Después de estas cosas, cuando el furor del rey Asuero se había aplacado, él se acordó de Vasti, de lo que ella había hecho y de lo que se había decretado contra ella. Entonces los cortesanos al servicio del rey, dijeron: «Busquen para el rey muchachas vírgenes y de buen parecer. Ester 2:1-2
Recapitulando un poco acerca de esta historia, Vasti quien era la reina de Persia fue destituida por haber desobedecido una orden del rey. ¿Cuál fue el error de Vasti? Se creyó insustituible, probablemente pensó que su actuar no afectaría su posición, tal vez creyó que su investidura era suficiente para sostener su lugar. Asumió que su corona garantizaba su permanencia. Que su rol era inamovible. Y que nadie podría ocupar su lugar.
Sin embargo, la historia demuestra lo contrario, cuando ella salió del palacio, otra mujer —Ester— fue levantada para cumplir un propósito mucho mayor.
Como Vasti muchos de nosotros caemos en la trampa del ego, creemos que somos imprescindibles y nos aferramos tanto a esa idea, que olvidamos que el mundo sigue su curso aun en nuestra ausencia. No porque no hayamos sido valiosos, sino porque nunca fuimos indispensables.
La biblia enseña que el único ser irremplazable es Dios (Isaias 46:9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro), solo Él es eterno, soberano y necesario. No obstante, los seres humanos podemos ser sustituidos en cualquiera de nuestras funciones. Somos instrumentos temporales dentro de sus planes. Podemos ser usados poderosamente… pero también podemos ser reemplazados si no caminamos en obediencia y humildad.
Estos versos nos recuerdan que debemos tener los pies sobre la tierra, mantenernos humildes, porque, aunque sintamos que nuestra labor es única, lo que hacemos fácilmente puede ser continuado por otra persona, incluso en el trabajo para Dios… como le sucedió al rey Saúl (1 Samuel 15), quien tuvo en sus manos la grandeza, el favor y la oportunidad de guiar a su pueblo, pero permitió que la soberbia y la desobediencia gobernaran su corazón, hasta llegar a ser desechado.
Esto no debe producir temor, sino conciencia y responsabilidad. Nos invita a dar lo mejor en cada etapa, en cada asignación y en cada lugar donde se nos permita servir. Porque el tiempo en cada lugar es limitado, pero el impacto que dejemos puede ser eterno.
Por qué, la vida es cíclica, hay tiempos de empezar y tiempos de cerrar procesos; tiempos de ser llamados y tiempos de ser relevados. Pero en todos ellos debemos caminar con gratitud, obediencia y sencillez de corazón.
Entendiendo que, nuestra verdadera identidad no radica en el cargo que ocupamos, el título que llevamos, la función que desempeñamos o el reconocimiento que recibimos, sino en el lugar que tenemos en el corazón y los planes de Dios. Es allí donde encontramos descanso, en saber que, aunque no somos indispensables para el mundo, sí somos profundamente amados por aquel que nos creó.

