NUEVA VERSION DE LA POLARIZACION

Las recientes y recurrentes afirmaciones de que el uribismo fue derrotado en la primera vuelta genera dudas, y por ende deja en entredicho que una de sus consecuencias más notables: la desaparición de la polarización, sea cierta. La apreciación empírica, lo observado en las calles y en las opiniones espontaneas surgidas de la coexistencia diaria alimentan ese recelo. Ese sector político, a pesar de las despectivas y calculadas declaraciones del Ingeniero Hernández, motivadas por la adhesión incondicional; demuestra que tiene más vidas que un gato, está resucitando con el rabo entre las piernas. El odio a Petro, constriñe a esa fuerza a camuflarse en la trastienda de la campaña del viejito. Lo paradójico es que estas falanges se notan retadoras y dispuestas inclusive a apostar sumas de dinero a favor del triunfo del impredecible candidato senil. Es inocultable el entusiasmo de la vieja derecha. Los militantes del Centro Democrático fungen como los más mordaces prosélitos del anciano. Las camorras impulsadas radicalmente por esa fracción que, se suscitan ferozmente en las redes, mantienen el mismo tono altisonante, la carga de agresividad no ha transigido.

Por lo tanto y como corolario de lo anterior, la primera vuelta nos deja enfrente de un nuevo escenario, en el que la polarización se expresa una vez rebasado el antiguo antagonismo:  Uribismo-Petrismo, bajo modalidades inéditas: ahora vivimos el del Rodolfismo, Uribismo- Petrismo, sin el protagonismo de Uribe, quien estratégica y taimadamente ha permanecido en silencio. Pero el uribismo cerril mantiene intacta su predisposición, y es capaz de entregarle su alma al Diablo con tal de frenar a Petro. Subsisten las barras bravas de los dos sectores políticos, los unos defendiendo a capa y espada al viejo país y los de acá luchando por una nueva sociedad. Una de las distinciones es que el octogenario demagogo constructor santandereano es más provocador e intemperante que el Mesías decadente. Representa una nueva versión de mano dura y populista. Hernández apela, igual que Uribe a un voto emocional, basado en los juegos facilistas y engañosos del lenguaje. Recordemos el sartal de monumentales falsedades a las que se apeló para estimular emociones y sensibilidades a favor del NO en el Plebiscito. Las afinidades no son casuales.

La estrenada versión polarizante se escuda al amparo de la figura de un nuevo Vengador, un Super-Hombre que por sí solo va a resolver las inmensas dificultades. El ámbito ideológico de esos electores requiere encontrar, y ampararse en figuras providenciales en las que fincan la esperanza de una solución mágica a nuestros problemas. Las soluciones superficiales, presuntuosas e igualmente fantásticas propuestas por el nuevo Mesías son concomitantes. Reveladores de vacíos de autoridad. El vacío de la figura paterna, lo cual se resuelve apelando a ese tipo de personalidades. No es casualidad que, el voto por el Ingeniero coincida sustancialmente con el de las zonas tradicionalmente uribistas, zonas rurales, áreas con fuerte incidencia del patriarcalismo, donde predomina una notable vocación conservadora. Igualmente son notorios, enérgicos lazos con iglesias evangélicas. El excesivo conservadurismo colombiano en el que el miedo a las FARC ha sido determinante ha forjado una ciudadanía reaccionaria, renuente a los cambios. Sobresalen semejanzas con el perfil del votante de Trump en Estados Unidos. En oposición, el voto petrista es un voto urbano, quizás, más y mejor informado, tal como lo es el voto demócrata en la potencia del Norte.

Las anteriores razones explican igualmente los contrastes en las simpatías o adscripciones en lo referente a versiones contrastadas de cambio, surgidas de los abrumadores resultados electorales arrojados en la primera vuelta. Aunque en ocasiones se entrelazan. Estamos abocados a dos versiones del cambio, dos modelos de sociedad, dos modelos de candidatos, dos modelos de país. La primera versión caracterizada por la inmediatez, la frivolidad y cuya respuesta está fundada en acabar en un santiamén con la corrupción que nos carcome. La cual es, según ellos, la matriz de nuestras desgracias. Ha supeditado a las demás dificultades. El otro modelo o la segunda versión de cambio, apunta a una trasformación sistémica, integral, en el que la corrupción es apenas una cuestión esencial, pero aleatoria. Se prioriza un modelo económico pleno de derechos, basado en una economía popular, con absoluto respeto por la naturaleza, transita por una versión moderna donde las energías limpias, renovables, tal como lo sugieren las tendencias mundiales sustituirán a los combustibles fósiles y serán vitales en la Transición Energética. Ese nuevo modelo económico garantiza educación y salud a la poblacion más vulnerable. Plantea fundamentales reformas sociales y económicas.

El viejito misógino y machista se aferra al libreto de un mantra sencillo, repetido incesantemente. Un mantra del que se han valido todos los demagogos autoritarios elegidos en el vecindario. Voto emocional que apunta a la psiquis del individuo. Basados en sencillos mensajes de Tik Tok, insustanciales, pero con un impacto enorme. Esos contenidos rápidos y fáciles son muy potentes en el mundo contemporáneo. Petro en cambio, usa y apela a un voto racional, con un lenguaje elaborado, tratando de explicar en varios minutos una propuesta, una idea. Es un voto más complejo para conquistarlo, se basa en conceptos elaborados.

