito, nada impediría la culminación del plan de Dios para nuestra salvación y, aquella decisión detestable, encajaba perfectamente con ese plan.

¿Qué motivó a Judas a traicionar la amistad de Jesús? Seguramente anhelaba una posición importante en el nuevo gobierno del Maestro, pero cuando se dio cuenta que el reino de Jesús no era físico, sino espiritual y que seguirlo no lo iba a hacer ganar ningún estatus en la tierra, su codicia se vio lastimada y como lo que quería era dinero, acordó la traición (Mateo 26:14-16)

La pregunta ahora es: ¿Por qué sigo a Jesús, acaso busco una posición, una recompensa o una dádiva? Y una pregunta más interesante ¿Seré yo un Judas más? Meditemos en estas mismas preguntas respecto de la relación que tenemos no solo con nuestros amigos, sino con nuestros familiares, compañeros de trabajo, compañeros de estudios, vecinos o solo conocidos.

Debemos guardar nuestro corazón y no caer en la codicia, no seguir a Jesús solo para ser bendecidos, pues Dios nos ha llamado por encima de nuestros pecados y ese debe ser nuestro motivo para ser agradecidos. Entregó a su hijo, así que la deuda es nuestra, no estemos a la expectativa de ser recompensados, la salvación es más que suficiente. Así mismo con nuestros amigos, entregarnos sin condición, ni interés, sin buscar una posición o un favor y, si alguien lo hace con nosotros, asumir la posición de amor que tuvo Jesús, quien conociendo su carácter no solo no lo menospreció, sino que lo llamó a ser su discípulo, a andar con él y todavía en el mismo acto de la traición, no dejó de considerarlo su amigo:

“Y Jesús le dijo: Amigo, haz lo que viniste a hacer. Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron” Mateo 26:50

Cuando Judas tuvo conocimiento que Jesús fue condenado a muerte, sintió remordimiento y quiso devolver las 30 monedas de plata a los fariseos sacerdotes, pero estos no las recibieron, por tanto, arrojó el dinero en el santuario y se ahorcó. Esto nos muestra otra parte importante de esta historia y es que el remordimiento nos hace tomar muy malas decisiones, si Judas se hubiera arrepentido de corazón bien pudo acercarse a Jesús donde encontraría perdón y probablemente su fin habría sido distinto, no se hubiera convertido en la muy mala excusa para odiar a los traidores. Jesús no lo hizo y, estando llamados a ser como él, lo más cristiano que podemos hacer es no hacerlo nosotros y es que más que cuidarnos de los Judas, mejor es procurar no ser uno.

Recuerdo a Linda, una joven que trabajaba en el único centro de salud del pueblo, siempre daba lo mejor de ella, su trabajo era impecable, aunque a veces cometía errores, estos eran mínimos y no tardaba en corregirlos, siempre se sometía a la autoridad de su superior inmediato, jamás contradijo una orden y, aunque muchas veces no estaba de acuerdo, con respeto lo manifestaba, pero finalmente no se oponía a las decisiones de su jefe.

Como compañera, era feliz dándole detalles a sus compañeros, cuando alguno cumplía años, recogía la cuota del festejo y siempre encontraba algún motivo para celebrar, suavizando el ambiente tenso generado por la carga laboral que tenían todos.

Recuerdo una época cuando su jefe enfermó y luego de varios días retomó las labores, qué gran sorpresa, Linda había decorado su oficina para la gran bienvenida, nunca tuvo en cuenta las humillaciones y sátiras que recibía constantemente.

¿Cuán fue el pago? El jefe de Linda, movió piezas hasta que finalmente nombró a otra persona en su cargo, diciéndole a los superiores, que Linda había abandonado su lugar de trabajo. No pasó ni un mes cuando se descubrió que esto no era cierto y que su jefe lo había maquinado todo. Desorden, atraso y queja de los usuarios, llevaron al jefe de Linda a llamarla para que retomara su antigua labor, pero nada cambió, volvieron los malos tratos; El Jefe sembró división entre Linda y sus compañeros de trabajo, poniendo en contra los unos con los otros, Linda no soportó la presión y terminó renunciando, pero antes pidió perdón a sus compañeros por el mal ambiente, escena donde se descubrió la cizaña sembrada por el propio jefe, palabras que nunca se dijeron y que sorprendieron a los empleados, nadie dijo nada, finalmente todos eran subalternos. Nunca se supo las motivaciones de aquel jefe para crear contienda dentro de su equipo de trabajo, pero Linda, aunque dolida, se fue sin rencor en su corazón y siempre que va al pueblo pasa por el centro de salud a saludar a sus viejos compañeros.

Amemos a Judas, porque ellos cumplen un propósito, tengamos misericordia de Judas, porque qué aterrador fin les espera a los traidores.

 

Oración: Señor, me he pasado la vida criticando, cuidándome y resintiéndome de los Judas y hoy creo que tal vez yo sea Judas, por eso te pido perdón, limpia mi corazón de la avaricia, la codicia, los celos o la envidia, guárdame de tener relaciones basadas en intereses egoístas y de traicionar a mis amigos, familiares, compañeros de trabajo, compañeros de estudios, autoridades o cualquier persona. Si ves malas intenciones ocultas en mí, muéstramelas y cámbialas por motivaciones nobles, sinceras, fieles, amables para darle a los demás una amistad verdadera, así como tú me la has dado a mí. También te pido que me ayudes a perdonar a quienes me han traicionado, soy un ser humano con sentimientos y me he sentido herido(a) por lo que me hizo (menciona las personas y lo que te hicieron), hoy renuncio a sentimientos de dolor, rencor, resentimiento, odio, falta de perdón y deseos de venganza, confío que tú los reemplazas por perdón y amor, dame la fortaleza y la fe para que eso ocurra pronto. También traicioné y herí (menciona a las personas y lo que les hiciste), sana sus corazones y dame el valor para acercarme y pedirles perdón, de esa manera restaurar la relación. Enséñame a confiar y amar a mi prójimo, así como Jesús lo hizo, independientemente de quienes sean los demás, a dar siempre lo mejor de mí, aunque yo no reciba lo mismo, te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

 

Jennifer Paola Caicedo Cantillo

 

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6 comentarios de “MI AMIGO JUDAS

  1. Alvaro gomez dice:

    Excelente reflexión, y si todos en algún momento hemos llegado a ciertas situaciones pero lo importante es no reincidir avanzar y ser mejor persona

  2. Nimia iguaran dice:

    Hermosa reflexión, muchas veces se nos hace fácil criticar y muy difícil examinar quienes somos en verdad o peor aun nos llevamos de supuestos y dejamos q el resentimiento entre en nuestros corazones por cosas q solo están en nuestra cabeza y damos por echo.

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