Hernández, gracias a su amenaza al Estado de derecho, paradójicamente, le ha permitido a Petro posicionarse como un candidato respetuoso de la estabilidad institucional. Le está dando la confianza al establecimiento que el Ingeniero no inspira. Varios especialistas en neurología han advertido trastornos sociopaticos en la personalidad de Hernández, lo cual dé por si es sumamente neurálgico, y trasciende conductas asociadas al origen geográfico del candidato del Tik Tok. No ahondaremos en esos rasgos, ya que son terrenos del resorte de especialistas y por ende escapan a nuestra comprensión. Pero es realmente alarmante el comportamiento recurrente del anciano. Sus reiterados dislates generan excesivas inquietudes.

El ingeniero es percibido poco menos que como un potencial dictador en la Casa de Nariño. Ha dado suficientes muestras de sus veleidades autoritarias. No en balde, revistas tan prestigiosas como The Economist esbozan desasosiegos ante la probabilidad de su triunfo. Con escasas excepciones, los más sesudos economistas nacionales, a la par del grueso de la intelectualidad, ante el riesgo de un eventual gobierno de Hernández han cerrado filas alrededor de la candidatura de Gustavo Petro.

Hernández instalado cómodamente en su finca de Piedecuesta, ha definido una forma de desarrollar su proceso electoral, exponiéndola simultáneamente como una de sus fortalezas: austeridad en la campaña. A pesar de los serios cuestionamientos y sólidas evidencias de comportamientos corruptos en los que están involucrados miles de millones de pesos, intenta enviar un mensaje supuestamente ético y preñado de eficiencia en el manejo de recursos públicos. Múltiples evidencias insinúan todo lo opuesto. Hernández ha dado muestras de incorrecciones en el manejo de los recursos públicos. Además, el mismo se auto describe como un empresario: insensible, salvaje y depredador de los más débiles.

En aras de esa presumida racionalidad financiera propone, en un mundo abierto, internacionalizado, cerrar los consulados y embajadas en detrimento de las relaciones con el mundo exterior. Medida absolutamente demagógica, ya que estas sedes no representan más allá del 0.32 del Presupuesto General de la Nación. Precisamente lo que se requiere es restaurar y recuperar la política exterior, de por sí bastante malograda por Duque. Otra propuesta descabellada y que acentúa su carácter autoritario es la de decretar la Conmoción Interior para que el Congreso le apruebe a los tres días de posesionado, unas iniciativas descompensadas e improvisadas. Otra de las amenazas más prominentes del Viejito insolente.

Se anticipa que la mitad del electorado de Hernández votará engañado e ilusionado por un encantador de serpientes y la otra mitad lo hará emberracada, como es usual en las huestes uribistas. El odio, los prejuicios, los intereses clientelistas y en algunos, ciertas dosis de ignorancia motivan sus decisiones electorales. Seguimos presos del entrampamiento electoral uribista.

Un puñado de politólogos y expertos nacionales, han caído en la tentación de creer que en política dos más dos son cuatro, basados en las deducciones de la primera vuelta pronostican erradamente una clara victoria del demagogo Hernández. Las más recientes encuestas refutan esos vaticinios, apuntan a un resultado estrecho, e inclusive se aprecia una reversión de las tendencias de las estadísticas derivadas de la primera vuelta. Lo cual sugiere que las debilidades y falencias, así como los diversos disparates salidos a la luz pública refrendadores de una personalidad megalómana, e inclusive la paradoja de estar imputado seriamente y con fuertes evidencias en el proceso penal y disciplinario por corrupción, le están pasando cuenta de cobro. Con bastante probabilidad la deserción electoral de Hernández proviene de quienes depositaron su voto por él, en la primera vuelta.

Estamos ante una circunstancia inédita, primera vez que, un candidato luego de ocupar el segundo lugar en los guarismos de la primera vuelta, evade los debates. Su ausencia tiene una explicación: ignorancia supina en la gran mayoría, por no decir, la totalidad de los temas, no tiene nada que decir o aportar. Este anciano deschavetado no le tiene miedo a nada, solo teme debatir con Petro.

Mientras hacia la revisión a esta columna, la Revista Semana, no podía ser otra, saca a relucir una serie de videos en los cuales, y como es usual, salen a relucir con la crudeza habitual las intimidades de cualquier campaña, estrategias para debilitar a los opositores. Obviamente los contrincantes, y los medios afines, que son la mayoría, magnifican el contenido y el alcance de tales videos. Es muy probable, tal como lo insinúan las tendencias electorales, que esa y alguna otra estrategia mediática posterior, esté reflejando la preocupación por la ampliación de la diferencia en favor de Petro.  Como le decía el Quijote a su fiel escudero: “Ladran Sancho, Señal que cabalgamos”.

José Luis Arredondo Mejía

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